Editorial

El presente número de Enfoques se compone de cuatro artículos y dos reseñas bibliográficas.

María José Binetti, investigadora del CONICET y profesora de la Universidad de Buenos Aires, junto a Analía Vitale Rosenbrock, abordan el asunto de la educación sexual. En su artículo, explican por qué entienden que la ESI dejó de ser educación sexual e integral, así como tampoco protege a menores de potenciales abusos. Demuestran que la ESI terminó convirtiéndose en un aparato de implantación ideológica funcional a un proyecto de ingeniería política que cercena derechos fundamentales del niño.

El siguiente texto, del profesor de la Universidad Federal de Río de Janeiro Joao Ganzaroli, se refiere a un tema histórico geográfico, sobre las lejanas tierras de Anatolia, en Asia Menor, actualmente Turquía. Presenta de qué manera este sitio, que fue cuna de civilizaciones mundiales, se convirtió, gracias a su privilegiada ubicación geográfica, en un puente cultural que permitió enlazar Europa con Oriente.

Dos investigadoras de la Universidad Nacional Tres de Febrero, Daniela López y Valeria Laborda, dan continuidad al número aportando su análisis fenomenológico de los procesos de valor de mercado en la economía social y solidaria de la
Ciudad de Buenos Aires. Para ello, presentan un estudio de caso relevado en
la cooperativa COLSOL entre 2017 y 2020.

Finalmente, el profesor David Quiroz, de la Universidad Nacional de Hurlingham, aborda el pensamiento de Hamann en cuanto al aspecto de su crítica a Kant respecto de las nociones de razón pura, libertad y emancipación.

Fernando Aranda Fraga

Rector

Mag. Horacio Rizzo

Vicerrector académico

Mag. Carlos Marí

Vicerrector económico

CP Marcelo Sapia

Vicerrector de investigación
y desarrollo

Dr. Rafael Paredes

Secretaria general

Mag. Nilde Mayer de Luz

Secretaria de Extensión

Mag. Patricia Müller

Decano de la Facultad
de Ciencias de la Salud

Dr. Daniel Heissemberg

Decana de la Facultad
de Ciencias Económicas
y de la Administración

Mag. Gisela Müller

Decana de la Facultad
de Humanidades, Educación
y Ciencias Sociales

Dra. Vanina Lavooy

Decano de la Facultad
de Teología

Dr. Karl G. Boskamp Ulloa

Director de la Escuela
de Graduados

Dr. Fernando Aranda Fraga

Autoridades UAP

Contenidos

Editorial i

Artículos

1. La revolución sexopolítica en las aulas: el wokismo
y la Educación Sexual Integral en Argentina,
por María J. Binetti y Analía Vitale Rosenbrock 1

2. Arte na Ásia Menor: a Anatólia espera pelo seu Max Uhle,
por João Vicente Ganzarolli de Oliveira 33

3. Procesos de atribución de valor en el mercado de la economía
social y solidaria: un abordaje fenomenológico,
por Daniela Griselda López y Valeria Laborda 51

4. Las críticas de Johann Georg Hamann al movimiento de Ilustración
y a las nociones kantianas de razón, emancipación y libertad,
por David E. Quiroz 81

Recensiones bibliográficas

Boidi, Rubén José. Remuneración, carrera docente e incentivos
en la universidad privada. Una tríada poderosa para alinear
preferencias entre la universidad y sus docentes.

Buenos Aires: Editorial Consejo Profesional de Ciencias
Económicas de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 2022,
por Fernando Aranda Fraga 99

Ramos, Oscar A. Universidad emprendedora e ideologías. Estudio
de caso de la carrera de Medicina de la Universidad Adventista del Plata
.
Buenos Aires: Recursos Editoriales, 2021,
por Fernando Aranda Fraga 103

Artículos

1. La revolución sexopolítica en las aulas:
el wokismo y la Educación Sexual Integral
en Argentina

The sex-political revolution in the classroom: Wokism
and Comprehensive Sexual Education
in Argentina

A revolução sexopolítica nas salas
de aula: o wokismo e a Educação Sexual Abrangente
na Argentina

María J. Binetti

CONICET - IIEGE/UBA

mjbinetti@gmail.com

Analía Vitale Rosenbrock

Universidad Kwansei Gakuin

av2206@gmail.com

Recibido: 18 de agosto de 2025
Aceptado: 2 de enero de 2026

Doi:

Resumen

Este artículo busca explicar por qué la Educación Sexual Integral dejó de ser educación, sexual e integral, y cómo, lejos de promover la salud, la profilaxis, el bienestar o la dignidad personal, tampoco protege a los menores de potenciales abusos. La Educación Sexual Integral se ha convertido en un aparato de implantación ideológica funcional a un proyecto de ingeniería política, que vulnera la integridad de los niños, acorrala a los adultos y cercena derechos fundamentales. Mostrar cómo llegamos a esto es el objetivo de estas páginas.

Palabras claves

Género — Identidad de género — Autopercepción — Posmodernidad — Subjetivismo

Abstract

This article aims to explain why Comprehensive Sexuality Education is no longer comprehensive education of sexuality, and how, far from promoting health, prevention, well-being, or personal dignity, it also fails to protect minors from potential abuse. Comprehensive Sexuality education has become an ideological implantation apparatus functional to a political engineering project, which violates the integrity of children, corners adults, and curtails fundamental rights. The objective of these pages is to show how we got to this point.

Keywords

Gender — Gender identity — Self-perception — Postmodernism — Subjectivism

Resumo

Este artigo busca explicar por que a Educação Sexual Abrangente não é mais uma educação sexual abrangente e como, longe de promover saúde, prevenção, bem-estar ou dignidade pessoal, ela também falha em proteger menores de possíveis abusos.
A Educação Sexual Abrangente tornou-se um aparelho ideologicamente implantado funcional a um projeto de engenharia política, que viola a integridade das crianças, acua os adultos e restringe os direitos fundamentais. O objetivo destas páginas é mostrar como chegámos a este ponto.

Palavras-chave

Gênero — Identidade de gênero — Autopercepção — Pós-modernismo — Subjetivismo

Introducción

Las grandes culturas florecen a partir de grandes ideales humanistas. Pensemos, por ejemplo, en la paideia griega, la humanitas romana, la
cultura cristiana o la Bildung romántica. En la actualidad, en cambio,
la cultura mainstream expresa un ideal sexopolítico que ha tallado al sujeto posmoderno. La posmodernidad sexopolítica enseña a emanciparse del opresor capitalista y colonial mediante la espontaneidad libidinal.
El ideal humano —o mejor, poshumano— contemporáneo constituye subjetivismo posverdad, que ha vencido el relato colonial y eurocéntrico de los valores humanistas y los principios universales.

En este contexto, la Educación Sexual Integral, conocida como ESI, ingresó en la órbita de la revolución sexopolítica y fue instrumentalizada por los mecanismos de control político como una pieza fundamental de la ingeniería social y económica posmoderna.1 La educación sexual pensada originalmente para garantizar la salud y la dignidad esencial en el marco de una concepción integral de la persona humana, fue entonces convertida en un “macabro experimento de ideologización”2 en detrimento del desarrollo humano.

El objetivo de las siguientes páginas consiste en mostrar por qué la Educación Sexual Integral no es hoy educación, sino adoctrinamiento e ingeniería social; tampoco es sexual, sino basada en el género y los géneros; y tampoco es integral, sino desintegradora de la unidad biopsicosocial y espiritual de la persona. La implantación de esta maquinaria de control y producción social cuenta con recursos ideológicos —la posmodernidad woke—, normativos o paranormativos —la Ley de Identidad de Género, los Principios de Yogyakarta o el Programa Nacional de Educación Sexual Integral— y curriculares basados en narrativas identitarias y agendas globalistas. De este modo, el Estado se entromete en la vida privada y la autoridad parental a fin de legislar sobre deseos y representaciones individuales.

Dividiremos este trabajo en dos grandes partes. La primera reconstruirá la historia conceptual de la revolución sexopolítica, sus herederos posmodernos y el wokismo como consumación de su proyecto social.
La segunda parte expondrá la penetración del wokismo en el sistema educativo argentino a través del Programa de Educación Sexual, sus contenidos curriculares y demás recursos institucionales, normativos, discursivos o gremiales.

La consumación woke de la revolución
sexopolítica

Bajo el nombre de wokismo se ha divulgado un amplio espectro de fenómenos culturales caracterizados por la primacía de imaginarios privados e interpretaciones culturales en el vacío de lo real. Podríamos definirlo como una suerte de neotribalismo identitario que pretende basar el orden público y jurídico en autopercepciones subjetivas y constructos sociales. Las identificaciones subjetivas son tantas cuantas puedan imaginarse e inscribirse culturalmente. A saber, identidades LGBTIQ+, proletarias, negras, raras, crip, queer, marrones, indígenas, discapacitadas, migrantes, asalariadas, refugiadas, tullidas, gordas, enanas, mutantes, híbridas, desestabilizadas, abyectas, de la diáspora, neurodiversas, cíborg, xenosexuales, ecoidentidades, etc. Lo común a todas ellas es ser víctimas de la élite cis-hetero-capitalista, patriarcal, racista, colonial, eurocéntrica, neoliberal, extractivista, globalista, capacitista, especista, etc., lo cual obliga a estas identidades a conformar diversos colectivos de interés y presión por género, clase, etnia, raza, peso, especie, capacidades, a fin de enfrentarse con aquellas.

No hablamos aquí de grupos minoritarios históricamente excluidos o discriminados que reclaman ser reconocidos en su diferencia dentro de lo humano universal, tal cual es la perspectiva universalista de los derechos humanos. Por el contrario, el reclamo woke desmiente cualquier idea de universalidad por considerarla una maniobra de control del régimen opresor. Para estas colectividades, solo cuenta la identidad subjetiva, interseccionada en cada caso por múltiples variables socioculturales como la raza, el género, la especie, la clase, la etnia.

De todas las posibles identificaciones subjetivas, la mejor posicionada en el ranking sociocultural es sin duda la identidad de género: una vivencia íntima que ha alcanzado la autocertificación pública a título de sexo. En efecto, en el lugar del sexo legal hoy son registradas autopercepciones de género masculinas, femeninas o no binarias, incluso el género no especificado, indeterminado, neutro, etc. Ningún otro elemento de la identidad legal —filiación, nacionalidad, edad, estado civil, domicilio, etc.—, supuestamente indisponible, ha logrado el derecho de autocertificarse por percepción privada como el sexo o el género asignado al nacer y libremente reasignado por el individuo.

El éxito del wokismo como paradigma cultural nos obliga a preguntarnos por su origen histórico e ideológico, respecto de lo cual respondemos que el wokismo es el último destilado de la posmodernidad, aquella ideología que deconstruyó y sustituyó los grandes metarrelatos modernos por micronarraciones, ficciones, simulaciones y simulacros sin original ni copia. Los grandes relatos modernos incluyen la razón, la ciencia, la verdad, la universalidad de los valores, la persona humana, la objetividad del conocimiento, los derechos humanos, las instituciones democráticas, así como también el sexo binario. La posmodernidad procedió a deconstruir tales relatos coloniales y opresores, y a sustituirlos por microrrelatos moleculares y rizomáticos, socioculturalmente construidos.

Ahora bien, el socioconstructivismo posmoderno es heredero de la ideología marxista, en concreto, un derivado del materialismo histórico y la teoría marxista de la ideología, según los cuales el aparato cultural de una época refleja las relaciones materiales de producción.3 Así asumido, el pensamiento contemporáneo instaló que la configuración de la sociedad humana es un epifenómeno de las relaciones de producción capitalistas, la superestructura ideológica de la estructura económica productora de todas las cosas: los derechos humanos, Dios, las moléculas de agua, el espermatozoide, el eterno femenino, el yihadismo o la democracia. Cualquiera esta sea, la estructura sociopolítica está diseñada para acumular capital y explotar a la clase proletaria. Tal es el paradigma socioconstructivista de la ideología contemporánea —marxista, posmomarxista o woke—, que ha convertido a la persona en el títere de ocultos poderes económicos. Bajo la lógica economicista de esta ideología, toda configuración social y subjetiva es producto de la autoinstitución del capital mediante sus élites dominantes.

El relato marxista tomó un renovado impulso en su encuentro con el psicoanálisis freudiano, del cual surgió el proyecto de una revolución sexopolítica, “psicobolche” en la jerga. Autores como Herbert Marcuse, Wilhelm Reich o Reimut Reiche ataron la suerte de revolución proletaria a la des-represión libidinal. La síntesis sexopolítica —raíz de la así llamada Sexpol internacional— fue tomada y continuada por la generación antiedípica, esquizocultural e hipersexual del mayo de 1968, entre cuyos autores se destacan Gilles Deleuze y Félix Guattari, Guy Hocquenghem, Jean-François Lyotard, Michel Foucault o Jean Baudrillard. Mayo de 1968 con sus “orgasmos revolucionarios”4 —u orgones— cristalizó el clima de época y consagró la supuesta potencia anticapitalista y antiimperialista de la sexualidad.

El giro psicosexual de la revolución proletaria instaló la libido —de suyo anticapitalista y antiedípica— en el centro de la batalla emancipatoria. Sucedió entonces —siguiendo el principio estructural del economicismo marxista— que la liberación sexual se convirtió en la insignia de una cultura no represiva, multiorgásmica y libertaria, sostenida por una nueva estructura material que opera por excitación e hiperproducción libidinal. La superestructura cultural posmoderna es hipersexual, consumista e individualista, expresión de un nuevo sistema de producción capitalista posindustrial, un capitalismo punk, psicotrópico y “farmacopornográfico”,5 cuya mercancía es de índole libidinal.

El wokismo es el último estadio de la revolución sexopolítica. Tópicos de la generación de 1960 y 1970 como el libertarismo sexual, la apología de la pedofilia, el sadomasoquismo, el porno, la prostitución y demás perversiones vuelven hoy remixados por el nuevo fetiche: el género y sus identidades.

El fetiche del género y la desaparición
del sexo

La teoría del género es la adaptación del economicismo histórico y la teoría marxista de la ideología a la identidad y diferencia sexuales, disociadas en una base material de (re)producción —el sexo— y una superestructura socio-cultural —el género—, reflejo de aquel.6 Por género se entiende así el conjunto de disposiciones y actividades mediante las cuales una sociedad transforma el sexo biológico en producto humano.7 Este esquema dualista entre un sexo material pasivo y un género cultural activo que lo humaniza y lo significa desde afuera se basa en el supuesto economicista de la dominación cultural, finalmente resuelto en un monismo constructivista, también llamado ideología de género.

Para autoras como Judith Butler,8 el sexo es una ficción binaria construida por el aparato capitalista, colonial, patriarcal y eurocéntrico a fin de mantener la opresión de los géneros no binarios, de donde aquel debe ser eliminado y estos liberados. Hay tantos géneros identitarios cuantas representaciones y sentimientos privados, a saber, identidades andrógina, cis y trans, fluidas, no conforme, variables, queer, intersexual, intergénero, F2M, 2S, etc., cuyo contenido y función depende de cada subjetividad.

La “identidad de género” es el último avance en materia sexopolítica, una categoría que poco a poco ha sustituido al sexo y permeado la normativa nacional e internacional a través de los así llamados Principios de Yogyakarta (2007, 2017). Estos Principios son el manifiesto y órgano de propaganda de un grupo de activistas woke, que los han hecho pasar por un instrumento jurídico vinculante. Sin embargo, lejos de tal cosa, dichos Principios eliminan los derechos humanos aplicándoles una identidad de género cuya definición subjetivista y relativista es incompatible con el marco objetivo, realista y universal de los derechos humanos. Según dicen ellos, la identidad de género es “la vivencia interna e individual del género tal como cada persona la siente profundamente, la cual podría corresponder o no con el sexo asignado al momento del nacimiento”.9

Esa identidad incluye experiencias corporales, vestimentas, modales, poses, modos de gozar, etc. Sin que nos demos cuenta, la definición redefine el sexo en términos socioconstructivistas, convirtiéndolo en un constructo “asignado” por la sociedad. Del mismo modo redefine el género —en rigor una categoría de análisis social— para convertirlo en una vivencia subjetiva relacionada de algún modo con los genitales, la vestimenta, las poses, los modales, etc. Se redefine incluso la orientación sexual transformada ahora en una orientación de género por la cual una persona es atraída por “personas de diferente género, del mismo género o de más de un género”.10 Según la orientación de género, un varón hetero podría ser una mujer lesbiana o una mujer hetero un varón gay, todo depende del género identitario autopercibido en uno mismo y el otro.

El objetivo de Yogyakarta es introducir la identidad de género en la normativa nacional e internacional a través de comités, informes, expertos, relatorías especiales o agencias de la Organización de las Naciones Unidas y demás organizaciones de derechos humanos, litigios estratégicos, etc. A tal fin, los Principios contienen un plan de acción programático y gradual entre cuyas fases se encuentran la sanción de leyes nacionales de identidad de género que reemplacen el sexo legal; la desaparición de la diferencia sexual del lenguaje a través de un fuerte control discursivo —imposición del neutro “e”, “x”, “@”, persona gestante, menstruante, portante gestacional, progenitor 1 y 2, etc.—; y, finalmente, la eliminación del sexo registral y la libre inscripción de identidades de género.11

El principio de Yogyakarta número 16 concierne a la educación y exige que los métodos, currículos y recursos educativos expresen y respeten todas las identidades y orientaciones de género,12 incluyendo hormonaciones, esterilizaciones químicas o quirúrgicas. En otros términos, Yogyakarta exige adaptar los contenidos educativos en materia sexual a una ideología según la cual el sexo es un constructo binario excluyente y discriminatorio, la cultura es una superestructura opresora, y los cuerpos deben ajustarse a los estereotipos hegemónicos, incluyendo castraciones y extirpación de órganos.

Sexopolítica y afirmación de género
en la infancia

La sexopolítica y sus sucedáneos esquizoculturales interpretaron la sexualidad como pura energía vital espontánea, creadora, polimorfa, que fluye de manera inocente y lúdica en busca del placer, excepto que el sistema económico capitalista —fuente de toda opresión y represión—
la pervierta. Y dado que, en efecto, el poder hegemónico ha pervertido la pura e inocente energía sexual, es liberarla del régimen normativo binario, excluyente, patriarcal, racista, imperialista, colonial, eurocéntrico, biologicista, etc. El constructo heterocisnormativo, adultocéntrico, edípico y castrador debe ser erradicado para que la libido fluya libre y sin límites, fuera de los constructos de edad, parentesco biologicista, diferencia sexual, organización genital, etc.

Valga precisar que esta ideología antiedípica y esquizoanalítica13 no tiene nada que ver con el psicoanálisis freudiano, para el que el dinamismo sexual contiene por origen impulsos agresivos, tanáticos, perversos que exigen ser limitados, formados y sublimados por el principio de realidad y el aprendizaje cultura. Según Sigmund Freud, la sexualidad evoluciona conforme con niveles de diferenciación e integración progresivos cada vez más complejos, tendientes a la unidad del yo y su apertura amorosa. Para la sexopolítica y sus continuadores woke, en cambio, la agitación sexual es de suyo caótica, polimorfa, carente de desarrollo, organización y diferencias de sexo, edad, parentesco, poder, etc., todos constructos impuestos desde afuera por las estructuras materiales de opresión con el objetivo de oprimir y reprimir la vida.

La sexualidad perversa, polimorfa, inocente y lúdica de niños y adultos debe ser emancipada para gozar sin límites ni reglas de su espontaneidad vital. Ahí reside el objetivo de la Educación Sexual Integral woke: liberar al niño de los dispositivos heterocisnormativos, patriarcales, moralistas, parentales, adultocéntricos, etc., que oprimen y reprimen su derecho al goce ilimitado.

La historiadora Sheila Jeffreys14 ha documentado algunas reivindicaciones típicas del libertarismo sexual en los años 1960 y 1970, hoy reaparecidas, a saber, pedofilia, autoginefilia, exhibicionismo, coprofilia y
coprofagia, necrofilia, zoofilia y, por supuesto, el sado, la pornografía
y prostitución. El supuesto fundamental de la neorreivindicación woke consiste en que el abuso sexual infantil es un prejuicio producto del moralismo opresor. De suyo, la sexualidad es pura diversión lúdica, inocente e ignorante de abusos, siempre y cuando sea consentida, por supuesto. La izquierda libertaria creía entonces, como ahora, que la familia nuclear heterocis era una ficción normativa de la cual los niños debían ser liberados para gozar libremente de su sexualidad con quien consintieran, niños, adultos o parientes. La pedofilia se convierte así en una especie de proyecto emancipador que urge descriminalizar y despatologizar. A título ilustrativo, comenta Jeffreys, la Alianza de Activistas Gay de Londres solicitó durante los años setenta bajar la edad de consentimiento sexual a los cuatro años, mientras que figuras como Jean Paul Sartre, Michael Foucault o Gayle Rubin defendieron la despenalización de la pedofilia y, eventualmente, la practicaron.

Una apologeta contemporánea de la pedofilia, la zoofilia y la necrofilia es Paul B. Preciado, autor canónico del wokismo. En concreto, Preciado se pregunta junto con Guy Hocquenghem y René Schérer:

¿Cuál es la máquina social que la pedofilia encarna? ¿Qué produce y qué consume esta máquina pedófila? ¿Qué placer colectivo nos procura la sexualización de la infancia? ¿Cuál es el deseo sublimado tras el delirio paranoico frente a la pedofilia? ¿Acaso no es el miedo a reconocer los deseos pedófilos colectivos que se codifican y territorializan a través de la institución de la familia lo que nos hace ver e inventar al pedófilo como una figura de lo abyecto? NOTA: la categoría de sexo transgeneracional (junto con la necrofilia, por ejemplo) es la única que continúa siendo en las sociedades democráticas europeas objeto de represión legal.15

Según Preciado, la maquinaria social penaliza al pedófilo para expiar los propios impulsos perversos, que una sociedad auténtica y democrática legalizaría. Otro apologeta de la pedofilia es Leonardo Alfonso Arce Vidal, quien dedicó su tesis a los Pedófilos e infantes: pliegues y repliegues del deseo. Allí sostiene que el pedófilo es juzgado como un criminal por la imposibilidad cultural de pensar al infante como un ser sexuado. Su tesis propone un “giro pedófilo”16 que erotice a los niños y termine con la estigmatización, la patologización y la “violencia desexualizadora que proscribe al infante de los círculos de lo erótico, de lo sensual y de lo sexual”.17 Las figuras 1 y 2 de este artículo ilustran dicha reivindicación.

Figura 1. Tarjeta de juego sobre la reivindicación de la pedofilia, 1

Fuente: Mariana Nobre18

Figura 2. Tarjeta de juego sober la reivindicación de la pedofilia, 2

Fuente: Mariana Nobre19

Estas imágenes integran un juego en el que se debe asociar, libremente y sin reglas, cartas y palabras descriptivas tales como “deseo”, “secretos”, “sensaciones”, “juego”, “esconder”, “decir no”, etc. El objetivo del juego consiste en abrir la posibilidad de preguntarse y romper estructuras binarias. Este material integra el expediente judicial de la denuncia contra el director de Cultura y Educación de Buenos Aires, Alberto Sileoni, por presunta corrupción de menores.

Esta narrativa busca normalizar una cultura propedófila que hipersexualiza a los niños y que les enseña a elegir y construir su propio sexo mediante la autopercepción de estereotipos de género y demás performances políticas.

Este modelo negador de la diferencia sexual y las edades de desarrollo evolutivo en favor de afirmar géneros sentidos a fuerza de burdos y obsoletos estereotipos sexistas, vulnera el acceso a una formación humana integral y los derechos fundamentales de los niños, y desmiente los mínimos conocimientos de psicología y biología. La sexualidad infantil y la sexualidad adulta son inconmensurables, por lo cual instalar en los niños fantasías, deseos y cuestiones de adultos violenta su desarrollo. La formación de la cría humana exige límites, diferencias, puntos de agarre y referencias. Abandonar a los niños a una fantasía omnipotente de elección y goce es fuente de desorientación y malestar subjetivo junto a potenciales cuadros clínicos.

Los niños pequeños no distinguen pensamiento mágico de creencias verdaderas, fantasía de realidad, ni estereotipos relativos de determinaciones constitutivas esenciales. Por eso no pueden distinguir entre lo
accidental y lo esencial de la diferencia sexual constitutiva de su identidad personal. Esta inmadurez los vuelve vulnerables a la confusión programática, que supone violencia institucional y abuso. La sexualidad es una dimensión esencial de la intimidad. Forzar su exposición bajo el pretexto ideológico de que se trata de una construcción social es coerción psicológica y corrupción. Instalar en los niños la falsa idea de que es posible cambiar de sexo que el médico les asignó supone una desmentida perversa del principio de realidad, concomitante con una esquizoide disociación mental de sí mismo y el otro. La figura número 3 representa un rompecabezas a través del cual los niños juegan a armar y desarmar a demanda su cuerpo diseminado.

Desmentir la unidad biopsicosocial y espiritual de la persona normaliza la disociación entre mente y cuerpo, la fragmentación corporal y la diseminación de pulsiones y funciones parciales sin unidad subjetiva. En eso consiste la falacia de las así llamadas “infancias trans”, a saber, una ficción ideológica que reduce la diferencia sexual —constitutiva e integral— a estereotipos sociales obsoletos y burdos. De este modo, se implanta en los niños la confusión de que ser de un sexo u otro depende de preferencias o estereotipos culturales, con el corolario de que pueden cambiar aquel según estos. La asignación cultural “trans” se ha convertido en un tabú sagrado inapelable con el cual lucran la industria farmacéutica y quirúrgica de los géneros, valuada en billones de dólares anuales.20

En breve, asistimos a una “terrible masacre”21 contra la infancia, que falsifica el sexo legal y viola las protecciones fundamentales de niños, familias y docentes. Posmodernidad sexopolítica y wokismo son el paradigma ideológico de los contenidos escolares que se imparten hoy en las aulas de la República Argentina. A continuación, detallaremos algunos de los mecanismos de captura y normalización actualmente en curso en las escuelas argentinas.

La Educación Sexual Integral en las aulas:
una agenda de desestabilización
cultural

Un ejemplo paradigmático de esta captura ideológica se observa en la implementación de la Educación Sexual Integral, que institucionaliza una nueva definición del sexo a través de un complejo entramado de procesos sociopolíticos, administrativos y burocráticos que operan en la intersección de la hegemonía cultural y la captura estratégica del Estado.

Desde una perspectiva sociológica, este proyecto de transformación se logra por la articulación de discursos, normas y prácticas institucionales. La lógica de este armado se basa en la capacidad de coaliciones de grupos de interés transnacionales y nacionales, para infiltrar y reorientar los aparatos estatales.22 Se legitiman así agendas globales a través de marcos normativos nacionales (convenciones, leyes, decretos, etc.) y demás dispositivos administrativos a efectos de consolidar esta cosmovisión específica de la ideología de la identidad de género.23

La combinación de poder blando, cambios normativos y control de los procesos de socialización establece un marco estructural que facilita la difusión y la naturalización de nuevas lógicas de pensamiento, cuya operacionalización específica se examina en detalle en los apartados siguientes.

Uso de resortes institucionales
y leyes

Con anterioridad a los Principios de Yogyakarta, el Poder Ejecutivo argentino ya sentaba las bases para una transformación profunda del funcionamiento estatal a través de políticas orientadas a combatir la discriminación en todas sus formas. Un mecanismo clave para lograrlo fue la emisión de decretos que impulsaron la creación y el fortalecimiento de instituciones destinadas a consolidar esta agenda de igualdad y no exclusión.

El Decreto PEN n.º 1086/2005, que aprobó el Plan Nacional contra la Discriminación, marcó un hito al reconocer explícitamente la identidad sexual como una categoría protegida por el Estado. Este instrumento estableció un compromiso claro: el Estado argentino asumiría la responsabilidad de erradicar la discriminación por orientación sexual e identidad sexual junto con otras formas de exclusión social como las basadas en raza, religión o condición socioeconómica.24

El decreto no solo definió un marco normativo, sino que también dispuso medidas concretas dirigidas a los ministerios, incluido el de Educación, para implementar acciones que combatieran activamente la discriminación y promovieran la protección de las autopercepciones. No se trata en rigor de protecciones antidiscriminatorias, sino de crear progresivamente un Estado woke ocupado de profundizar la defensa de las políticas identitarias mediante la reformulación del rol del Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI), el sistema de justicia, etc.

Estas disposiciones incluyeron iniciativas para la visibilización y la legitimación social y sentaron las bases de un sistema legal que no solo protege, sino que también redefine las dinámicas culturales y educativas en base a identidades autopercibidas. Valga precisar que la categoría aplicada en este caso es la “identidad sexual”, basada en el sexo. La posterior sustitución de esta por la “identidad de género”, que llamaremos autopercepciones, marca un avance en la progresiva ideologización socioconstructivista.

Un segundo mecanismo se encuentra en la sanción de leyes nacionales. La sanción de la Ley Nacional de Educación n.º 26.206 en 2006 garantiza que todos los niños, adolescentes, jóvenes y adultos tengan el derecho a una educación sexual integral. En el mismo año, la Ley de Educación Sexual Integral n.° 26.150 estipula que se imparta educación sexual integral en los establecimientos educativos públicos y privados de todo el país. Estas dos leyes no contienen ninguna declaración relacionada con la ideología de la identidad de género, y el artículo 3 establece como objetivos de la Educación Sexual Integral los siguientes: incorporar la formación integral, transmitir conocimientos precisos, fomentar actitudes responsables, prevenir problemas de salud sexual y reproductiva, y promover igualdad entre varones y mujeres.

Sin embargo, la promoción de la ideología de identidad de género queda habilitada por el artículo 7 de la misma ley, que estipula la creación de una Comisión interdisciplinaria de especialistas encargados de diseñar los lineamientos curriculares. La composición de esta comisión incluye representantes de entidades como la Organización de las Naciones Unidas, fundaciones filantrópicas, académicos y profesionales destacados, que promueven una perspectiva ideológica particular, sin haber sido elegidos mediante procesos públicos o debates abiertos.25 Esta estrategia logró introducir la agenda orientada a la ideología de la identidad de género.26

Debe observarse que estas leyes educativas citan a la Convención de los Derechos del Niño,27 que prioriza el interés superior del niño, y
la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW),28 que afirma los derechos basados en el sexo. Sin embargo, la ideología identitaria actúa manipulando normas internacionales para reafirmar compromisos internacionales inexistentes, como los Principios de Yogyakarta, introducir conceptos ambiguos, alterar consensos establecidos y reorientarlos hacia una agenda identitaria específica, como la del género.

A continuación, la Resolución del Consejo Federal de Educación n.° 45/08 aprueba los Lineamientos Curriculares para la Educación Sexual Integral, que la Ley n.° 26.150 crea en 2008 e integra al sistema educativo. Por su parte, las provincias adaptan la implementación de la Educación
Sexual Integral sin alterar el currículo nacional

La neolengua identitaria

Un tercer mecanismo de captura, que opera de manera paralela, consiste en manipular el lenguaje a fin de transformar la forma de ver el mundo.29 Como se mencionó previamente, el control discursivo se afianza en el aparato educativo a través de la Educación Sexual Integral. Así, se emplean términos con doble sentido, eufemismos y un lenguaje “inclusivo” cuyo objetivo es eliminar la marca de género gramatical en sustantivos y adjetivos, desvinculándolos de la realidad del sexo biológico. Este enfoque produce ambigüedad en la concordancia gramatical y busca cuestionar la naturaleza binaria humana, como se desarrollará a continuación.

Los lineamientos incluyen ejes tales como “respetar la diversidad” y “garantizar la equidad de género”. Se usa el concepto de “diversidad” como el reconocimiento de variedad de autopercepciones en calidad de determinaciones objetivas, universales y axiológicamente superiores, sumado a la praxis de la “equidad de género”, que consiste en atribuir privilegios a las autopercepciones como una forma de justicia social que compensa su opresión histórica, todo un marco de relativismo cultural y subjetivismo psicoimaginario.

La sanción de nuevas leyes nacionales ayuda a actualizar significativamente la agenda identitaria en los contenidos educativos. Por ejemplo, la Ley de Matrimonio Igualitario n.º 26.618 de 2010 incorporó la no discriminación por orientación sexual entre los lineamientos de la Educación Sexual Integral. Posteriormente, la Ley de Identidad de Género
n.º 26.743 de 2012 permitió el cambio registral simplificado y promovió el concepto de “salud de género”, un eufemismo integrado en los contenidos de la Educación Sexual Integral que reemplazará poco a poco a la “salud sexual”, ligada a la obsoleta “identidad sexual”.

Permítasenos decir que esta la Ley de Identidad de Género es a nuestro juicio inconstitucional porque falsifica el reconocimiento y la protección imperativa del sexo, entre otros abusos. Así las cosas, la Educación Sexual Integral enseña los marcos legales para el acceso a los servicios de salud sexual en nivel secundario, incluido el acceso de los menores a la cobertura estatal de tratamientos hormonales y cirugías según la Resolución del Consejo Federal de Educación 340/18. Asimismo, esta ley redefinió las orientaciones sexuales (ser lesbiana, homosexual y bisexual) como autopercepciones independientes del sexo y basadas en el género sentido.

A título ilustrativo, para el nivel primario se estipula la enseñanza de “Nuevas formas de masculinidad y femineidad en el marco de la equidad de género” que presentan la masculinidad y la feminidad como constructos sociales disociados del cuerpo y la unidad biopsíquica de la persona.30 Otro contenido educativo se refiere a “La diversidad en las personas: apariencia física, orientación sexual e identidad de género”. Se suministra un menú de opciones, como si el cuerpo fuera un agregado extrínseco de partes o características intercambiables a voluntad.31 En consecuencia, la Educación Sexual Integral se encargará de divulgar una nueva visión antropológica, normalizar autopercepciones “esquizo-culturales” y discriminar la percepción inmediata del cuerpo sexuado.

Figura 3. Masculinidad y feminidad como constructos sociales

Fuente: Juliana Garriga y Paula Surín32

Contenidos educativos

Con la Resolución 340/18, la Educación Sexual Integral se vuelve obligatoria para todos los niveles educativos y transversal a todas las materias, con cinco ejes conceptuales que son los siguientes: “cuidar el cuerpo y la salud, valorar la afectividad, garantizar la equidad de género, respetar la diversidad, ejercer nuestros derechos”. Estos principios se reflejan en materiales educativos concretos como los siguientes.

La escuela, espacio privilegiado para la difusión de ficciones ideológicas a las nuevas generaciones, promueve la legitimación de autoidentificaciones libres —con el otro sexo o el sexo no binario, andrógino, fluido, neutro, entre otras—, presentándolas como una expresión de superación y autenticidad. En concomitancia, se promueve la así llamada “afirmación social” mediante el recurso a la Ley de Identidad de Género. Este proceso adquiere un carácter ritualizado por el que la escuela no solo lo legitima, sino que guía paso a paso una “transición social” —eufemísticamente denominada— que incluye el cambio de nombre, la modificación de registros internos y la comunicación institucional sin más requisito que el autodiagnóstico del menor. Las instituciones educativas implementan en casi todas las provincias un protocolo obligatorio, que exige reconocer de inmediato el nombre elegido por el menor sin considerar la opinión familiar ni requerir la rectificación registral.33

El cambio de nombre o pronombre es otra forma de banalizar la realidad del sexo a nivel enunciativo. La autopercepción del menor supone que todos deberán modificar “cómo se habla para que se cambie cómo
se piensa” y, a la postre, para cambiar la realidad misma por repetición de enunciados. Quienes rodean al menor “transicionado” deberán dirigirse en femenino, masculino o cual sea la autopercepción adoptada. Por esta vía, el lenguaje deja de ser un mero reflejo de la realidad para convertirse en una poderosa herramienta que determina lo que se considera real, permitiendo que se afirme como una verdad social lo que es una mentira objetiva y evidente. Esta resignificación lingüística es clave para la transformación de pautas culturales y tiene un enorme impacto colectivo.34

Aunque los adultos son los encargados de representar la realidad, la escuela identitaria oficializa y promociona continuamente la disociación corporal, la desmentida de la realidad material y la fragmentación de la unidad biopsicosocial de la persona. Tomemos, por ejemplo, el cuento “Yo, Mora”35 de nivel primario y veamos cómo se materializa la narrativa que borra el sexo y disocia la mente. Dice “Yo, Mora” que un niño llamado Franco es una niña porque prefiere juegos y ropa asociada a los estereotipos femeninos. A los dos años le encantaba usar las remeras de su mamá como vestido. Cuando pudo hablar dijo: “Yo, Mora”. Con ayuda institucional, su familia y todes (sic) quienes la querían entendieron y aceptaron como ella se sentía, y quién “ella” es. En su jardín también se sorprendieron, pero todes (sic) la aceptaron. Y entonces, Mora volvió a sonreír.36

Este cuento naturaliza la transición social y el juego con estereotipos sexistas como verdaderos indicadores de la “identidad de género” convertida en sexo. Se idealiza la acepción social y los adultos acuerdan ignorar el sentido común y emplear el lenguaje neutro con “e” —eventualmente “@” o “x”— para hacer como si el sexo fuera algo arbitrario (“asignado al nacer”). La narrativa retrata a los niños como miniadultos, según señala Miriam Grossman.37 Esta autora, psiquiatra especializada en infancia, sostiene que los niños no están preparados para comprender el concepto de autopercepción basada en estereotipos sexistas, tampoco para decidir sobre cambiar de sexo o solicitar la extirpación de órganos sexuales por asociación con un estereotipo cultural que determinaría su identidad. En realidad, los niños simplemente juegan, imaginan, mientras los adultos manipulan sus fantasías para instalar en ellos representaciones esquizopolíticas.

Otro texto ilustrativo de nivel primario, Cambios que se ven y se sienten: educación sexual integral para saber más sobre la pubertad, contiene dos ilustraciones reveladoras.38

Figura 4. La intersexualidad como diversidad cultural

Fuente: Ministerio de Educación de la Nación y Ministerio de Salud de la Nación

La primera imagen muestra a un joven (no está claro su sexo) con pene y testículos, acompañada de la explicación:

La mayoría de las personas nacen con pene y testículos o con vulva y vagina. Hay personas con genitales que pueden tener otras formas u otros tamaños; son personas “intersex”. Todos los cuerpos son distintos, no hay cuerpos mejores ni peores.

Esta afirmación describe la intersexualidad como una simple diversidad cultural, sin aclarar que los fenómenos intersexuales no son nuevos géneros sociales, sino trastornos o desarrollos anómalos de alguno de los dos sexos biológicos.

Una segunda ilustración retrata a una persona, sentada en una silla exhibiendo su vulva, quien afirma:

Es importante tener en cuenta que nuestros genitales no definen quiénes somos. No todas las personas con pene se sienten varones, ni todas las personas con vulva se sienten mujeres. ¿Escuchaste hablar, por ejemplo, de varones trans o de mujeres trans? En nuestra sociedad, las personas nos identificamos de diferentes maneras y no solo como varones o como mujeres.39

Este enfoque de la Educación Sexual Integral normaliza la disociación entre el cuerpo sexuado y la identidad psíquica, como si diera lo mismo autopercibirse en cualquier cuerpo.

Formación y actualización docente

Un mecanismo esencial para la difusión de esta ideología consiste en su infiltración en el sistema educativo, articulada a través de un círculo primario de poder conformado por representantes de organizaciones internacionales como la Organización de las Naciones Unidas junto con referentes nacionales, élites académicas y profesionales médicos, psicológicos y abogados. A este núcleo, se suma un segundo círculo de poder más amplio y difuso compuesto por aliados oportunistas atraídos por un mercado laboral en expansión, y activistas agitadores que militan los llamados derechos identitarios.

En 2010, un material del Ministerio de Educación destinado a docentes e instituciones educativas40 afirmaba que “la escuela debe transformar prácticas culturales que generan desigualdades, guiando a niños y niñas con información científica y respeto mutuo, para que ejerzan sus derechos, sean soberanos de sus cuerpos y no enfrenten solos sus miedos e incertidumbres”. En otras palabras, la tarea no solo es educar, desarrollar conocimientos y habilidades, sino hacer activismo político docente por los derechos identitarios en contra del sexo, la diferencia y la identidad sexual.

La institucionalización de la ideología de la identidad de género a través de la Educación Sexual Integral generó un amplio movimiento cultural, impulsó la proliferación exponencial de publicaciones y abrió la puerta al surgimiento de numerosos especialistas que pueblan el mercado de credenciales progresistas e inclusivas. La permanente capacitación docente abarca desde la formación inicial hasta la realización de jornadas “Educar en igualdad”. El Programa Nacional de Educación Sexual Integral de 2006 produce, desde su creación, materiales pedagógicos para la implementación de la Educación Sexual Integral en las escuelas, acompaña y asiste a los referentes y, en articulación con las jurisdicciones y el Instituto Nacional de Formación Docente, elabora los contenidos para
el desarrollo conjunto de cursos y trayectos de formación docente continua a nivel nacional.41

Asimismo, los docentes deben participar de esta agenda hasta el punto tal de implicarse en ella de manera existencial:

La ESI nos atraviesa en lo personal y en nuestro rol de docentes en todo momento y en todo lugar, por lo que se impone reflexionar y profundizar sobre ciertos interrogantes individuales e institucionales: ¿qué nos pasa al trabajar con la ESI? ¿Qué miedos nos genera? […] Por eso es necesario que revisemos nuestras prácticas, para poder modificarlas y educar de una manera más respetuosa e inclusiva, es decir, actualizada con el paradigma actual.42

El compromiso docente es evaluado periódicamente y su calificación condiciona la promoción laboral. Los docentes deben identificar y orientar a los menores que no se ajusten a los estereotipos sexistas —indicador de que habitan el cuerpo equivocado y, en consecuencia, deben cambiar de cuerpo—, incluso en contra de la posición de las familias.

Los especialistas deben asegurar que los maestros no se resistan a la implementación de la Educación Sexual Integral y promuevan su adopción total. Un proyecto de investigación cualitativo, por ejemplo, basado en entrevistas a docentes de nivel inicial identificó resistencias sociales, prejuicios personales y falta de formación como barreras clave a la implantación ideológica. Por eso, el objetivo consiste en alinear completamente a los docentes mediante una formación intensiva que elimine las discrepancias entre sus convicciones personales y lo que debe enseñar, cosa que las evaluaciones periódicas refuerzan.43

La racionalización burocrática se extiende a la creación del Observatorio Federal de la Educación Sexual Integral (OFESI), liderado por el Ministerio de Educación. Este observatorio monitorea la implementación de la Ley n.° 26.150, identifica obstáculos y fortalece prácticas educativas. Con indicadores aprobados, analiza avances, difunde materiales como el Aprender Secundaria 201944 y coordina esfuerzos multisectoriales con autoridades, sindicatos y estudiantes para consolidar la Educación Sexual Integral a nivel nacional.45

El aparato educativo perpetúa la reproducción del adoctrinamiento a través de la formación docente intensiva y continua, diseñada para transformar a los educadores en agentes activos de la agenda política identitaria.46 Los programas de capacitación obligatorios y recurrentes exigen que los docentes internalicen y promuevan los valores de la Educación Sexual Integral, y que se comprometan personalmente con su difusión como activistas ideológicos. Este proceso cercena el derecho educativo de las familias, a la vez que convierte a los docentes en paladines de las autopercepciones “farmacopornográficas” de sus estudiantes. De este modo, la instrucción docente garantiza la narrativa identitaria impulsada por el Estado con el auspicio del régimen internacional y la financiación corporativa.

Autonomía progresiva y desautorización
parental

Otro de los mecanismos impulsados desde la administración pública consiste en reducir las restricciones de edad y priorizar la injerencia del Estado en contra de la autoridad familiar. Los aliados progresistas argumentan que los menores no son propiedad de sus padres u objetos de protección, sino sujetos de derecho —en particular del derecho a elegir su sexo—, y descalifican cualquier discrepancia como un “adultocentrismo” estigmatizante y excluyente. Según esta perspectiva, los menores poseen la capacidad de tomar decisiones informadas sobre la elección de su sexo, amputación de órganos o bloqueadores de su crecimiento.

El artículo 5 de la Ley de Identidad de Género incorpora los principios de capacidad progresiva e interés superior del niño que obligaría a las instituciones educativas a afirmar la autopercepción del menor, incluso contra la autoridad de sus padres o tutores. Desde los dieciséis años, los menores pueden solicitar la rectificación registral de sexo y nombre, recurriendo a la vía judicial en caso de que sus representantes legales se opusieran. En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, desde 2023 este trámite no requiere permiso parental por presión de distintas organizaciones LGBTI+.47

El artículo 639 del nuevo Código Civil y Comercial de 2015 otorga a menores a partir de los trece años la capacidad de decidir sobre su salud sin intervención parental siempre que se considere que poseen la madurez suficiente y la información debida para hacerlo. Esto relega a los progenitores a un rol secundario, y genera discrepancias jurídicas y problemas éticos porque desbalancean los derechos y las responsabilidades de los padres establecidos en la Ley n.º 26.061 de 2005.

En tal marco, los menores de dieciséis a dieciocho años podían acceder a tratamientos hormonales con consentimiento informado propio, sin necesidad de autorización judicial, siempre que se tratara de procedimientos no invasivos y de bajo riesgo. Para menores de trece a quince años, se requiere el asentimiento parental, salvo en tratamientos no invasivos. Las cirugías requieren el consentimiento de los representantes legales y la aprobación judicial para menores de dieciocho años. La Educación Sexual Integral refuerza esta autonomía al establecer el acceso a la
educación sexual como un derecho de los menores, aún a expensas de
la confrontación con las familias que no comparten sus premisas ideológicas, lo cual intensifica la tensiones entre la injerencia del Estado en la vida privada y las familias.

Sin embargo, ese marco legal cambió recientemente con la promulgación del DNU 62/2025 que prohíbe tratamientos hormonales y cirugías en menores de dieciocho años en razón de los riesgos para su salud física y mental. Esta medida está en litigio en la sede federal, pero hasta la fecha de redacción de este artículo, la prohibición se mantiene.

Sumada a dicha prohibición, desde la asunción del nuevo Gobierno en diciembre de 2023 se han tomado medidas para limitar la promoción de la ideología de la identidad de género. A saber, se eliminó el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo, se prohibió el uso del lenguaje inclusivo y la perspectiva de género en la administración pública nacional y en las comunicaciones oficiales. El Ministerio de Capital Humano inició en enero de 2024 una revisión de los contenidos de la Educación Sexual Integral para suprimir referencias a la ideología de la identidad de género, aunque la implementación concreta de esta medida varía según las provincias, ya que la educación es competencia provincial. El Decreto 436/2025 derogó la Ley n.º 27.234 de 2015 que establecía jornadas escolares sobre violencia de género.48

La sociedad civil

Frente al adoctrinamiento escolar que erosiona la autoridad y protección de los padres, la sociedad civil ha comenzado a reaccionar y actuar en defensa de los menores, en particular a través de agrupaciones y asociaciones civiles. En relación con esto, la educación sexual ha logrado implementar transformaciones progresivas y sostenidas que violentan el artículo 9 de la Ley 26.150 de educación sexual integral.

Dicho artículo sostiene que las jurisdicciones deben organizar espacios de formación para padres en todos los establecimientos educativos que fortalezcan la relación entre la escuela y la familia. En la práctica, la implementación de estos espacios es frecuentemente ignorada o ineficiente. Ignorar esta normativa permitió crear una escuela que quiebra la cadena de confianza con las familias y erosiona los vínculos entre padres e hijos en la medida en que aquellos se encuentran con materiales educativos que contradicen los valores familiares, los principios o las creencias religiosas.

La falta de cumplimiento de esta normativa ha generado situaciones concretas de conflicto de derechos. A título ilustrativo, vale mencionar el caso de una niña de doce años de la provincia de Buenos Aires que dijo en la escuela sentirse varón. Los directivos del colegio, sus docentes, la psicóloga y hasta la asesoría de menores procedieron de inmediato a afirmar la percepción de la adolescente tal como fueron instruidos por protocolo.
El simple autodiagnóstico de la menor habilitó automáticamente el cambio de nombre en los registros escolares y la designación de la niña en masculino, sin conocimiento alguno de los padres. Acto seguido, se solicitó a la madre de la menor que reconociera y acompañara la nueva identidad de su hija, ahora hijo.

Este tipo de hechos consumados sin conocimiento ni consentimiento de los padres suele ponerlos entre dos fuegos: por un lado, la necesidad de preservar el vínculo con su hija y, por el otro, “la acusación de
transfobia por parte del sistema escolar”. Tal le sucedió a la madre
de la menor mencionada, que fue denunciada penalmente por la psicóloga escolar por presunto maltrato psicológico de su hija. Fue citada por la Asesoría de Menores, el Centro de Protección de los Derechos del Niño y el Tribunal de Familia que amenazó con quitarle la guarda. Afortunadamente, la familia logró costear los onerosos gastos legales a los cuales se vio forzada, resistir las presiones institucionales, y finalmente esclarecer la situación. La menor reconoció haber sido manipulada, declaró que su madre no la maltrataba y que quería seguir viviendo con su madre.49

Extorsiones afectivas, manipulaciones ideológicas y judicializaciones como la mencionada son la norma de estos casos, que motivaron la reacción de la sociedad civil contra lo que configura de hecho grooming institucional. Numerosos grupos de padres organizados en todo el país están llevando a cabo una campaña de esclarecimiento y denuncia de los contenidos que se dictan en el marco de la Educación Sexual Integral por inadecuados y abusivos.50 Denuncian que lo impartido no respeta el marco establecido por la ley, que se desconoce el derecho de los padres a ser informados y a educar a sus hijos en los valores que la familia sostiene, que los niños son objeto de un adoctrinamiento ideológico que carece de anclaje científico y que todo ello vulnera “el derecho a la dignidad y la integridad personal de niños y adolescentes”.

El primer paso de la campaña nacional consiste en comunicar a las autoridades escolares mediante la carta “No autorizo”,51 que sus hijos no están autorizados a presenciar exposiciones sobre educación basadas en las falacias y ficciones de la ideología de la identidad de género.

Un último ejemplo de la reacción de la sociedad civil es la denuncia penal contra el director general de Cultura y Educación de Buenos Aires, Alberto Sileoni, por distribuir material educativo con contenido sexual explícito a menores violando la Ley n.o 26.061 (2011) y el Código Penal. La denuncia fue presentada por la Fundación Natalio Morelli y contiene imágenes como las expuestas (ver figs. 1 y 2) o libros como Cometierra y Las primas.52

Conclusión

El wokismo y su programa transgenerista son el último destilado de la revolución sexopolítica. Esta ideología ha capturado la educación sexual y está colonizando el tesoro más preciado y frágil de cualquier nación.
Las falacias y ficciones implantadas en carácter de educación pública apuntan a sustituir una formación humana integral basada en criterios racionales, verdades objetivas y valores universales por un relativismo subjetivista basado en autopercepciones imaginarias, sobre las cuales se pretende fundar el orden social y moral. Estamos ante un flagrante asalto al estado democrático de derecho perpetrado por un aparato de vigilancia y control estatal entrometido en la intimidad subjetiva y familiar.

No es función del Estado legislar sobre representaciones privadas ni registrar autopercepciones. La función del estado de derecho consiste en garantizar que nadie sea discriminado por ningún motivo, con independencia de sus percepciones. El Estado debe, entre otras cosas, proteger el sexo, cuidar la salud y hacer profilaxis, prevenir abusos sexuales, garantizar la igualdad de oportunidades y el trato entre hombre y mujeres, y erradicar estereotipos culturales dañinos para ambos. La identidad de género, por el contrario, desprotege el sexo y consagra burdos estereotipos culturales, obsoletos y violentos.

Los niños están en pleno crecimiento psicoafectivo. El desarrollo de su identidad sexual es un largo y complejo proceso que integra infinidad de elementos biopsicosociales y espirituales. Son los más frágiles y vulnerables, confían en nosotros y esperan que protejamos su crecimiento. La confusión planificada que hace pasar autopercepciones imaginarias y extirpación de órganos por cambio del sexo asignado comporta una plataforma institucional de coerción y corrupción muy bien financiada por los centros de poder global y la burocracia estatal e internacional. De nosotros depende cuidarlos o entregarlos.


  1. 1 Ver Karina Mariani, Las guerras que perdiste mientras dormías: cómo la ideología woke invadió tu mundo sin disparar un solo tiro (Buenos Aires: Libertatis Libros, 2025); Myriam Mitrece de Ialorenzi y Juan Pablo Ialorenzi, La rana y el bambú: crítica a la educación sexual como herramienta del cambio cultural (Buenos Aires: Buena Data, 2023); Analía Vitale Rosenbrock, La institución del género (Córdoba: Hormesis, 2025).

  2. 2 Mariani, Las guerras que perdiste, 97.

  3. 3 Cf. Roger Scruton, Pensadores de la nueva izquierda (Madrid: Ediciones RIALP, 2017).

  4. 4 Sheila Jeffreys, Anticlimax: A feminist perspective on the sexual revolution (New York: NYU Press, 1991), 74.

  5. 5 Ver Paul B. Preciado, Testo Yonqui (Madrid: Espasa Calpe, 2008).

  6. 6 María J. Binetti, “Del género a los bio/cis/trans/tecno/post-géneros: el paradójico destino de una extrapolación sociologista”, Investigaciones Feministas 12, n.o 1 (2021): 201-213.

  7. 7 Gayle Rubin, “The traffic in women: Notes on the ‘political economy’ of sex”, en Toward an anthropology of women, ed. por Rayna R. Reiter (New York & London: Monthly Review Press, 1975), 157-210.

  8. 8 Ver, a título ilustrativo, Judith Butler, El género en disputa: el feminismo y la subversión de la identidad (Barcelona: Paidós, 2007); Butler, ¿Quién teme al género? (Barcelona: Paidós, 2024).

  9. 9 Michael O’Flaherty et al., Principios de Yogyakarta: principios sobre la aplicación de la legislación internacional de derechos humanos en relación con la orientación sexual y la identidad de género (Yogyakarta: Yogyakarta Principles, 2007), https://yogyakartaprinciples.org/wp-content/uploads/2016/08/principles_sp.pdf.

  10. 10 Ibid.

  11. 11 Philip Alston et al., The Yogyakarta principles plus 10 (Geneva, 2017), principio 31 A, 9, https://yogyakartaprinciples.org/wp-content/uploads/2017/11/A5_yogyakartaWEB-2.pdf.

  12. 12 Michael O’Flaherty et al., Principios de Yogyakarta, 22-23.

  13. 13 Ver, a título ilustrativo, Gilles Deleuze y Félix Guattari, El anti-Edipo: capitalismo y esquizofrenia (Barcelona: Paidós, 2004).

  14. 14 Jeffreys, Anticlimax, 141-144.

  15. 15 Paul B. Preciado, Terror anal: apuntes sobre los primeros días de la revolución sexual (Madrid: Melusina, 2009), 169-70.

  16. 16 Leonardo Alfonso Arce Vidal, Pedófilos e infantes: pliegues y repliegues del deseo (Santiago: Universidad de Chile, 2016), 4. La Universidad de Chile restringió el acceso al texto debido al escándalo generado.

  17. 17 Ibid., 159.

  18. 18 Mariana Nobre, NOS (Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2024).

  19. 19 Mariana Nobre, NOS (Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2024).

  20. 20 Silvia Carrasco Pons, coord., La coeducación secuestrada: crítica feminista a la penetración de las ideas transgeneristas en la educación (Barcelona: Octaedro Editorial, 2022), 37.

  21. 21 Mariani, Las guerras que perdiste, 53.

  22. 22 Ver Vitale Rosenbrock, La institución del género.

  23. 23 Charles Pincourt y James Lindsay, Counter wokecraft: A field manual for combatting the woke in the University and beyond (Orlando: New Discourses, 2021).

  24. 24 Argentina adhiere a la resolución de la ONU que “insta a los Estados a formular y aplicar sin demora políticas y planes nacionales contra el racismo, la discriminación racial, la xenofobia y formas conexas de intolerancia, incluidas sus manifestaciones de género”. Cf. Poder Ejecutivo Nacional, “Plan nacional contra la discriminación”, Decreto n.º 1086/2005 (8 de septiembre de 2005), acceso el 10 de agosto de 2025, https://www.argentina.gob.ar/normativa/nacional/decreto-1086-2005-109501/texto.

  25. 25 Analía Vitale Rosenbrock, “Arquitectura del poder y del negocio de género”, Newstad, 19 de abril de 2025, acceso el 10 de agosto de 2025, https://www.newstad.com.ar/el-contragolpe-al-negocio-trans.

  26. 26 Fundación Huésped, “¿Qué es la Educación Sexual Integral (ESI)?”, acceso el 10 de agosto de 2025, https://huesped.org.ar/informacion/derechos-sexuales-y-reproductivos/tus-derechos/educacion-sexual-integral/.

  27. 27 Organización de Naciones Unidas, “Convención sobre los Derechos del Niño”, 1989, https://www.ohchr.org/sites/default/files/crc_SP.pdf.

  28. 28 Organización de Naciones Unidas, “Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer”, 1979, https://www.ohchr.org/sites/default/files/cedaw_SP.pdf.

  29. 29 Frank Fureri, The war against the past (Cambridge: Polity Press, 2024).

  30. 30 Ministerio de Educación de la Nación, Lineamientos curriculares para la Educación Sexual Integral, 2018, http://www.bnm.me.gov.ar/giga1/documentos/EL006683.pdf.

  31. 31 Ibid.

  32. 32 Juliana Garriga y Paula Surín, ¡Pido Gancho! Género y nuevas masculinidades en la clase de Educación Física (Buenos Aires: Chirimbote, 2019), 21.

  33. 33 El protocolo educativo para el cambio registral en escuelas comenzó en Catamarca (Ley Provincial n.° 5773), seguido por Jujuy (Resolución n.° 5150-E-2023), Mendoza (Resolución n.° 362), Salta (Resolución n.° 635/21), Neuquén (Resolución n.° 154/2019), entre otras.

  34. 34 Ley n.° 26.743 de identidad de género, art. 12 (“Trato digno”), Boletín Oficial, 24 de mayo de 2012, acceso el 10 de agosto de 2025, https://www.argentina.gob.ar/normativa/nacional/ley-26743-197860/texto.

  35. 35 Macarena Rijó, Cecilia Borghetti y Julia Santecchia, “Yo, Mora”, Yo pregunto: educación sexual desde los primeros años (Buenos Aires: Chirimbote, 2019).

  36. 36 Rijó, Borghetti y Santecchia, Yo pregunto.

  37. 37 Miriam Grossman, Lost in trans nation (New York: Skyhorse Publishing, 2023).

  38. 38 Ministerio de Educación de la Nación y Ministerio de Salud, Cambios que se ven y se sienten: educación sexual integral para saber más sobre la pubertad (Buenos Aires, 2021), especialmente la sección “Conociendo nuestros cuerpos”, http://www.bnm.me.gov.ar/giga1/documentos/EL007482.pdf.

  39. 39 Ibid.

  40. 40 Ministerio de Educación de la Nación, Educación sexual integral para la educación inicial: contenidos y propuestas para las salas, Serie Cuadernos de ESI (Buenos Aires, 2009), https://www.argentina.gob.ar/sites/default/files/cuaderno-esi-inicial.pdf.

  41. 41 Ministerio de Educación de la Nación, Lineamientos curriculares para la educación sexual integral (Ley n.° 26.150 / Res. CFE n.° 340/18 y 419/22), https://www.argentina.gob.ar/sites/default/files/el008015.pdf

  42. 42 Leandro Cahn et al., ESI, educación sexual integral: guía básica para trabajar en la escuela y en la familia (Buenos Aires: Siglo Veintiuno editores, 2020).

  43. 43 Mariela Caraballo y Marcos Faletti, “Representaciones y prácticas en torno a la implementación de la educación sexual integral en una institución educativa de nivel primario de la ciudad de Río Cuarto (Córdoba, Argentina)”, Acción Psicológica 18, n.o 2 (2023), 67-76.

  44. 44 Ministerio de Educación de la Nación, Evaluación de la educación secundaria en Argentina 2019 (2020). Ver en especial cap. 6.7: “La enseñanza y el aprendizaje de ESI en la escuela secundaria”, basado en Aprender Secundaria 2019, https://www.argentina.gob.ar/sites/default/files/evaluacion_educacion_secundaria_argentina_2019.pdf.

  45. 45 Ministerio de Educación de la Nación, “Avances del Observatorio Federal de la ESI”, Boletín oficial, 8 de junio de 2021, https://www.argentina.gob.ar/noticias/avances-del-
    observatorio-federal-de-la-esi.

  46. 46 Bajo el gobierno de Javier Milei, los recortes a la educación y las políticas identitarias han impulsado a docentes, académicos y gremios a fortalecer su activismo político en defensa de la ESI. Figuras como Graciela Morgade, del Movimiento Federal por la ESI, lideran una red de docentes y organizaciones que priorizan los derechos identitarios por encima de las directivas laborales, y actúan como agentes de un proyecto social que trasciende el poder político coyuntural.

  47. 47 Ver “Cambio de género en CABA: los jóvenes mayores de 16 años podrán hacer el trámite sin el permiso de los padres”, Infobae, 9 de mayo de 2023, acceso el 10 de agosto de 2025, https://www.infobae.com/sociedad/2023/05/09/cambio-de-genero-en-caba-los-jovenes-mayores-de-16-anos-podran-hacer-el-tramite-sin-el-permiso-de-los-padres/.

  48. 48 Poder Ejecutivo Nacional, Decreto n.° 436/2025, 26 de junio de 2025, publ. el 27 de junio de 2025. Derógase el art. 3 de la Ley n.° 27.234, acceso el 10 de agosto de 2025, https://www.boletinoficial.gob.ar/detalleAviso/primera/327551/20250627.

  49. 49 “Denuncian a un colegio de Mar del Plata por forzar un cambio de género en un adolescente”, en Canal7Salta, 31 de octubre de 2024, acceso el 10 de agosto de 2025, https://canal7salta.com/2024/10/31/denuncian-a-un-colegio-de-mar-del-plata-por-forzar-un-cambio-de-genero-en-una-adolescente/; Claudia Peiró, “Hoy mi hija sería trans si yo me hubiese asustado con la denuncia que me hicieron”, Infobae, 23 de julio de 2024, acceso el 10 de agosto de 2025, https://www.infobae.com/sociedad/2024/07/13/hoy-mi-hija-seria-trans-si-yo-me-hubiese-asustado-con-la-denuncia-que-me-hicieron-hablan-madres-de-chicas-que-volvieron-de-la-disforia/.

  50. 50 Asociación Padres Unidos, https://padresunidosarg.com.ar/.

  51. 51 Asociación Padres Unidos, Carta “No autorizo”, acceso el 18 de abril de 2026, https://padresunidosarg.com.ar/wp-content/uploads/2026/02/Carta-no-Autorizo-2026.pdf.

  52. 52 Ver la denuncia en ProvinciaNoticias, 8 de noviembre de 2024, acceso el 10 de agosto de 2025, https://provincianoticias.com.ar/nota/17047/grave-presentaron-una-denuncia-penal-contra-
    un-ministro-de-axel-kicillof/.

2. Arte na Ásia Menor: a Anatólia espera
pelo seu Max Uhle

Art in Asia Minor: Anatolia is waiting
for its Max Uhle

Arte en Asia Menor: Anatolia espera
por su Max Uhle

João Vicente Ganzarolli de Oliveira

Universidade Federal do Rio de Janeiro (Brasil)

jvgrenart@gmail.com

Recibido: 7 de junio de 2024
Aceptado: 1 de diciembre de 2025

Doi:

Resumo

Este artigo se refere à Ásia Menor, região que, em termos geográficos e culturais, equivale aproximadamente ao território coberto pela Península da Anatólia. Durante a Antiguidade e a Idade Média, ela foi uma ponte cultural das mais importantes para os povos do centro-leste europeu e do Oriente Próximo em geral. Ligando a Ásia à Europa, ela propiciou o trânsito de mão dupla de populações, de ideias, de utensílios dos mais diversos tipos (e. g., a roda), bem como de obras da literatura e da arte. Ofuscados pela proximidade geográfica e cronológica tanto dos mesopotâmios e egípcios, que os antecederam, quanto dos gregos, que os sucederam, os povos da Anatólia antiga foram relegados ao segundo plano da história.

Palavras-chave

Ásia Menor — Anatólia — Arte — Geografia — História

Resumen

Este artículo se refiere a Asia Menor, región que, en términos geográficos y culturales, equivale aproximadamente al territorio que abarca la península de Anatolia. Durante la Antigüedad y la Edad Media, Anatolia fue uno de los puentes culturales más importantes para los pueblos de Europa Centro-Oriental y del Cercano Oriente en general. Al conectar Asia con Europa, se facilitó el tránsito en ambos sentidos de poblaciones, ideas, utensilios de los más diversos tipos (por ejemplo, la rueda), así como obras de la literatura y del arte. Eclipsados por la proximidad geográfica y cronológica tanto de los mesopotámicos y egipcios, que los precedieron, como de los griegos, que los siguieron, los pueblos de la antigua Anatolia quedaron relegados a un segundo plano de la historia.

Palabras claves

Asia Menor — Anatolia — Arte — Geografía — Historia

Abstract

This article refers to Asia Minor, a region which in geographic and cultural terms is more or less equivalent to the territory covered by the Anatolian Peninsula. During the Antiquity and the Middle Ages, it was one of the most important cultural bridges for the people of Central-Eastern Europe and the Near East in general. Connecting Asia to Europe, it facilitated the two-way transit of populations, ideas, utensils of the most diverse types (e.g., the wheel), as well as works of literature and art. Overshadowed by the geographic and chronological proximity of both the Mesopotamians and Egyptians, who preceded them, and the Greeks, who followed them, the people of ancient Anatolia were relegated to the background of history.

Keywords

Asia Minor — Anatolia — Art — Geography — History

Cosi a dir mi prese la mia scorta. :Noi siamo in Asia, là dove si vede ogni pericol ch’acqua e terra porta.

Fazio degli Uberti (Il Dittamondo)

Uma ponte cultural

Durante a Antiguidade e o Medievo, a Península da Anatólia foi uma ponte cultural das mais importantes para os povos do centro-leste europeu e do Oriente Próximo em geral. Ligando a Ásia à Europa, ela propiciou o trânsito de mão dupla de povos e de ideias; na Anatólia concentra-se a maioria das cidades antigas importantes do Oriente Próximo. Não é inútil que evoquemos a história do nome. Homero utilizou o termo anatolé (talvez de origem hitita) como indicativo do nascer do Sol; quase dois mil anos depois, no século x d.C., por iniciativa de Constantino Porfirogeneta, imperador de Bizâncio na ocasião, “Anatólia” passou a ser sinônimo de “Ásia Menor”: o território asiático a Leste do Mar Egeu, que atualmente designa quase toda a parte asiática da Turquia. Não obstante, o
historiador hispânico Paulo Orósio, no século v d.C., parece ter sido
o primeiro a usar a expressão “Ásia Menor”; fez isso para diferenciar a província romana asiática do restante da Ásia, incomparavelmente maior.

Faltou à península um centro natural e um rio de grande porte que lhe servisse como via de ligação; tais ausências favoreceram a autonomia política entre seus vales habitados. Diferentemente do que se pôde verificar no Vale do Nilo e na Mesopotâmia, a Anatólia não experimentou uma dinâmica de integração política em grande escala; é, aliás, uma área de intensa atividade sísmica e vulcânica, particularidade que condiz com o aspecto muitas vezes sinistro e mórbido de sua arte antiga. Paradoxalmente, a
instabilidade sísmica da Ásia Menor propiciou a riqueza dos povos que a dominaram na Antiguidade, pois as mesmas intempéries destruidoras deixavam como recompensa para os sobreviventes um solo rico em obsidiana, cobre, prata, chumbo e ferro. Daí, o papel relevante desempenhado pelos anatólios como exportadores desses mesmos materiais para todo o Oriente Próximo e o mundo egeu.

Tomando o rumo Oeste, os conhecimentos científicos da Mesopotâmia atravessaram a Ásia Menor, atingindo a Jônia e os Bálcãs, fenômeno que se liga diretamente à ascensão cultural da Grécia em meados do primeiro milênio a.C.: o conhecido “milagre grego”.1 Poucos séculos depois, viajando no sentido inverso, os helenos guiados por Alexandre Magno cruzaram a mesma península, chegando à Mesopotâmia, ao Irã, à Índia e à Ásia Central. Eles difundiram, desse modo, a cultura grega por todo o mundo antigo, que nunca mais foi o mesmo.

Interessa-nos falar aqui principalmente de uma época anterior a Alexandre, época em que a Anatólia foi o centro difusor de algumas inovações fundamentais para o Oriente Próximo, tais como o aproveitamento da roda na locomoção de carros de guerra, considerada “a invenção mais importante do segundo milênio a.C.”.2 O cavalo adquiriu importância extrema na guerra, no transporte e em diversos outros contextos sociais no Oriente Próximo e, por extensão, em praticamente todas as outras sociedades que o conheceram. Isso ajuda a explicar o estatuto de nobreza que os homens costumam conceder ao cavalo até os dias de hoje. Dada a tendência humana a tratar o útil e o belo como uma só qualidade, é natural que haja um consenso universal quanto à beleza do cavalo – e que, por isso, ele seja um tema frequente em todas as artes.

A mesma argumentação nos leva a compreender a admiração que os beduínos do Oriente Próximo e da África do Norte desenvolveram pelo camelo, chegando a fazer dele um paradigma da beleza e a usar muitas palavras diferentes para designá-lo.

A situação geográfica da Anatólia, tão próxima e facilmente conectada aos continentes vizinhos (a própria África não dista muito, dada a estreiteza do mar Mediterrâneo, sem contar a existência de várias ilhas e portos que sempre serviram de escalas intermediárias aos barcos), podia atuar como vantagem ou desvantagem, dependendo das circunstâncias.

Essa posição “centralizante” e de fácil acesso favorecia o intercâmbio cultural benéfico, mas também deixava a península exposta a invasões vindas de todos os pontos cardeais. Os mesmos povos que vinham da região do Danúbio, do Cáucaso, da Grécia e da Mesopotâmia traziam à Anatólia a sua contribuição artística juntamente com uma diversidade
de convulsões sociais, que muitas vezes se traduziam por guerras visando à conquista ou simplesmente à pilhagem.

Nisso encontra-se uma explicação para a instabilidade política que
marca os rumos da história da Ásia Menor, sobretudo no período
que precede a helenização quase completa da península a partir da ascensão de Alexandre Magno ao trono do Mundo Egeu. Por sua vez, essa inconstância política e social comprometeu o florescimento das artes na península, daí mesmo decorrendo a posição subalterna do seu patrimônio artístico perante os grandes polos civilizatórios contemporâneos do Egito e da Mesopotâmia. É uma situação semelhante à do eixo geográfico formado por Israel, Síria e Fenícia e, já a Leste da Mesopotâmia, o Irã.3 Eis por que podemos considerá-las zonas periféricas relativamente à Mesopotâmia e ao Egito.

Subalterno, ma non troppo

Cabe insistir que estamos a falar de um papel subalterno relativo a essas culturas vizinhas. A superioridade em apreço decorre da rapidez com que a fase neolítica deu lugar à civilização na Mesopotâmia e no Egito.
O ocorrido na Mesopotâmia e no Egito foi algo de extraordinário; não seria exagero falarmos em “milagre mesopotâmio” e em “milagre egípcio”. A Ásia Menor, Israel, a Fenícia, a Síria e o Irã seguiram um desenvolvimento cultural muito mais lento, que é o consoante à regra na história da cultura. A exceção está do outro lado, na Suméria e no Vale do Nilo
(e também, obviamente, na Grécia).

Dentre todas as estruturas políticas do antigo Oriente Próximo, nenhuma alcançou uma solidez comparável à do Egito. A Mesopotâmia carece de fronteiras naturais, o que condiz com a sua indefinição geográfica. As invasões constantes e as guerras quase ininterruptas que marcam a Mesopotâmia antiga (características que tornam a sua história praticamente inversa à do Egito) não impediram que a cultura e a arte se desenvolvessem de forma contínua, sem as rupturas típicas das zonas periféricas. Henri Frankfort esclarece que, “em quaisquer outras partes da Ásia —e.g., Anatólia, Síria, Egito e Pérsia—, convulsões similares tiveram um efeito muito mais destrutivo, pois a fábrica cultural era menos resistente”.4 Há, é claro, uma produção artística digna de interesse naquelas partes da imensa Ásia.

Entretanto, é costumeiro faltar-lhes um vínculo que nos permita detectar devidamente seus ancestrais e herdeiros; boa parte dos monumentos artísticos nessas regiões (muito acertadamente chamadas de “periféricas”) tem a rubrica da carência de habilidade técnica. Apesar de tudo, é através dessas zonas periféricas que a arte da Mesopotâmia chega à Europa, inicialmente no século vi a.C. e, posteriormente, na Idade Média.

Concentremo-nos, mais uma vez, na Ásia Menor. Povoada desde o Paleolítico, a Anatólia deixa dúvidas quando à continuidade do seu processo de povoamento. Os estudos arqueológicos permitem dizer que a península chegou a abrigar uma população considerável naquele período. A única gruta representativa de uma ocupação humana ininterrupta no Paleolítico (Karain, perto de Antália, no litoral sul da Ásia Menor) guarda em seu interior, além de ferramentas feitas com pedra e osso e alguns artefatos portáveis, vestígios fósseis tanto do homem de Neandertal quanto do homo sapiens sapiens.

A Ásia Menor ingressa no Neolítico por volta do oitavo milênio a.C., graças à contribuição cultural que lhe é trazida por emigrantes vindos do norte da Síria e que se haviam instalado na parte oriental da Cordilheira do Taurus. Surgem a agricultura e as primeiras aldeias, com casas feitas de tijolos crus e apoiadas sobre bases de pedra. As inovações técnicas do Neolítico chegam ao centro anatólico entre 6500 e 6000 a.C.: é a época estimada para os sítios arqueológicos de Hacilar e Çatal Hüyük, vilas aglutinantes onde as casas se uniam umas às outras de tal forma que as vias de entrada e saída precisavam situar-se na parte superior das habitações.

A cerâmica surge perto da atual cidade de Cônia no fim do sétimo milênio a.C. em Çatal Hüyük, sede de uma cultura florescente entre 6000 e 5500 a.C. Decoradas com relevos e pinturas, as casas continham, também, estatuetas de pedra e de terracota. A música era praticada em conjunção com a dança, a julgar pelo que nos dizem algumas daquelas pinturas sobreviventes. Quase tão antiga quanto Jericó, em Israel,
Çatal Hüyük foi um centro urbano avançadíssimo para a sua época; não teve rivais nem no Oriente Próximo e nem no mundo egeu, durante o Neolítico. Quanto ao pioneirismo da técnica agrícola, devemos pensar em Jericó, onde surgiu, por volta de 8000 a.C. Cabe referir, outrossim, a existência de um assentamento antigo (do sexto milênio a.C.) na Macedônia,
que demonstra os laços culturais tanto com Çatal Hüyük quanto com a Ilha de Creta. Trata-se de uma corrente leste-oeste de grande importância para os primeiros assentamentos europeus.5

Passado o período calcolítico (5000 a 3000 a.C.), que transcorre sem grandes inovações, a Anatólia resplandece. É a Idade do Bronze, marcada pelo surgimento de grandes civilizações, como é o caso de Tróia, cujos primeiros assentamentos são estabelecidos entre 3000 e 2500 a.C. Durante esse terceiro milênio a.C., parecem ter chegado os primeiros indo-
europeus, destinados a assumir o comando das populações autóctones, das quais se destacavam os hurritas. A arquitetura dessa época não ultrapassa o contexto puramente utilitário; surgem as artes plásticas, estimuladas pela metalurgia (cobre, ouro e prata eram fartos), que propicia não só a produção de ornamentos, mas também – e, talvez, principalmente – a de armas e ferramentas. A falta de minérios nas suas terras levou
os mesopotâmios a se interessarem pela Anatólia, que é rica em jazidas minerais. Isso rompeu o isolamento milenar dos anatólios das terras altas, que passaram a exportar seus minérios para os povos da planície da Mesopotâmia, cujo estilo ornamental, por seu turno, influiu diretamente na técnica dos ferreiros e joalheiros da Ásia Menor a partir do período dinástico na Suméria (2850 a 2340 a.C.).

Integrada à órbita cultural da Mesopotâmia, da qual ela até então havia estado à margem, a Anatólia começou a usufruir diretamente do progresso nascido nas terras baixas da Suméria. Juntamente com o comércio, vem a escrita e o estilo zoomórfico do artesanato. Entretanto, a dependência estilística perante os sumérios não é suficiente para explicar toda a produção artística do período. Isso é flagrante, por exemplo, em certos ornamentos encontrados em Troia, que apontam para possíveis permanências neolíticas.

Finalmente, um estilo próprio

É apenas durante o Império Hitita que a Ásia Menor passa a ter um estilo artístico autóctone, por assim dizer, muito embora os hititas não sejam originários da própria Anatólia. Primeiro povo indo-europeu a construir uma civilização, os hititas estabeleceram-se no Oriente Próximo entre 2000 e 1800 a.C., na mesma época na qual os mitânios (também eles indo-europeus) invadiram o norte da Mesopotâmia, os cassitas o sul e os hicsos o Egito.6 Foi o primeiro conflito de proporções consideráveis entre indo-europeus e semitas ou, se quisermos, “entre Ocidente e Oriente”, nas palavras do hititólogo teuto-americano Albrecht Goetze (1897-1971).

Unificados sob o Rei Labarna (c. 1650 a.C.), os hititas transformam-se rapidamente numa potência militar de primeira grandeza, capaz de influir decisivamente no destino político do Oriente Próximo, conforme a história veio a confirmar. Foram eles que levaram à queda o primeiro Império Babilônio, no século xvi a.C., e que, duzentos anos depois, possibilitaram a ascensão da Assíria, ao derrotarem, com o apoio dos próprios assírios, seus suseranos do reino de Mitani, que tivera seu apogeu entre 1450 e 1350 a.C., em verdade um estado-tampão que beneficiava o Egito, por manter certo equilíbrio de forças na Mesopotâmia, salvaguardando o Vale do Nilo de uma agressão conjunta.

Concentrados em três das principais cidades hititas (Boghazköy [antes Hattusha, a capital do reino], Yazilikaya e Alaca Hüyük), os vestígios arqueológicos até agora conhecidos nos falam de uma arquitetura e uma escultura grandiosas e muito originais, em que os elementos nativos se mesclavam espontaneamente com os estrangeiros, notadamente mesopotâmios.7 Os edifícios constituíam-se de blocos de pedra, sendo a parte superior feita com tijolos crus e separados por vigas, e as entradas, providas de pórticos. As cidades eram rodeadas por muralhas duplas, encimadas por torres que se moldavam habilmente às dobras do terreno rochoso e cujas paredes se decoravam com relevos.

A escultura adaptava-se à arquitetura; vê-se isso nas esfinges e nos leões de pedra que guardavam as portas das cidades – uma adaptação cuja fonte é mesopotâmica. Nascido no Egito, o motivo artístico da esfinge parece ter chegado à Ásia Menor através da Síria, onde a exaltação da força sobre-humana do faraó converteu-se num monstro com feições femininas. Acentuando essa diversificação, os penteados das esfinges hititas lembram os que se usavam no Egito durante o Reino Médio.

Em contrapartida, nos relevos hititas, as afinidades maiores são com os mesopotâmicos, particularmente os da Babilônia governada pelos cassitas, de 1600 a 1100 a.C. São também os relevos que nos trazem o pouco que sabemos da música hitita, o que praticamente se limita aos instrumentos que usavam. Destacam-se a lira e a percussão, circunstância comum no Oriente antigo em geral. O mais curioso é a ausência da harpa – ao menos, nos relevos até então conhecidos.

Chegam os povos do mar

Pobre na pintura, a manifestação figurativa dos hititas concentra-se na escultura e no relevo. A temática central é religiosa; o rei, fazendo eco à tradição suméria, assume as funções de governante e sacerdote. Embora riquíssima em conquistas bélicas, a cultura hitita não investe muito na narrativa de suas campanhas militares, no que difere bastante dos egípcios e dos assírios, particularmente. Em que pese a crueldade para com os povos dominados, não se pode negar que a expansão imperial da Assíria trouxe certos benefícios para o mundo antigo. Fala-se, inclusive, de uma pax assiriaca, “que foi muito favorável à prosperidade de Amon, Moab e de Edom, que provavelmente se beneficiaram do comércio internacional com o sul da Arábia”.8

Entre o fim do século xiii e o início do século xii a.C., o Império Hitita sucumbe diante da pressão belicosa dos “povos do mar”, fenômeno que põe fim à Idade do Bronze e inaugura a Idade do Ferro na Ásia Menor. Os hititas conheciam os métodos para obtenção e transformação do ferro pelo menos desde o século xiv a.C. Com a invasão desses povos marítimos (entenda-se: do Mar Mediterrâneo) e o consequente desmembramento do Império Hitita, essas técnicas difundiram-se na Síria e em Israel. Não obstante, algumas peças de ferro já existiam em c. 2500 a.C. Note-se o seguinte:

No curso lento dos séculos, esses movimentos [dos povos do mar] forjariam os povos da Europa clássica, que produziram culturas radicalmente diferentes daquelas do Oriente. Antes disso, o Egito e os hititas haviam perdido a importância, e a direção imperial do antigo Oriente se havia deslocado para o Leste, longe do Mediterrâneo, para os assírios, os babilônios e os persas.9

Desfez-se a unidade que ligava as cidades hititas a um poder central. Refugiando-se no sul e no sudeste da Anatólia, os hititas remanescentes sobreviveram em cidades-estados, desvinculadas entre si; foi o período neo-hitita. Na arquitetura, é evidente a importância dos recursos defensivos, como são as muralhas circundantes do complexo urbano. Acentuando uma característica já esboçada na época anterior, a escultura neo-hitita incorpora-se aos edifícios. Estilisticamente falando, o que se tem é um sincretismo no qual o domínio cabe à arte dos assírios, que se mescla com elementos de origem síria, hurrita e, naturalmente, hitita também. Inverte-se o preceito de Horácio: desta vez, é o povo vencedor nas armas que impõe aos vencidos as suas tendências artísticas.

Outro dado importante a assinalar é a escrita hieroglífica. Os neo-hititas abandonaram a escrita cuneiforme, vinda da Mesopotâmia, em prol dos hieróglifos propriamente hititas, conforme pode ser visto, por exemplo, nos relevos de Carquemis.10

A era neo-hitita durou até c. 700 a.C., quando os remanescentes da mais importante civilização da Anatólia pré-helênica desapareceram para sempre devido aos repetidos ataques da Assíria, a maior potência do Crescente Fértil na ocasião. Há certa ironia no fato de que essa potência havia sido estimulada pelos próprios hititas, cerca de sete séculos antes, quando a Hitítia estavam no auge e os assírios eram ainda vassalos do reino de Mitani, que eles (os hititas) imprudentemente destruíram.

É possível que a invasão dos povos do mar esteja ligada a uma sequência de outros distúrbios e movimentos étnicos importantes ocorridos nos três últimos séculos do segundo milênio a.C. As causas são ignoradas.
O que se sabe é que povos vindos da Eurásia (protoceltas, segundo alguns) invadiram toda a Itália e, posteriormente, a Provença e a Península Ibérica, enquanto as tribos belicosas dos ilírios e dos dácios ocupavam os Bálcãs forçando trácios e frígios a se moverem rumo à Anatólia, ao mesmo tempo impulsionando os gregos (dórios, eólios e jônios) a penetrarem na Península Helênica e nas costas asiáticas do Mar Egeu, pondo termo à hegemonia de Micenas.

A guerra de Troia, famosa graças a Homero, parece estar ligada a esses acontecimentos: “O cerco de Troia dificilmente pode ter sido na data grega tradicional de 1183 a.C., mas de preferência, como outros têm argumentado, no contexto geral das incursões dos povos do mar, por volta de 1240 a 1230 a.C.”.11

Frígios, lídios, urartianos,
hurritas et alii

No início do século xii a.C., a queda do Império Hitita, ocorrida pouco antes, gera um vazio político que propicia a emergência de um novo reino indo-europeu na Ásia Menor: os frígios, “herdeiros geopolíticos dos hititas”,12 que parecem ter vindo da Europa oriental, mais precisamente, da Trácia e da Macedônia, no ritmo do grande fluxo migratório que marca o mundo egeu daquela época.13

Os frígios, tendo a sua capital localizada em Górdio, no centro-oeste da Anatólia, destacaram-se artisticamente pelos túmulos. Um deles, segundo algumas fontes, teria sido o do célebre Rei Midas de que falam as lendas. Eram túmulos com fachadas adornadas de pinturas rupestres, tal como também acontecia nos templos. A iconografia costumava inspirar-se nos modelos gregos, havendo ainda traços orientais (e.g., esfinges e cervos em pose hierática). Na música, havia o modo frígio, nascido
da flauta e de índole orgiástica, “tão popular entre a plebe e tão perturbadora para os moralistas da Grécia”.14 Não é inútil lembrar que se atribui a Orfeu – em quem a tradição vê o elo mítico entre a música egípcia e a grega – a façanha de ter levado para a Grécia a música da Frígia.

Tornada um reino poderoso na segunda metade do século viii a.C., a Frígia começa a declinar no início do século seguinte, por causa da invasão dos cimérios. São possivelmente os mesmos kymmerioi de que fala Heródoto: habitando primeiramente o norte do Cáucaso (a atual Criméia), talvez tenham sido expulsos daí pelos citas (há registros arqueológicos que se opõem à afirmação de Heródoto), o que os teria levado a se estabelecerem na Frígia, na região de Urartu e na Média no século viii a.C.
Quanto aos citas, sabe-se que falavam um idioma indo-europeu e que chegaram a habitar o território que havia pertencido aos urartianos. Coube aos cimérios fundar a civilização do Luristão, e talvez tenham sido eles os autores da Cultura de Catacumbas, identificada pela arqueologia no sul da Rússia, e que é sucedida pela Cultura das Tumbas de Madeira
(c. 1000-900 a.C.), atribuída a uma sociedade protocita. Não muito tempo depois do declínio frígio, na primeira metade do século vi a.C.,
a Lídia, nova potência indo-européia recém-surgida na Anatólia, assume o controle das cidades da Frígia.

São, aliás, civilizações muito parecidas, a frígia e a lídia: ambas adeptas do culto à deusa Cibele e assim por diante. Pode-se falar de um equilíbrio de forças entre a Média/Pérsia, a Babilônia, a Lídia e o Egito,
a durar de 585 a 546 a.C., ano em que os lídios foram derrotados pelos persas, que, pouco tempo depois, venceriam os babilônios (539 a.C.)
e os egípcios (525 a.C.) também.

Enraizada na Idade do Bronze, a arte dos lídios desenvolveu-se particularmente no período seguinte, em que o uso do ferro se tornou uma necessidade imperativa. Herdeiros das tradições anteriores (na música, a influência inicial dos assírios é nítida), os lídios levaram a arte da Anatólia às cidades da Pérsia e da Grécia. É o historiador norte-americano Will Durant (1885-1981) a dizer que “A Lídia mantinha estreitas relações com a Jônia; sua esplêndida capital, Sardes, era a casa de câmbio em que se operavam as transações de gêneros e de ideias entre a Mesopotâmia e as cidades gregas da costa”.15 Pode-se generalizar, dizendo que a arte lídia naturalizou-se como grega, da mesma forma que o estilo protodórico-egípcio evoluiu para o dórico-grego. Na música, o estilo lídio foi totalmente assimilado, o que não ocorreu com o frígio, que permaneceu entre os gregos como um estilo bárbaro, consoante à descrição de Aristóteles.

A fase do poderio lídio foi curta. Em c. 546 a.C., os persas conquistaram a Lídia, dando início à montagem do seu enorme império. Rompeu-
se o equilíbrio de forças até então vigente e acabou-se a autonomia política e cultural da Anatólia, que por tanto tempo havia perdurado. Dessa época em diante, a influência helênica passou a predominar.

Convém, no entanto, retrocedermos alguns séculos. Enquanto a Frígia florescia, outros povos helênicos (jônios e eólios) se instalavam na Ásia Menor, acentuando o já iniciado processo de ocidentalização da península. Do outro da Anatólia, dividindo fronteiras com o Irã e a Mesopotâmia, surge em c. 1000 a. C. o reino de Urartu, nas proximidades do Lago Van, num território caracterizado posteriormente como o centro da cultura armeniana.

Durante seu período de maior vigor (séculos ix a vii a.C.), o Reino de Urartu chegou a ocupar uma superfície extensa, que se expandia tanto pelas costas do Mar Negro quanto pelo vale do Rio Eufrates. Um de seus reis, Sarduri I (c. 832 a 825 a.C.), reviveu o preceito antigo do acádio Sargão I, vindo a intitular-se “rei da totalidade”. Durante o século vii a.C.,
época em que Urartu chegou a controlar uma rede comercial que se estendia de Susa a Trebizonda, seus produtos alcançavam o mundo grego e a Etrúria.

Instaladas geralmente no alto de colinas, e feitas com pedras e tijolos crus, as cidades de Urartu eram, também, centros militares, administrativos e não raro religiosos. Também costumavam ser religiosos os temas das pinturas que recobriam as paredes dos seus palácios e dos seus templos. Com um subsolo rico em minérios, Urartu transformou-se num grande produtor de metais, voltados sobretudo para a indústria bélica.

Sem parentesco nem com os semitas e nem com os indo-europeus, os urartianos parecem descender dos hurritas, também eles um povo que traz interrogações quanto à sua origem. Sua arte é representada sobretudo por selos cilíndricos: de origem nitidamente babilônica, muitos dos motivos utilizados retratam seres híbridos, a caça, a luta em carros de guerra e a árvore da vida. A proximidade com a Mesopotâmia explica a influência da arte dessa região sobre a de Urartu. É, também, aquela mesma proximidade que nos permite compreender a queda de Urartu: atacados frequentemente pelos assírios, mercê das suas importantes riquezas minerais, os urartianos foram vencidos no século vii a.C. – pouco antes da destruição da própria Assíria.

Milagres não se explicam

Afetados pela instabilidade social de c. de 1200 a.C., decorrente da invasão dos povos do mar, os dórios (povo helênico que chega ao mundo egeu por volta de 1800 a.C.) migram rumo à Ásia Menor no fim do segundo milênio a.C. É o início da colonização grega na Anatólia, da qual participam, além dos dórios, os jônios, os mísios, os lídios, os lícios, os eólios, os frígios e os cários.

Entre 1100 e 950 a.C. é a época da cerâmica protogeométrica.
No estilo geométrico (950 a 600 a.C.) se vê a preferência por formas redondas, inscritas em motivos angulares. Segue-se o período arcaico (600 a
480 a.C.), já com traços propriamente gregos, que se aperfeiçoariam na fase clássica (480 a 330 a.C.). É quando a arte e a própria história da Ásia Menor passam a coincidir com as da Grécia. Há, é claro, um verniz cultural de natureza persa, consequência direta da vitória de Ciro sobre o rei Creso, da Lídia, em 546 a.C. Trata-se de uma influência bem menos intensa do que a helênica, já presente na Anatólia havia séculos.

Por outro lado, ocorre certa fusão artística entre helenos e persas – que chega a ser evidente, por exemplo, no Reino da Lícia, que ficava no sudeste da Anatólia, anexado ao Império Persa pelo Rei Ciro e cuja arte costuma ser considerada como o elo entre o Oriente e o mundo greco-romano.

É a mesma fusão que se intensifica no período helenista, em que tanto as formas quanto os conteúdos presentes na arte terão livre trânsito entre um e outro mundos. Isso justifica a existência de uma estátua de Hércules nas montanhas do Curdistão – próxima aos famosos relevos persas da época imperial, que mostram o Rei Dario recebendo a submissão dos reis das diversas nações então integradas ao Império Persa – e, na Anatólia, mais precisamente no complexo escultórico do Monte Nemrut, a presença conjunta do deus grego Apolo e do deus iraniano Mitra. De qualquer modo, é na fase clássica que a Península da Anatólia entra definitivamente na órbita cultural do mundo mediterrâneo: a princípio, ela é absorvida politicamente pelos gregos; depois, pelos romanos helenizados, para mais uma vez assumir-se como grega sob o Império Bizantino, ou, se quisermos, pelos helenos romanizados da Idade Média.

Ofuscados pela proximidade geográfica e cronológica tanto dos mesopotâmios e egípcios, que os antecederam, quanto dos gregos, que os sucederam, os povos da Anatólia antiga foram relegados ao segundo plano da história. No referente às artes visuais, o polímata catalão José Pijoán (1881-1963) é dos poucos a fazer uma abordagem ampla e ao mesmo tempo detalhada do assunto.16 Resta-nos insistir no fato de que as artes e a própria cultura da Ásia Menor pré-helênica tiveram um percurso histórico normal, por assim dizer. Sob mais de um aspecto, é incoerente a tentativa de comparação entre esse percurso e o da Grécia; no caso da Grécia, estamos falando de um milagre, o chamado “milagre grego”; e milagres, por serem aquilo que são, não se explicam.

Conclusão

Conforme se viu nas linhas anteriores, o passado anatólico é incomparavelmente mais rico em perguntas do que em respostas. Em termos de registros escritos, o pouco que sabemos da Anatólia no período anterior à chegada dos primeiros gregos advém de povos vizinhos, notadamente mesopotâmicos e egípcios. Trata-se, portanto, de uma proto-história, uma narrativa indireta e, por isso, mais sujeita a imprecisões que a história propriamente dita – ela mesma uma ciência que está longe de ser exata.

Sempre no respeitante à Península da Anatólia em sua fase pré-helênica, será ilustrativo compará-la, em termos civilizacionais, com o mundo andino em seu período pré-incaico, ou seja, de c. 1500 a. C. até 1438 d. C., ano em que a potência inca se afigura como hegemônica e imperial nas imensidões dos Andes.

Assim como, antes das investigações feitas pelo arqueólogo alemão Max Uhle (1856-1944) —cognominado meritoriamente o “pai da arqueologia peruana”—, esse passado pré-incaico jazia ignorado não apenas sob o manto sedimentar que é próprio da dinâmica geológica, mas também sob o manto academicista que é típico da indiferença, a cultura da Anatólia pré-helênica permanece recoberta até hoje por um sem-número de pontos de interrogação que carecem de resposta satisfatória.

Considerem-se, outrossim, os sítios megalíticos de Göbekli Tepe e Karahan Tepe, no sudeste da Anatólia, ambos velhos de, no mínimo, 12.000 anos. Quem os edificou? Por que motivo foram edificados?
Qual o significado de suas figuras esculpidas? Ninguém sabe ao certo.
Esperemos que as linhas deste artigo sirvam para despertar a atenção dos pesquisadores atuais, de modo que eles sigam o exemplo de antecessores como José Pijoán, o sábio catalão referido há pouco, e que dentre eles desponte um “pai da arqueologia anatólica”. A Anatólia espera ansiosa pelo seu Max Uhle.


  1. 1 Hititas, minoanos, fenícios, gregos: todos eles, em maior ou menor escala e cada um à sua maneira, são herdeiros culturais dos mesopotâmios e dos egípcios. Cf. Fernand Robert, La littérature grecque (Paris: Presses Universitaires de France, 1949), 8 passim.

  2. 2 C. W. Ceram, O segredo dos Hititas (Belo Horizonte: Editora Itatiaia, 1959), 279.

  3. 3 Referindo-se ao período traumático de 1200 a.C., que tantas modificações drásticas impôs ao mundo antigo, Homero assinalava que o comércio exterior era realizado quase exclusivamente por fenícios; aliás, tanto Homero quanto Heródoto falavam da “Fenícia” como uma região que se estende da fronteira cilício-síria ao Egito. Cf. Elena Cassin et al., Los imperios del Antiguo Oriente. II: El fin del segundo milenio, 5.ª ed. (México/Buenos Aires/Madrid: Siglo Veintiuno Editores, 1974), 261262.

  4. 4 Henri Frankfort, The art and architecture of the Ancient Orient, 4.ª ed. (New Haven/Londres: Yale University Press, 1970), 207.

  5. 5 Pouco sabemos sobre as línguas indígenas da Anatólia, chamadas “anatólias” ou “asiânicas”, faladas na Ásia Menor até os primeiros séculos da era cristã, quando o grego as suplantou.
    O assunto é muito complexo, e as fontes para o seu conhecimento são de origem grega, indireta por tanto.

  6. 6 Referidos na Bíblia inicialmente como “os filhos de Het” (ou de Hete), os hititas (ou heteus) habitavam parte do que hoje é Israel no tempo de Abraão (c. 2000 a.C.), que comprou deles uma caverna em Hebron, para sepultar sua esposa Sara. Cf. Gn 23:3 e segs. Sua relação com os israelitas é fortíssima. Basta lembrar que o cananeu Israel, fundador da nação que leva seu nome, único Estado antigo que se tornou suficientemente unido e forte naquela região, era filho de um amorita e de uma hitita. Cf. Ez 16:3.

  7. 7 Quanto à influência da arquitetura hitita sobre a de Micenas, no Peloponeso. Cf. Franz Baumgart, DuMont’s Kleine Kunstgeschichte (Colônia: DuMont Buchverlag, 1979), 27.

  8. 8 André Lemaire, Le monde de la Bible (Paris: Gallimard, 1998), 45.

  9. 9 John Albert Wilson, La cultura egipcia, trad. por Florentino M. Torner, 11.ª ed. (México: Fondo de Cultura Económica, 1992), 350.

  10. 10 Stuart Piggott, A Europa antiga. Do início da agricultura à Antiguidade clássica, trad. por Maria Reveriana Mantas (Lisboa: Fundação Calouste Gulbenkian, 1981), 199. “Quando os hititas começam a escrever, sob Hattusili I (século XVII a.C.), adotaram um tipo de escrita que, muito provavelmente, vinha da Síria; tal foi o modelo que seguiram os hurritas. Os hititas não puderam, pois, basear-se numa escritura já existente na Anatólia, eventualmente herdada dos assírios”. Cf. Elena Cassin et alii, Los imperios del Antiguo Oriente. II: El fin del segundo milenio, 155.

  11. 11 Possivelmente, a invasão dos povos do mar de que falam os textos egípcios não foi um fenômeno único e nem simultâneo. É mais provável que tenha sido uma série de destruições ocorridas ao longo de muitos anos e que, de fato, a guerra de Troia pertença a esse contexto. Cf. Maria Helena da Rocha Pereira, Estudos de história da cultura clássica: Cultura grega (Lisboa: Fundação Calouste Gulbenkian, 1987), 60.

  12. 12 Elena Cassin et al., Los imperios del Antiguo Oriente, 106.

  13. 13 Diferentemente do ocorrido no Egito e na Mesopotâmia, onde a cultura adquiriu um caráter mais fechado, a Ásia Menor e o mundo egeu marcaram-se pela chegada frequente de imigrantes.

  14. 14 Will Durant, História da civilização, 2.ª parte, Nossa herança clássica: A vida na Grécia (São Paulo: Companhia Editora Nacional, 1943), t. I, 92.

  15. 15 Ibid.

  16. 16 Cf. Summa Artis. Historia general del arte, vol. II, Arte del Asia Occidental: Sumeria, Babilonia, Asiria, Hititia, Fenicia, Persia, Partia, Sasania, Escitia (Madrid: Espasa-Calpe, 1970), 188 passim.

3. Procesos de atribución de valor en el mercado
de la economía social y solidaria:
un abordaje fenomenológico

Processes of value attribution in the social
and solidarity economy market:
A phenomenological approach

Procesos de atribuição de valor no mercado
da economia social e solidária: Uma abordagem
fenomenológica

Daniela Griselda López

CONICET, Instituto de Investigaciones Gino Germani

Universidad Nacional de Tres de Febrero

dlopez@cbc.uba.ar

Valeria Laborda

Centro de Estudios de la Economía Social, Universidad Nacional
de Tres de Febrero

vlaborda@untref.edu.ar

Recibido: 3 de enero de 2025
Aceptado: 9 de mayo de 2025

Doi:

Resumen

El artículo analiza los procesos de atribución de valor en el mercado de la economía social y solidaria en la Ciudad de Buenos Aires desde una perspectiva fenomenológica. Presenta un estudio de caso realizado entre 2017 y 2020 en la cooperativa COLSOL, con foco en la morfología del mercado, los actores involucrados y sus relaciones. Asimismo, explora las tramas de sentido que se articulan en los procesos de atribución de valor a los productos que comercializan. La perspectiva fenomenológica permite identificar entramados sociales, culturales y simbólicos que suelen quedar relegados en los abordajes tradicionales de los mercados y los procesos de valoración.

Palabras claves

Economía social y solidaria — Fenomenología de los mercados — Sociología fenomenológica — Sociología de la valuación y la evaluación — Valuación monetaria y no monetaria

Abstract

This article examines the processes of value attribution in the social and solidarity economy market in the City of Buenos Aires from a phenomenological perspective. It presents a case study conducted between 2017 and 2020 at the COLSOL cooperative, focusing on the market’s morphology, the actors involved, and their relationships. Additionally, it explores the structures of meaning articulated in the processes of value attribution to the products they exchange. The phenomenological approach allows for the identification of social, cultural, and symbolic frameworks often overlooked in traditional perspectives on markets and valuation processes.

Keywords

Social and solidarity economy — Phenomenology of markets — Phenomenological sociology — Sociology of valuation and evaluation —Monetary and non-monetary valuation

Resumo

O artigo analisa os processos de atribuição de valor no mercado da economia social e solidária na Cidade de Buenos Aires a partir de uma perspectiva fenomenológica. Apresenta um estudo de caso realizado entre 2017 e 2020 na cooperativa COLSOL, com foco na morfologia do mercado, nos atores envolvidos e em suas relações. Além disso, explora as estruturas de significado que se articulam nos processos de atribuição de valor aos produtos que comercializam. A abordagem fenomenológica permite identificar redes sociais, culturais e simbólicas que frequentemente são deixadas de lado nas abordagens tradicionais sobre mercados e processos de valoração.

Palavras-chave

Economia social e solidária — Fenomenologia dos mercados — Sociologia fenomenológica — Sociologia da avaliação e da valoração — Valoração monetária e não monetária

Introducción

En los últimos años, ha habido un incremento notable en la investigación interdisciplinaria sobre los procesos de atribución de valor.1 Este crecimiento se debe a la expansión de los fenómenos de evaluación en las sociedades contemporáneas. Desde países, pasando por restaurantes, hoteles, estudiantes, daños ambientales, hasta investigaciones científicas, todo parece estar sujeto a una amplia gama de procesos de valuación.

No solo se observa un aumento significativo en las evaluaciones bajo la forma de rankings, sino que también se observan procesos de valoración o devaluación en diversos contextos. Estos incluyen juicios estéticos diarios sobre la música, las películas, la calificación del desempeño escolar, la evaluación de servicios y personas en plataformas en línea, así como procesos más complejos de evaluación, como los ratings de países y empresas, y los rankings de universidades.

Estos fenómenos son expresión de una tendencia de la sociedad actual a medir cosas, evaluarlas, calificarlas, clasificarlas o establecer un valor monetario para ellas. Nuestra vida cotidiana está atravesada por valuaciones y evaluaciones que hacemos del mundo social. Más aún, nosotros mismos somos objeto de valuación y evaluación. En este sentido, los procesos de valuación son “no solo ubicuos, sino que sus resultados participan en el ordenamiento de la sociedad”.2

Como consecuencia, se ha observado un crecimiento significativo en las investigaciones y la consolidación de un campo conocido como Sociología de la Valuación y la Evaluación (en adelante SVE) el cual se centra en el estudio de prácticas tales como valuación, evaluación, comparación, clasificación, jerarquización, ordenamiento o (des)calificación de objetos, servicios, personas, grupos sociales e instituciones. La denominación SVE fue tomada del estudio programático de Michèle Lamont, “Hacia una sociología comparativa de la valoración y evaluación”.3

Esta posición, desarrollada fundamentalmente en el contexto norteamericano, es validada en el campo académico germanoparlante, tal como lo muestra el libro Evaluación: contribuciones a la construcción social de la valoración4, en el que los autores deciden mantener la sigla SVE en inglés de manera intencional, buscando así alinearse con una etiqueta ampliamente utilizada a nivel internacional y permitir la apertura a publicaciones en otros idiomas.

La valoración se caracteriza comúnmente como un proceso multifacético que involucra una amplia gama de objetos y sujetos, y que adopta diversas formas. Algunas veces, se trata de calcular el valor de ciertos bienes o servicios, otras de producirlo y, a veces, se trata de ambas al mismo tiempo. Lo interesante de los procesos de valoración es que van más allá del establecimiento de los precios: “La valuación denota tanto el establecimiento de un precio monetario para la venta de un libro, como la valoración no-monetaria de la calidad académica de un artículo científico”.5 Esta coexistencia simultánea de diferentes valuaciones ha sido explicada por Viviana Zelizer, quien exploró la concurrencia de los aspectos económicos y afectivos que están presentes, por ejemplo, en las relaciones íntimas.6

Tomando algunas de estas ideas como punto de partida, nos propusimos estudiar los procesos de atribución de valor desde una perspectiva fenomenológica. Para lograr este objetivo, llevamos adelante un trabajo de tipo teórico en el que reconstruimos un esquema conceptual para el abordaje fenomenológico de los mercados y de los procesos de atribución de valor.

En paralelo, realizamos un trabajo de investigación empírica en el mercado de la Economía Social y Solidaria (en adelante ESS), en la Ciudad de Buenos Aires, durante los años 2017-2020 en la cooperativa COLSOL. Esta cooperativa se dedica a la intermediación solidaria de bienes de consumo cotidiano (principalmente alimentos), y se constituye en el nexo entre unidades productivas autogestionadas y consumidores individuales o agrupados que buscan específicamente este tipo de productos.

El caso, como se verá más adelante, no solo pone bajo la lupa la variedad de formas que adquiere la valuación, sino que también revela las tramas y texturas de este complejo sector de la sociedad argentina que se institucionalizó como ESS y está conformado por diversidad de organizaciones sin fines de lucro.

El trabajo empírico estuvo orientado por la pregunta respecto de cómo se dan los procesos de atribución de valor en un mercado en el que el lucro no es una finalidad. El artículo se estructura de la siguiente
manera: en la primera sección se presentan los fundamentos conceptuales necesarios para llevar a cabo un análisis fenomenológico de los mercados; a continuación, se desarrolla un esquema conceptual compuesto por tres dimensiones que sirven de base para la investigación empírica de un orden específico del mercado; finalmente, la tercera parte del artículo expone los resultados del estudio empírico, evidenciando la fecundidad del esquema conceptual propuesto para comprender los complejos entramados sociales, culturales e institucionales que articulan este mercado en particular.

Aspectos conceptuales del abordaje
fenomenológico de los mercados

Partimos de una mirada fenomenológica de los mercados en la línea de Patrik Aspers y Jens Beckert. Estos autores conciben los mercados como escenarios de interacción social que proporcionan una estructura y un orden institucional para el intercambio voluntario de derechos relacionados con bienes y servicios, lo que permite a los actores evaluar, comprar y vender esos derechos.7

Los mercados son entendidos como órdenes parciales dentro del mundo de la vida y se estructuran en torno a roles, actores o agentes económicos típicos.8 Estos actores desempeñan un papel central al “crear” o “construir” mercados. No obstante, esta construcción no se limita únicamente a los agentes económicos que institucionalizan mercados, ya que el Estado también ejerce una influencia significativa en la configuración de las relaciones económicas a través de textos legislativos y reglamentarios, por medio de incentivos económicos y políticas públicas.9 Las acciones estatales contribuyen, entonces, al desarrollo de los mercados y fomentan la participación de actores sociales diversos.10

Dos de las obras más destacadas de Aspers incluyen Mercados en la moda: un enfoque fenomenológico11 y Moda ordenada: una sociología de los mercados.12 El primero es un estudio empírico detallado que busca explicar el mercado de la fotografía de moda en Suecia. Mediante un estudio etnográfico exhaustivo de este mercado, el libro incorpora un enfoque fenomenológico con el propósito de abordar la perspectiva subjetiva de los actores que forman parte de él. Como afirma Karin Knorr Cetina,13 uno de los grandes logros del estudio de Aspers es que centra su atención de manera clara en el sujeto, algo poco común para los estudios de mercado. Su singularidad radica en que el sujeto no se considera únicamente una fuente de información para abordar las preguntas de investigación sobre la fotografía de moda y los mercados, sino que se lo entiende también como el núcleo generador de significados desde los cuales estos mercados son construidos por quienes los integran. Dichos significados se construyen tanto en el plano conceptual como a través de la práctica y la performatividad, al dar lugar a acciones concretas que expresan intenciones. Desde esta perspectiva, concebir al sujeto como centro de construcción de sentidos implica no asumir el mundo social como una realidad objetivamente dada, sino como una construcción significativa. De ahí que la tarea consista en desentrañar los significados que moldean ese mundo

El desafío de esta perspectiva consiste, entonces, en “muestrear” los significados de los actores. El estudio de Aspers se propone dirigir su atención hacia los fotógrafos, pero también hacia otros actores, especialmente aquellos del “lado productor” del mercado de la fotografía. En este sentido, los fotógrafos funcionan, en cierta forma, como los productores en un mercado laboral, mientras que los productores financieros e institucionales de la fotografía de moda son los editores de revistas y los directores de arte de las agencias de publicidad. Así, el lado productor no está conformado por individuos; en su lugar, lo componen “entidades colectivas”,14 como empresas y, en algunos casos, incluso corporaciones multinacionales.

Lo que Aspers logra al recuperar los significados de estos actores es arrojar luz sobre el papel de las respectivas empresas en el mercado. Busca comprender los roles, el estatus y los procesos de las revistas, la publicidad y la interrelación entre estas posiciones y empresas específicas. Utilizando un lenguaje fenomenológico, estas son las expectativas recíprocas, el “reflejo multifacético mutuo” del cual hablaba Alfred Schutz.15 Estos significados recíprocos son de una importancia central, ya que quizás son los más relevantes para dar forma “a una estructura de red (en lugar de una estructura atomística) de un mundo particular”.16

Aspers desarrolla diversas nociones teóricas y distinciones que resultan beneficiosas para la teoría del mercado. Introduce una tipología que identifica lo que él considera como “las distinciones más significativas en relación con diversos mercados”.17 En primer lugar, nos hace conscientes de que, al observar la fotografía de moda, nos encontramos no solo con un mercado, sino con varios. Esto es algo que podría generalizarse en la mayoría de las situaciones de mercado. Por ejemplo, un actor que es productor en el mercado de revistas de moda también es consumidor en el mercado de fotografías de moda y otros productos y servicios necesarios para hacer la revista. Aunque esto pueda sonar común, no es algo a lo que la mayoría de las investigaciones de mercado prestan atención. Normalmente sucede que no se está observando toda un área interconectada, sino solo un sistema de intercambio.

El mencionado autor también emplea aquí la noción de “mercados ascendentes” [upstream markets], que son aquellos cuyos productos se consumen, y los “mercados descendentes” [downstream markets], a los cuales se contribuye con productos. Estas nociones permiten trazar una distinción adicional entre los mercados finales —ubicados al término de la cadena y orientados exclusivamente a los consumidores— y los mercados ascendentes dentro del proceso productivo, como los mayoristas o industriales.18

Otra tipología que aporta el autor es la distinción entre lo que él denomina “mercados de roles” y “mercados de intercambio”. Los mercados de roles son aquellos en los que los productores y consumidores desempeñan roles fijos (ya sea el de productor o consumidor), mientras que los mercados de intercambio son aquellos en los que estos roles pueden cambiar en cualquier momento. Un ejemplo es el de un comprador de divisas en el mercado de cambio extranjero, que puede convertirse en vendedor en cualquier momento. Como resultado, los participantes están constantemente ocupados en identificar si sus contrapartes actúan como compradores o vendedores. A diferencia de los mercados de producción, que asignan roles fijos, los mercados financieros no se organizan en torno a roles estables.

Nuevamente, esta distinción puede parecer obvia, pero la mayoría de las investigaciones sobre mercados ignoran lo que Zelizer19 denomina las variaciones entre diferentes tipos de mercado que desafían “los modelos neoclásicos de un único mercado autónomo que se sustenta a sí mismo”.20 De hecho, el libro de Aspers retoma las ideas de Harrison White21 respecto del “carácter eminentemente social de las actividades de mercado”.22

Aspers también desarrolla la distinción entre “mercados asociados”, en los que productores y consumidores cooperan, por ejemplo, en la producción de un producto, y aquellos en los que no lo hacen, los “mercados disociados”. Esta también es una distinción útil e importante, ya que dirige la atención hacia cómo esta cooperación no solo da forma al producto, sino que también puede determinar o transformar su valor y el del productor.

En su segundo libro, Aspers aborda los mercados como órdenes parciales, y proporciona directrices para su comprensión. Aunque su trabajo parte de una situación empírica concreta —los minoristas de prendas de vestir de marca [branded garment retailers, BGRs] y los mercados en los que operan—, resulta necesario examinar los elementos que conforman dicho orden. Para explicar el orden parcial de un mercado específico,
el autor sostiene que es fundamental considerar los efectos combinados del valor, la estructura social y la cultura, en lugar de limitarse a una sola dimensión. En el caso de los minoristas de prendas de vestir, la distinción se organiza en torno a la ecuación moda/precio. El análisis se centra en lo que adquiere valor en ese espacio social, definido por el autor como
“la moda a precios accesibles” [affordable fashion], una de las dimensiones clave para comprender el orden en este tipo de mercado.

Es clave, entonces, analizar aquello que se valora, tal como se expresa en los objetos materiales que circulan en el mercado. Sin embargo, esta no es la única dimensión que permite describir el orden particular; también se debe considerar “la estructura social, que incluye a los participantes identificados que desempeñan roles de compradores y vendedores, así como la cultura inherente al mercado”.23

A continuación, desarrollamos estos ejes para abordar un orden específico del mercado. Si bien estas ideas generales constituyeron nuestro punto de partida para indagar los procesos de atribución de valor en la ESS, durante el transcurso de la investigación y en el diálogo con los hallazgos empíricos ampliamos y enriquecimos este esquema.24 En ese proceso, consideramos importante incorporar los aportes de la sociología fenomenológica de Schutz, ya que su trabajo nos permitió iluminar aspectos que habían sido pasados por alto en los trabajos de Aspers y Beckert. Como resultado, elaboramos un marco conceptual compuesto por una red de dimensiones que consolidamos como herramienta para el trabajo de investigación empírica, el cual constituye el principal aporte de este artículo.

El orden de los mercados

Morfología o estructura social del mercado

La primera dimensión que consideramos fue la morfología del campo o estructura social del mercado bajo estudio. Esta dimensión incluyó la caracterización y la definición de los “tipos” o grupos de actores que conforman el mercado en cuestión y los mercados que se encuentran conectados con el primero.25 También relevamos los lazos entre esos grupos. Tomamos como base la distinción de Mark Granovetter quien afirma que “la fuerza de un vínculo es una […] combinación del tiempo, la intensidad emocional, intimidad (confianza mutua) y los servicios recíprocos que caracterizan a dicho vínculo su historia, la frecuencia, la duración”.26

Nos preguntamos también por el tipo de interacción que tenía lugar en ese mercado: si predominan las relaciones cara a cara (relación-nosotros, en la terminología de Schutz), las relaciones de carácter anónimo
(o relación-ellos) o una combinación de ambas. Desde el punto de vista de su fenomenología, los grupos sociales se nos presentan en una gradiente que va de lo familiar a lo extraño, la que, a su vez, está atravesada por relaciones de jerarquías y subordinación. De acuerdo con el análisis de Schutz, pueden resaltarse diferentes dimensiones para el estudio de los vínculos entre grupos sociales.27 Estos pueden ser de naturaleza “afectiva”, en referencia al “sentimiento de integración o comunidad de intereses”,28 “interaccional” con relación a la “índole del vínculo que une al grupo, a la extensión, duración o intimidad del contacto social”29 y “cultural”, la que apunta hacia los “modos de vida” grupales, al encuadre cultural de cada grupo en términos de valoraciones, instituciones, sistemas de orientación y guías peculiares tales como “tipificaciones, relevancias, costumbres, moral y leyes que le son dadas de antemano a cada actor como un esquema de orientación e interpretación de sus acciones”.30

También pueden abordarse las relaciones entre grupos sociales desde el punto de vista de las diferentes actitudes y valoraciones de un grupo hacia la alteridad en términos de aceptación, tolerancia, intolerancia, hostilidad, confrontación, entre otras. De acuerdo con Schutz, y siguiendo el trabajo de William Graham Sumner, “el propio grupo es el centro de todo, y todos los demás grupos son clasificados y calificados en referencia al primero”.31 De este modo, el endogrupo no solo considera sus usos como los únicos “buenos y correctos”, sino que también justifica esa valoración de acuerdo con los símbolos que constituyen su “mito central” y que iluminan al propio grupo considerado como un “pequeño cosmos”.32

Estrechamente vinculado a lo anterior, indagamos en las formas en que circula la información, considerando qué “tipos de actores” se encargan de difundir y hacer circular el conocimiento.33 En esta dimensión, nos propusimos estudiar las estructuras sociales que sustentan las transacciones de este mercado, analizando las relaciones sociales entre los grupos que lo conforman y sus vínculos respecto a la información que circulan.34

Dimensión institucional
de los mercados

El segundo aspecto que estudiamos es el institucional. Partimos de
una concepción de las instituciones como conjunto sedimentado de configuraciones de significados, de procedimientos típicos de acción, de actividades y prácticas económicas tipificadas.35 Abordamos, asimismo, las relaciones entre los actores y el ámbito estatal (recuperamos los textos legislativos y reglamentarios, los incentivos económicos y las políticas públicas orientadas a ese mercado).

Además de los aspectos formales, analizamos las instituciones como procesos instituidos, siguiendo la perspectiva de Karl Polanyi.36 El análisis institucional de Polanyi coincide en algunos aspectos con el abordaje fenomenológico de las instituciones. Se ubica el foco en la constitución y en la construcción intersubjetiva de las instituciones sociales, las que son interpretadas como procesos instituidos e instituyentes por las acciones de los actores que las conforman, en términos de significados, tipificaciones, motivaciones, expectativas, relevancias y símbolos.

Esta línea del estudio de las instituciones tiene afinidad con los abordajes de Harold Garfinkel y Bruno Latour, quienes se ocupan de la construcción de las instituciones sociales a partir de describir los modos en los que los miembros definen las situaciones y orientan sus cursos de acción.37 En este sentido, “las interacciones subyacen incluso en las instituciones sociales más elaboradas”.38

Esta perspectiva nos permitió investigar la historia y el desarrollo del mercado bajo estudio, incluyendo su proceso de institucionalización.
De esta manera, pudimos examinar las prácticas económicas vigentes, en proceso de institucionalización, o en proceso de construcción, como el resultado de las motivaciones económicas que emanan de la vida social en su conjunto.39 Esta dimensión abarcó el análisis de los procesos de crisis institucional, el surgimiento de críticas, la creación de nuevas instituciones adaptadas a intereses y la interrelación y negociación de relevancias tanto impuestas como intrínsecas entre grupos sociales, lo que permitió reconocer que la divergencia o “dislocación” entre los grupos de intereses conduce a transformaciones en los procesos de institucionalización.40

Encuadre cultural
de los mercados

Como señalamos anteriormente, entendemos los mercados como órdenes parciales dentro del mundo de la vida que se estructuran en torno a roles, actores o agentes económicos típicos. Por lo tanto, una vez desarrollados los aspectos analíticos para comprender la estructura o la morfología de los mercados, así como su institucionalización, resulta imprescindible abordar la cuestión del encuadre cultural. En un sentido más amplio, la cuestión del orden en los mercados debe ser discutida en relación con “tres requisitos previos que deben cumplirse antes de que un mercado pueda surgir”.41 Estos tres requisitos previos del mercado presuponen un mundo vital que se da por sentado, compuesto por una cultura general, instituciones y esquemas valorativos de orientación que son el fundamento de todo tipo de acción social.

En primer lugar, debe considerarse “de qué se trata el mercado”.
La diferenciación del mercado discutida anteriormente implica que distintos mercados se centran en aspectos diversos. Se puede decir que cada mercado valora algo distinto. En otras palabras, aunque todos comercialicen prendas de vestir, estas son lo suficientemente distintas como para configurar mercados diferentes. Aspers muestra cómo el mercado de la
“moda a precios accesibles” es diferente, por ejemplo, del mercado de
aviones, pero más importante aún, también difiere de los mercados de alta costura y del mercado de compra de ropa en línea, aunque estos mercados también están relacionados con la moda. Se puede hablar, entonces, de la diferenciación de los mercados, de modo que las “cosas” que en un sentido son similares se comercian en un “mismo” mercado.42

En segundo lugar, es necesario analizar “cómo se realizan las actividades en el mercado”. Esto se relaciona con la cultura del mercado, que define las “reglas de participación” a través de instituciones formales e informales. Este aspecto implica un conjunto de creencias, herramientas y comportamientos, como el discurso y la práctica, adecuados a ese contexto específico. Además, abarca la noción de “reglas de intercambio” y está estrechamente vinculado a la narrativa del mercado. Dicha cultura incluye ideas sobre qué es un mercado y cómo se espera que se comporten sus participantes, por ejemplo, los compradores. De esta manera, contribuye a establecer el orden del mercado al prescribir conductas permitidas y prohibidas, junto con sus sanciones correspondientes.

Muchos de estos aspectos se aplican de manera similar en distintos mercados, como ocurre cuando una misma legislación regula mercados en todo un país, lo que permite hablar de una “cultura general de mercado”. De este modo, los mercados tienen sus raíces en la vida cotidiana y se sustentan en un conjunto de significados asumidos, frecuentemente descritos en términos culturales. Dichos significados son considerados evidentes tanto dentro como fuera de los mercados.

Aunque cada mercado puede distinguirse por elementos culturales propios, también es posible reconocer una cultura general de mercado bien establecida que está integrada en las prácticas cotidianas. Este aspecto guarda similitud con lo que Luc Boltanski y Arnaud Esquerre43 definen como estructuras mercantiles (commodity structures). Los actores sociales, ya sea que estén comprando o vendiendo, están continuamente inmersos en un universo de mercancías.

Este universo no es opaco; es un sistema organizado por estructuras mercantiles. Estas estructuras establecen relaciones entre los productos, sus precios y el valor atribuido a ellos, y se modifican conforme cambia la forma del capitalismo. Gracias a estas estructuras, los actores pueden orientarse en el universo de las mercancías. Han internalizado una competencia tácita para interactuar con ellas, pueden participar en el comercio y, lo más importante, pueden emitir juicios sobre la relación entre los productos y sus precios.

Finalmente, el tercer requisito se relaciona con la determinación del valor, es decir, con el desafío de evaluar y establecer el precio de aquello que se comercia en el mercado. En este sentido, los precios emergen de diferentes maneras según el tipo de mercado. Dado que existe una cultura de mercado que orienta sobre lo que está permitido o prohibido hacer y facilita que los actores comprendan lo que se está negociando, el valor económico del bien puede y debe ser definido. Este valor se expresa habitualmente en términos de precios, los cuales permiten comparar productos con otras mercancías y servicios.

Analizamos estos aspectos entendiendo que los mercados son ámbitos en los que “se producen y circulan significados: evaluaciones, apreciaciones, descripciones, teorías, cálculos”.44 Estudiamos, entonces, las pautas culturales, sus correspondientes saberes habitualizados y los conocimientos en el marco de los cuales se elaboran las expectativas de roles y las
acciones típicas. Indagamos los modos de vida grupales: los hábitos,
las costumbres, las valoraciones, las relevancias, las estructuras motivacionales y de intereses, los esquemas interpretativos y los símbolos asociados a las identidades grupales.45

Nos interesó estudiar particularmente qué (e)valuaciones, clasificaciones y calificaciones respecto de determinados objetos, o respecto de otros grupos o actores circulaban en ese mercado, y cómo se articulaban las justificaciones y las legitimaciones de los procesos de atribución de valor monetario.46

Resultados del trabajo empírico

Presentación del referente
empírico

Partiendo del esquema conceptual presentado, investigamos el proceso de atribución de valor monetario en un mercado en el que la maximización de la ganancia no es la motivación grupal dominante, ya que la “no finalidad de lucro” es una relevancia grupal que al estar institucionalizada en la Ley se da por sentada. Se abordó el estudio de la ESS en la Ciudad de Buenos Aires (2017-2020) y se investigó el caso de la cooperativa de trabajo COLSOL.

En este campo del conocimiento generalmente no se trabaja sobre la hipótesis de roles y, por este motivo, se buscó aportar a la pregunta por el valor en ese mercado desde la descripción de su estructura social.
En términos de Aspers, el sentido de la ESS que orienta las acciones de las comercializadoras solidarias organizadas bajo la figura de cooperativas de trabajo es el de la intermediación solidaria. Sus trabajadores autogestionan una actividad económica que implica la compra y la venta de productos para el consumo final (alimentos y bienes de uso cotidiano, como artículos de limpieza y perfumería) y buscan que, a partir de dichas transacciones, se obtenga un excedente que sea la retribución al trabajo de las personas asociadas.

La cultura o regla de compromiso en este mercado excede el interés individual, ya que sus agentes gestionan la intermediación a partir de atributos y prioridades distintas a las que predominan en la intermediación tradicional de carácter lucrativo. El valor radica en el tipo de producto que se ofrece —según su origen y calidad—, en la forma organizativa de la producción y en el vínculo que se establece con el resto de los actores del mercado.

Para indagar estas cuestiones, se llevó a cabo un relevamiento documental de fuentes primarias —como documentos internos, manifiestos, comunicaciones varias, publicaciones en redes sociales, mailings, folletos y otros materiales de difusión— y de fuentes secundarias, que incluían apariciones en medios de comunicación e instrumentos de divulgación.

En segunda instancia, realizamos veinticinco entrevistas. Entrevistamos a cuatro informantes claves que eran expertos en el área de estudio y personal de la autoridad de control. Ellos fueron consultados sobre el estado actual del sector y sobre experiencias similares de cooperativas de trabajo. Entrevistamos en profundidad a todos los integrantes de COLSOL, así como a consumidores, productores y miembros de otros grupos de intermediación solidaria. Estas entrevistas se realizaron en el punto de venta de COLSOL, en el Mercado Solidario Bonpland y en la Feria del Productor al Consumidor organizada por la Cátedra Libre de Soberanía Alimentaria de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires.

En esos lugares también realizamos observaciones etnográficas e investigación fotográfica. Realizamos observaciones en el marco de varias jornadas abiertas de sensibilización organizadas por COLSOL en el Mercado Solidario Bonpland y también acompañamos a sus integrantes en diversas actividades vinculadas a su quehacer cotidiano, como reuniones sectoriales y exposiciones en congresos, espacios en los que interactuaban con pares, organizaciones afines y otros actores estratégicos para su desarrollo.

Todas nuestras observaciones fueron del tipo directas, no mediadas y no controladas, es decir, en su ambiente “natural” para no alterar el contexto. Su grado de estructuración fue intermedio y estuvo dado por un esquema de aspectos observables. Nuestro rol fue participante o activo porque rescatamos de este tipo de aproximación la noción del compartir47 como la “actitud natural” que se da en los espacios solidarios y, por lo tanto, la forma de interactuar menos disruptiva y que genera menor reactividad. En este sentido, nuestro involucramiento prolongado en el campo mediante la observación nos permitió elaborar de manera reflexiva los aspectos teóricos y empíricos48 en toda su complejidad, y abordar los
roles desempeñados, las interacciones resultantes y los significados que los actores construyen y atribuyen a su mundo.49

La estructura social del mercado
de la ESS

En línea con la propuesta de Aspers, identificamos que, en este mercado, llevan adelante las actividades de comercialización tres “tipos de actores”: productores, intermediarios y consumidores de bienes de consumo cotidiano.

Los productores son sujetos colectivos que organizan su trabajo de manera asociativa y democrática y buscan colocar su producción en dispositivos que pongan en valor dichas estrategias mediante una consideración respetuosa de su trabajo. En general, se trata de cooperativas, emprendimientos comunitarios o unidades productivas de la agricultura familiar. Estos actores consideran que la unión horizontal con pares resulta una de las mejores estrategias para acceder al mercado, tal como relata una productora agrícola de cincuenta y siete años: “El trabajo colectivo y estar organizados para nosotros es una ventaja terrible porque podemos sacar todo lo que producimos con las manos nuestras”. Esta productora, al igual que muchos, se reconoce como un sujeto desfavorecido por la
estructura de comercialización dominante y asigna al asociativismo y
la autogestión un carácter estratégico para su supervivencia.

Adicionalmente, en este mercado no solo se resuelve la sostenibilidad de las unidades productivas, sino que también entran en juego las valoraciones sobre los procesos y sobre la huella que cada uno puede dejar en lo que hace, algo que queda en evidencia en productos más duraderos como los textiles o las artesanías: “Para mí es una gran satisfacción. Es donde ponemos el corazón de todo nuestro trabajo. Es una forma de reproducir mi propia vida, pero también de reproducir mi experiencia”, comenta una productora textil de cuarenta y cuatro años. Y es por esto, afirma, que “más allá de que sea mucho o poquito, lo lindo para nosotros, como para mí y mi compañera, es que la gente nos conozca y vea todo lo que producimos”.

Para los productores, en definitiva, no solo es importante “ganar” en el cálculo final, sino trascender en una visión de conjunto o continuum con los demás roles que interactúan en el mismo mercado, haciendo que “el otro” sea mucho más cercano y con mayor predisposición a vincularse.

Los intermediarios, en quienes centramos la atención de nuestra investigación, también se constituyen como sujetos colectivos que, a través de la actividad de comercialización, orientan sus acciones hacia la construcción de otro tipo de vínculos entre las personas. “Nexo”, “pivot” o “enlace”, el rol intermediario es desplegado por actores que hacen mucho más que revender mercancías: agregan valor. Buscan, seleccionan y contactan a productores que trabajen dentro de un marco compartido de valores, especialmente aquellos que operan bajo formas asociativas. También se encargan de organizar la logística, acordar condiciones económicas y monetarias, y ordenar la oferta de productos, generando y difundiendo información tanto sobre los bienes como sobre las personas que “están detrás” de esos productos. Además, interactúan con los consumidores y coordinan instancias de encuentro, eventos y espacios de intercambio.
En otras palabras, hacen que la intermediación sea una recreación de aquellos antiguos mercados donde todos se encontraban para dar, recibir y devolver.

Pero también, en esta versión contemporánea, convierten al mercado en una arena donde se defienden ideas y valores, proyectos y modos de interpretar el intercambio, donde se hace tangible la construcción de nuevos modelos económicos. Ser intermediarios implica, desde una perspectiva subjetiva, asumir un esquema de responsabilidades que trasciende la preocupación por la sostenibilidad del proyecto como medio de vida. Esta posición asumida orienta su acción hacia la construcción de nuevos vínculos entre las personas. Para ilustrar la singularidad de lo que describimos, citaremos un fragmento de un documento público que expone la razón de ser de la cooperativa: “Nos orienta la certeza de que con el acto de compra que ejercemos día a día, podemos tomar la decisión de revertir la opresión que atraviesan muchos productores, colaborando en la construcción de prácticas socialmente justas y responsables”.50

Por lo tanto, los intermediarios desarrollan una mirada crítica sobre los procesos de producción, distribución y consumo, al tiempo que problematizan los objetos económicos, como sucede con la construcción de los precios y las formas en que estos son comunicados, tema que se abordará más adelante.

Por su parte, los consumidores buscan ejercer un consumo crítico, cuestionando qué productos se comercializan, cómo se producen, quiénes los elaboran, qué impacto generan y bajo qué condiciones llegan a sus manos. Se trata de sujetos que buscan consumir “de otra manera”, es decir, de una forma diferente a la que propone el sistema de distribución moderna (principalmente en el rubro de los alimentos). En esta construcción de la distinción e identidad emergen argumentos y significados de carácter ético y político, que remiten a una finalidad social y a la contribución al bien común. Concretamente, para estas personas, comprar en este espacio —y no en otro— implica ya una apuesta por el desarrollo de un mercado sostenido en otros valores.

Así lo relata una consumidora de cuarenta y tres años: “Se forman lindos grupos porque hay solidaridad y compromiso. Está bueno porque todos tiramos para un mismo lado. Y para mí el compromiso es fundamental”. Ese compromiso está asociado a la idea de responsabilidad hacia “los otros”: “Si vos sos responsable y asumís que vas a comprar todas las
semanas, lo ideal es que lo cumplas porque si no, perjudicás a todos los que están atrás de esto. Nunca hay que dejar de pensar en el otro”.
De este modo, ese compromiso se renueva con cada compra, lo que convierte cada acción de compra en un gesto de solidaridad y una contribución a esa finalidad común.

Todos estos actores se perciben a sí mismos como miembros del grupo o colectivo denominado “Otra economía” y generan un rango de actividades económicas opuestas a las de la economía tradicional habitualmente caracterizada por la despersonalización, la concentración y acumulación de ganancia, el consumo entendido como una acción aislada, individual y deslocalizada, y el rechazo de la dimensión moral de los mercados.
En oposición a eso, las relevancias económicas específicas de este grupo de actores se orientan hacia la búsqueda del bien común, la solidaridad y la construcción de lazos de cercanía y de relaciones cara a cara.

En los mercados tradicionales, la disociación temporal y espacial entre productores y consumidores conduce al anonimato y socava la posibilidad de relacionarse con otros actores económicos, comúnmente denominados eslabones de la cadena productiva. En contraposición a esto, las relaciones que se establecen entre los miembros de este grupo son generalmente relaciones cara a cara en el mercado que resultan de procesos de convivencia y simultaneidad.

Entrar en contacto con el apicultor o con quien produce yerba mate, por ejemplo, no solo es posible, sino deseable. Los consumidores pueden relacionarse con los productores, preguntarles sobre el origen de los productos y su proceso de elaboración, sobre la organización de su emprendimiento y el impacto que este ha generado en su propia vida.

Las relaciones cara a cara en el mercado se fomentan a través de distintas estrategias: la presencia de los productores durante los actos de venta; la organización, por parte de los intermediarios, de reuniones periódicas especialmente pensadas para propiciar el intercambio entre productores, consumidores e intermediarios; o bien, mediante visitas de los intermediarios a las zonas rurales de producción, donde conocen personalmente a los productores y documentan sus historias, que luego comparten con los consumidores.

En este sentido, los miembros de la cooperativa COLSOL emergen como “intermediarios”, una figura central que facilita la circulación de información y conocimiento, como detalles sobre la trazabilidad de los
productos y las unidades productivas de origen, lo que influye así en
los procesos de valoración. Su centralidad radica en la capacidad para articular con los demás actores (productores y consumidores), difundir saberes, generar valor y construir identidades colectivas.

De grupo de amigos
a cooperativa de trabajo

Del mismo modo que en una primera instancia se observó que el rol de los intermediarios en el mercado de la ESS tiene la capacidad de moldear el mercado, también se ha evidenciado que el Estado influye en estas relaciones a través de la normativa vigente (Ley de Cooperativas 20.337), el órgano de aplicación, control y fomento (Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social, INAES) y las políticas públicas dirigidas tanto al proceso de formación y control de precios como a la promoción de los mercados de cercanía. Así, se ha visto a lo largo de
la investigación que las acciones estatales tuvieron un evidente impacto en el campo de estudio, tanto en la formación de los mercados “alternativos” como en la consolidación de los mercados “tradicionales”.

Los obstáculos o fomentos para regularizar la actividad económica de productores e intermediarios, la jerarquización en la compra pública, el crédito o la ayuda económica para la ampliación de los emprendimientos, el involucramiento en la formalización de entidades de segundo o tercer grado (como redes o federaciones) y la contemplación en programas con inclusión social son apenas algunos ejemplos de cómo el Estado puede contribuir a moldear estas fuerzas y a segmentar la participación de diversos sectores de la sociedad.

Por otra parte, la reconstrucción de la historia, la génesis y el proceso de institucionalización de la cooperativa se llevó a cabo identificando dos etapas que pueden interpretarse como respuestas a problemas económicos
concretos. La primera corresponde a su institucionalización como cooperativa de consumo, y la segunda, a su transformación en cooperativa de trabajo, procesos que implicaron la creación de una figura jurídica con un objeto social definido y la realización de las presentaciones correspondientes ante el organismo de control.

Se observó que la modificación de la regulación institucional trajo aparejado un cambio en la consolidación de los tipos de actores de la cooperativa, quienes pasaron de ser “consumidores” en la primera etapa, a ser “trabajadores”, en la segunda. Esto originó dinámicas de reajuste de prioridades o relevancias, acciones, expectativas económicas típicas, y saberes compartidos, entre otros aspectos.

Para poner en contexto al caso de estudio, conviene aclarar que la comercialización y el consumo organizado dentro del campo de la ESS en la Ciudad de Buenos Aires es un campo empírico en el que circulan diversidad de actores con estrategias muy específicas. Según un informe del Ministerio de Desarrollo de 2019,51 estas estrategias han seguido una evolución marcada por tres etapas históricas: (a) el período previo a la crisis de 2001, caracterizado por la autopercepción de la sociedad civil como “Tercer Sector”; (b) el período “entre crisis” (2002-2015), asociado a la formalización de los emprendimientos, generalmente bajo la figura de cooperativas de trabajo, etapa durante la cual se creó COLSOL;
y (c) el período posterior a la crisis de 2015, vinculado al impulso de los movimientos sociales que han actuado como actores de contención social.

Las organizaciones surgidas durante estas tres etapas coexisten actualmente en la Ciudad de Buenos Aires, cada una con sus particularidades. Entre ellas, las cooperativas de trabajo destacan por su mayor envergadura, debido a su escala, capacidad organizativa, anclaje territorial y trayectoria histórica. Estos factores permitieron adoptar una perspectiva longitudinal para comprender el proceso de institucionalización de este mercado. Dentro del conjunto de cooperativas de trabajo dedicadas a la intermediación solidaria, COLSOL emerge como un caso paradigmático.

Según el relato de sus protagonistas, COLSOL nace a partir de la inquietud de un grupo de amigos estudiantes que se reunieron para apoyar a las fábricas recuperadas organizando compras colectivas de los productos que dichos establecimientos elaboraban (los ya emblemáticos salamines de Torgelón y chocolates de Arrufat). A medida que fue creciendo la organización, se involucraron en el conocimiento y en el compromiso con las entidades de la ESS.

En la evolución de esta iniciativa, sucedieron dos hitos significativos para el grupo: la oportunidad de recuperar, a partir de una asamblea vecinal, un viejo mercado municipal que sería destinado a la comercialización solidaria (que es hoy el Mercado de Bonpland) y la creciente necesidad de formalización del colectivo para incorporar a nuevos sujetos a su estructura de compra solidaria y, de este modo, ampliar la variedad y la cantidad de bienes elaborados por otros productores autogestionados. Nació así una cooperativa de consumidores que desarrollaría sus actividades en un mercado barrial, junto con otras organizaciones de la ESS.

Años más tarde, luego de funcionar como una cooperativa de consumo, COLSOL reconoció un nuevo problema: para ampliar su estructura tenían que emplear personal que pudiera dedicarle el tiempo necesario a las tareas de gestión y logística que ya habían excedido el límite del trabajo voluntario que cada uno podía aportar.

Ante el cuestionamiento sobre la contratación de mano de obra subordinada, este grupo se reconvirtió en una cooperativa de trabajo en la que sus integrantes dejaron de ser meros consumidores responsables para trabajar, de manera autogestionada, como agentes de una comercialización alternativa, lo que les permitió constituirse como nexo entre los productores y los consumidores. Estas decisiones se constituyeron en hitos de
la biografía común y, al mismo tiempo, colaboraron en la construcción
de su identidad y de los significados culturales compartidos.

Un mercado
para el bien común

Si bien a simple vista en este mercado circulan alimentos y bienes de uso cotidiano que pueden ser adquiridos por cualquier persona, no se trata de un mercado más. Existe una singular cultura general de mercado que gira en torno a una ética de la responsabilidad por la vida en común.

Los tres tipos de actores (productores, intermediarios y consumidores) comparten significados endogrupales o colectivos, relevancias, motivaciones e intereses que giran en torno a la idea de una “economía orientada hacia la vida” y hacia el “bien común”. Estos significados tienen como contracara la denuncia a las desigualdades de las instituciones económicas dominantes y sus relevancias impuestas. Estas motivaciones propician la construcción de procesos de valuación alternativos en los que el precio se considera desde un ángulo político.

Como mencionábamos anteriormente, en este encuadre cultural que experimentan los sujetos, prevalecen las nociones de no finalidad de lucro, autogestión, solidaridad, gobierno democrático y horizontalidad en los modos de gestión y conducción. En oposición a las relevancias impuestas basadas en la racionalidad instrumental, las relevancias intrínsecas se traducen en la viabilidad de un proyecto de alteración del sistema de comercialización dominante, donde la clave reside en la producción social del conocimiento, a partir de la difusión de la historia y la realidad de los productores y en la transparencia de los procesos comerciales.

En otras palabras, desde el punto de vista de los consumidores, si solo necesito comprar huevos puedo ir aquí o allá; si necesito comprar huevos a determinado precio, iré a uno u otro lugar; pero si considero a cada acción de compra como un evento que genera un impacto significativo en la vida de las personas que intervienen en el circuito de comercialización, definitivamente me acercaré a un mercado solidario. Y lo mismo sucederá con las acciones de productores e intermediarios.

Por otro lado, un hallazgo interesante es que estas personas no desconocen la producción teórica52 y las definiciones institucionalizadas relativas al mundo de la “Otra economía”. Sin embargo, sus interpretaciones reelaboran, adecúan y resignifican esa producción teórica. En este sentido, los saberes que circulan y se llevan a la práctica con una coloración específica poseen, además, un carácter performativo, puesto que crean el mismo tipo de economía que dicen describir.

En el año 2015, “Hacé justicia por compra propia” se convirtió en el lema (y emblema) de la cooperativa, que logró sintetizar un llamado a la acción cargado de sentido y posicionó a la organización como abanderada de un nuevo sistema de comercialización. Las relevancias y motivaciones asociadas a la noción de “justicia por compra propia”, junto con la percepción de la capacidad para alterar lo histórico mundano mediante acuerdos de intercambio en situaciones de mercado, evidencian la singularidad del fenómeno de los mercados en la ESS.

Así, se pueden encontrar valoraciones éticas relativas a los productos y a los circuitos productivos que simbolizan la realización de la justicia en todos los ámbitos posibles (ambiental, laboral, económico, etc.). Estas valuaciones se imponen por encima de las características de los bienes y objetos económicos. En pocas palabras, no se mira solamente el precio, sino que se busca constantemente ese “detrás”, ya sea en la historia de los productos o en la trazabilidad del precio. Y este último pasa a ser un valor monetario que condensa un sistema de reivindicaciones colectivas, un proyecto político compartido que denuncia las desigualdades de la intermediación tradicional y que pone a la vida de las personas en el centro de la escena.

Esta información sobre “el detrás” circula gracias a la acción del rol intermediario que, en lugar de especular u ocultar información, decide visibilizar los roles con sus problemas típicos y los horizontes de acción con las estrategias construidas colectivamente. De tal modo, la circulación total de la información no solo deja fuera de la ecuación a la incertidumbre a la hora de calcular un valor, sino que reparte las responsabilidades entre los distintos roles. La “justicia por compra propia” deja de pertenecer exclusivamente a la esfera del consumidor individual y pasa a ser una construcción colectiva entre productores, intermediarios y consumidores.

Comentarios finales

Si bien este artículo se centra en la investigación realizada durante un período específico (2017-2020), resulta pertinente preguntarse cómo continuaron los procesos de atribución de valor en dos momentos críticos para el sector: la pandemia de COVID-19 y el giro político en la gestión gubernamental en 2023. En relación con la pandemia, logramos dar continuidad a nuestras investigaciones y ponerlas en diálogo, lo que nos permitió identificar importantes continuidades con las ideas desarrolladas en este trabajo, junto con rasgos específicos.53

En el ámbito de la intermediación solidaria, se produjo un auge en las ventas debido a factores como las estrategias de cercanía (envíos a domicilio y puntos de retiro), la estabilidad de los precios (contrastando con la especulación en el sector lucrativo) y el cuidado mutuo (aplicación de protocolos sanitarios y trazabilidad garantizada). La llegada de una “amenaza externa”, la reconfiguración de los desplazamientos y la reducción de los encuentros cara a cara activaron nuevos significados culturales relacionados con el consumo de bienes esenciales y la relación con los proveedores. Este proceso reveló una convivencia entre motivaciones instrumentales, propias de los nuevos públicos, y motivaciones solidarias, características de los consumidores habituales de estos espacios. Sin embargo, el auge comercial resultó ser en gran parte circunstancial y difícil de sostener una vez finalizado ese contexto excepcional.

Aunque las ventas disminuyeron tras la pandemia, no se registró una caída drástica, y quedó un saldo positivo: el contexto permitió visibilizar y problematizar cuestiones vinculadas a la concentración del mercado de
alimentos y a los procesos productivos, sensibilizando a un segmento
de la población previamente distante de esta problemática.

En paralelo, la situación política experimentó un giro abrupto con la llegada de un nuevo gobierno en 2023, que afectó directamente al sector de la ESS. Dado que muchas políticas públicas relevantes emanaban del Ministerio de Desarrollo Social, su transformación en “secretaría”, dentro de una nueva estructura ministerial, implicó la desarticulación y la reconversión de numerosos programas. Este cambio estructural consolidó una nueva perspectiva estatal hacia los movimientos sociales y las iniciativas colectivas, y reemplazó los programas de apoyo a actores plurales por una lógica de asistencia focalizada en sujetos individuales. Dado que este giro político y su correspondiente política de Estado quedaron fuera del período analizado en esta investigación, futuros estudios podrían profundizar en sus impactos a largo plazo en el sector de la ESS.

En cuanto a la dimensión teórica de este estudio, la consolidación de
un marco conceptual para investigar un orden específico de mercado desde una perspectiva fenomenológica nos permitió revelar, a través de nuestra investigación empírica, complejos entramados sociales, culturales y
simbólicos que suelen quedar relegados en los enfoques tradicionales sobre los mercados y los procesos de atribución de valor.

En términos amplios, la investigación nos permitió distinguir dos construcciones de valor diferentes que emergieron al abordar el caso estudiado, las que, en los términos de Luc Boltanski y Laurent Thévenot,54 arraigan en distintas “lógicas de justificación”. Estos autores abordan el problema del valor a partir de la noción de “ciudades”. Según su perspectiva, las justificaciones del capitalismo se basan en construcciones normativas generales que se denominan ciudades, las que son definidas como regímenes de justificación, como órdenes legítimos que reposan sobre principios de justicia. Muchos regímenes de justificación coexisten dentro de un espacio social: la ciudad inspirada, la ciudad doméstica, la ciudad del renombre (o de la opinión), la ciudad cívica, la ciudad mercantil y la ciudad industrial. Cada ciudad reposa en un principio de (e)valuación, cada una de ellas constituye una gramática de justificación. En el caso de la ciudad cívica, el valor se atribuye teniendo en cuenta la voluntad general y el bien común. Por su parte, en la ciudad mercantil el valor se atribuye a quien se enriquece ofreciendo servicios y sabiendo aprovechar las oportunidades de un mercado competitivo.

Tomamos estas dos construcciones de valor porque en el caso estudiado ambas aparecen mencionadas de un modo contrastante en las narrativas de los actores. Frente al anonimato del sistema económico dominante y su finalidad de maximización de la ganancia y el lucro, este grupo de actores económicos posee dos claros propósitos. En primer lugar, la reivindicación de las relaciones económicas cara a cara, y en segundo, la reciprocidad y el bien común como fundamento de las acciones económicas.

En la gramática de justificación de la economía dominante, en la que predomina la lógica del mercado, el objeto de valuación será considerado desde el ángulo de la maximización de ganancia y la búsqueda de la resolución de las necesidades individuales. Por otro lado, en la gramática de la “Otra economía” predomina una lógica cívica en la que la valuación monetaria de los bienes se basa en el interés colectivo con un fuerte énfasis en la solidaridad y en la autogestión.

La investigación también demostró que estas construcciones de valor contrastantes son comparadas una con la otra por los actores tanto en sus narrativas como en sus prácticas concretas, especialmente por aquellos que, como COLSOL, atraviesan procesos de institucionalización.


  1. 1 Para un desarrollo más detallado, puede consultarse a Daniela Griselda López y Lionel Lewkow, “Introducción al Dossier procesos de valuación monetaria y no monetaria”, Revista Sudamérica 18 (2023).

  2. 2 Fabian Muniesa y Claes-Fredrik Helgesson, “For what it’s worth: An introduction to valuation studies”, Valuation Studies 1, n.o 1 (2013): 3.

  3. 3 Michèle Lamont, “Toward a comparative sociology of valuation and evaluation”, Annual Review of Sociology 38, n.o 1 (2012).

  4. 4 Stefan Nicolae, Martin Endress, Oliver Berli y Daniel Bischur, (Be)Werten: Beiträge zur sozialen Konstruktion von Wertigkeit (Wiesbaden: Springer VS., 2019). Todas las traducciones son de nuestra autoría.

  5. 5 Muniesa y Helgesson, “For what it’s worth”, 6.

  6. 6 Viviana Zelizer, La negociación de la intimidad (Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2009).

  7. 7 Jens Beckert, “El orden social de los mercados”, Comunicación, Cultura y Política 1, n.o 2 (2009).

  8. 8 Patrik Aspers, Orderly fashion: A sociology of markets (Princeton, New Jersey: Princeton University Press, 2010).

  9. 9 Federico Lorenc Valcarce, “Sociología de los mercados: modelos conceptuales y objetos empíricos en el estudio de las relaciones de intercambio”, Papeles de Trabajo 9 (2012).

  10. 10 Neil Fligstein, The architecture of markets: An economic sociology of twenty-first-century capitalist societies (Princeton: Princeton University Press 2001); Pierre Bourdieu, Las estructuras sociales de la economía (Buenos Aires: Manantial, 2002); Aspers, Orderly Fashion.

  11. 11 Patrik Aspers, Markets in fashion: A phenomenological approach (New York: Routledge, 2006).

  12. 12 Aspers, Orderly fashion.

  13. 13 Knorr Cetina, “Foreword”, en Markets in fashion.

  14. 14 Alfred Schutz, Fenomenología del mundo social (Buenos Aires: Paidós, 1972 [1932]), 227-228.

  15. 15 Schutz, Estudios sobre teoría social: Escritos II (Buenos Aires: Amorrortu Editores, 2003), 41.

  16. 16 Knorr Cetina, “Foreword”, x.

  17. 17 Aspers, Markets in fashion, 13.

  18. 18 Ibid.; Knorr Cetina, “Foreword”.

  19. 19 Viviana Zelizer, El significado social del dinero (Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2011).

  20. 20 Ibid., 252.

  21. 21 Harrison White, “Varieties of Markets”, en Social structures: A network approach, ed. por Barry Wellman y S. D. Berkowitz (Cambridge: Cambridge University Press, 1988).

  22. 22 Aspers, Markets in fashion, 11-26.

  23. 23 Aspers, Orderly fashion, 34.

  24. 24 Asumimos aquí una perspectiva alineada con desarrollos recientes del campo disciplinar de la sociología de orientación fenomenológica que abogan por la integración de enfoques fenomenológicos en los estudios sociocientíficos y la construcción teórica. Esta perspectiva busca fundamentar y evaluar contribuciones a través del trabajo teórico, metodológico y empírico, resaltando la estrecha relación entre investigación y teoría para evitar su separación en el trabajo sociológico. Ver Jürgen Raab, Michaela Pfadenhauer, Peter Stegmaier, Jochen Dreher y Bernt Schnettler, “Einleitung der Herausgeber. Phänomenologie und Soziologie. Grenzbestimmung eines Verhältnisses”, en Phänomenologie und Soziologie: theoretische Positionen, aktuelle Problemfelder und empirische Umsetzungen, ed. por Jürgen Raab, et al. (Wiesbaden: VS-Verlag, 2008).

  25. 25 Patrik Aspers, “Empirical henomenology: Aqualitative research approach”, The Indo-Pacific Journal of Phenomenology 9, n.o 2 (2009); Cetina, Markets in Fashion.

  26. 26 Mark Granovetter, “The strength of weak ties”, The American Journal of Sociology 78, n.o 6 (1973): 1361.

  27. 27 Estos vínculos también pueden analizarse a partir de la distancia social que separa a estos grupos. La distancia social se entiende como la relación de cercanía o lejanía, familiaridad o extrañeza, que se experimenta en el mundo social en términos de “nosotros” y “ellos”. Para un análisis más detallado, se puede consultar el artículo de Daniela Griselda López, “A phenomenological approach to the study of social distance”, Human Studies 44 (2021).

  28. 28 Alfred Schutz, “La igualdad y la estructura de sentido del mundo social”, en Estudios sobre teoría social: escritos II, ed. por Arvid Brodersen (Buenos Aires, Madrid: Amorrortu Editores, 2003 [1957]), 232.

  29. 29 Ibid., 233.

  30. 30 Ibid., 227.

  31. 31 Ibid., 226.

  32. 32 Ibid.

  33. 33 Alfred Schutz, El problema de la realidad social: escritos I, ed. por Maurice Natanson (Buenos Aires: Amorrortu, 2003); Schutz, Escritos II.

  34. 34 Alex Preda, Information, knowledge, and economiclLife: An introduction to the sociology of markets (Oxford: Oxford University Press, 2009).

  35. 35 Johann Michel, “Filosofía y sociología hermenéutica de las instituciones”, en Fenomenología y hermenéutica en la sociología contemporánea, ed. por Jorge Enrique González (Bogotá: Universidad Nacional de Colombia, 2018); William Hamrick, An existencial phenomenology of law: Maurice Merleau-Ponty (Dordrecht: Springer, 1987).

  36. 36 Karl Polanyi, “The economy as instituted process”, en The sociology of economic life, ed. por Mark Granovetter y Richard Swedberg (Boulder, CO: Westview Press, 1992); Polanyi, La gran transformación: los orígenes politicos y económicos de nuestro tiempo (México: Fondo de Cultura Económica, 2017).

  37. 37 Harold Garfinkel, Studies in Ethnomethodology (New Jersey: Prentice-Hall, 1967); Bruno
    Latour, Investigación de los modos de existencia: una antropología de los modernos (Buenos Aires: Paidós, 2013).

  38. 38 Alain Coulon, Etnometodología y educación (Barcelona/Buenos Aires/México: Paidós, 1995), 42.

  39. 39 Polanyi, La gran transformación.

  40. 40 Alfred Schutz, “El forastero: ensayo de sicología Ssocial”, en Estudios sobre teoría social: escritos II
    (Buenos Aires: Amorrortu, 2003 [1944]); “El ciudadano bien informado: ensayo sobre la distribución social del conocimiento”, en Estudios sobre teoría social: escritos II (Buenos Aires: Amorrortu, 2003 [1946]).

  41. 41 Aspers, Orderly fashion, 35.

  42. 42 Ibid., 166.

  43. 43 Luc Boltanski y Arnaud Esquerre, Enrichment. A critique of commodities (Cambridge/Medford: Polity Press, 2020).

  44. 44 Lorenc Valcarce, “Sociología de los mercados”, 26.

  45. 45 Schutz, “La igualdad y la estructura de sentido”.

  46. 46 Lamont, “Toward a comparative sociology”.

  47. 47 Francisco Osorio, Doris Cooper y Daniel Quiroz, “Observación participante: el caso de Alison Spedding”, Cinta de Moebio. Revista de Epistemología de Ciencias Sociales 6 (1999).

  48. 48 Rosana Guber, El salvaje metropolitano: reconstrucción del conocimiento social en el trabajo de campo (Buenos Aires: Paidós, 2013).

  49. 49 Jennifer Platt, “The development of the ‘Participant Observation’ Method in sociology: Origin, myth and history”, Journal of the History of the Behavioral Sciences 19 (1983).

  50. 50 COLSOL, “Proyecto general: propuesta” (www.colectivosolidario.org 2018).

  51. 51 Secretaría de Economía Social, “Documento de trabajo n.o 15: informe sobre la comercialización solidaria en Argentina” (Buenos Aires: Ministerio de Salud y Desarrollo Social, 2019).

  52. 52 La producción teórica en el campo de la ESS es profusa y su historización aún hoy es un terreno en disputa. Siguiendo a la Red Intercontinental de Promoción de la Economía Social Solidaria (RIPESS) el concepto de “economía social solidaria” comenzó a utilizarse a finales de la década de 1990, momento en el cual la producción teórica acuñó esta expresión para referirse a la variedad de iniciativas económicas comunitarias basadas en la solidaridad. Sin embargo, las raíces de estas prácticas son ancestrales y, por ende, la producción teórica es difícil de rastrear.
    En América Latina, por ejemplo, podemos encontrarnos con referentes como José Luis Coraggio, Pablo Guerra, Luis Razetto, Luiz Inácio Gaiger y Rodolfo Pastore, entre otros. Por su parte, en la actualidad existen más de cuarenta equipos universitarios que trabajan en el ámbito de la economía social a través de diversidad de propuestas que, mediante la oferta académica, programas de intercambio o extensión entablan diálogos singulares con el territorio y los grupos para construir un flujo de conceptos y sentidos que permean ambos mundos.

  53. 53 Valeria Laborda, “¿Cómo impactó la pandemia sobre la experiencia intersubjetiva en la intermediación solidaria del AMBA?”, Revista del Observatorio Social sobre Empresas Recuperadas y Autogestionadas 17 (2021).

  54. 54 Luc Boltanski y Laurent Thévenot, On justification: economies of worth (New Jersey: Princeton University Press, 2006 [1991]).

4. Las críticas de Johann Georg Hamann
al movimiento de Ilustración y a las nociones
kantianas de razón, emancipación
y libertad

The criticisms of Johann Georg Hamann
toward the Enlightenment movement
and Kantian notions of reason,
emancipation, and freedom

As críticas de Johann Georg Hamann
ao movimento da Ilustração e às noções
kantianas de razão, emancipação
e liberdade

David E. Quiroz

Universidad Nacional de Hurlingham

Instituto Teológico FIET

davq14@gmail.com

Recibido: 30 de enero de 2025
Aceptado: 14 de mayo de 2025

Doi:

Resumen

El presente artículo aborda las diferencias del pensamiento de Hamann con las ideas de la Ilustración alemana. Particularmente, mencionaremos las críticas a Kant acerca de la noción de razón pura y especialmente sobre los conceptos de libertad, emancipación y usos de la razón. El propósito es observar la importancia de tales cuestionamientos, considerando que el propio Hamann formó parte del movimiento, pero a la vez logró ser un crítico de su tiempo y de las ideas de sus contemporáneos.

Palabras claves

Razón — Libertad — Racionalidad — Religión — Creencia

Abstract

This article addresses the differences between Hamann’s thought and the ideas of the German Enlightenment. We will particularly mention the criticisms of Kant about the notion of pure reason and especially about the concepts of freedom, emancipation and uses of reason. The purpose is to observe the importance of such questions considering that Hamann himself was part of the movement, but at the same time managed to be a critic of his time and of the ideas of his contemporaries.

Keywords

Reason — Freedom — Rationality — Religion — Belief

Resumo

Este artigo aborda as diferenças entre o pensamento de Hamann e as ideias do Iluminismo alemão. Mencionaremos particularmente as críticas de Kant à noção de razão pura e, especialmente, aos conceitos de liberdade, emancipação e usos da razão. O objetivo é observar a importância de tais questões considerando que o próprio Hamann fez parte do movimento, mas ao mesmo tempo conseguiu ser um crítico de sua época e das ideias de seus contemporâneos.

Palavras-chave

Razão — Liberdade — Racionalidade — Religião — Crença

Introducción

Podemos describir la Ilustración como ese período que se caracteriza por el énfasis en la autonomía de la razón. Esta idea de una razón crítica que se separa de la autoridad de la tradición y de cualquier autoridad externa que no sea reconocida por ella misma es, a la vez, concebida como instrumento para conocer el mundo. Se puede decir que la Ilustración viene a ser una crítica a ciertos aspectos característicos del Medioevo y una búsqueda del pensamiento autónomo. Este concepto de razón está claramente vinculado con la noción de libertad y emancipación.

Una de las características del planteamiento de los pensadores de este movimiento es la idea de colocar todo conocimiento bajo el dominio de la razón. Cabe destacar que había algunas diferencias en cuanto a sus concepciones acerca de la razón. En la Ilustración alemana, surgieron ciertas posturas críticas desde el interior del movimiento que cuestionaban algunas de las ideas fundamentales del pensamiento ilustrado. Uno de los pensadores que sostuvo una postura crítica y opuesta a varias ideas de la Ilustración fue el filósofo Johann Georg Hamann.

El propósito de este trabajo es presentar las críticas de Hamann a la racionalidad moderna en general y a la concepción kantiana de la Ilustración en particular. Se intentará mostrar algunos de los aspectos importantes de tal crítica a fin de observar cuáles son los puntos de discusión entre los dos pensadores nacidos de Königsberg. De esta forma, trataremos de ver los cuestionamientos que Hamann formula en contra del planteamiento de Kant en la respuesta a la pregunta sobre qué es la Ilustración. El énfasis estará sobre las nociones de minoría de edad, libertad y razón que Kant presenta en aquel artículo de la revista Berlinische Monatsschrift de octubre de 1784.

Primeramente, nos referiremos a la noción de racionalidad del pensamiento ilustrado en relación con las críticas que aparecen en Memorabilia socrática, donde Hamann intenta recuperar la filosofía de Sócrates no desde la facultad de la razón, sino desde el sentimiento, la creencia y la fe. Luego, nos centraremos en las críticas al pensamiento kantiano que aparecen en el texto Metacrítica sobre el purismo de la razón, así como también en la Carta a Christian Jacob Kraus. En el primero de ellos,
Hamann cuestiona la noción de “razón pura” y, en el segundo texto, se refiere específicamente al artículo de Kant sobre la Ilustración. Oportunamente mencionaremos, además, algunos artículos de revistas especializadas que puedan ser útiles para el desarrollo de nuestro tema.

La Ilustración alemana, la supremacía
de la razón y las críticas de Hamann

Uno de los factores fundamentales que aparece en el pensamiento de la Ilustración es la autonomía de la razón. Esta noción de autonomía y supremacía de la razón en relación con el acto emancipatorio de pensar por uno mismo fue el foco de las críticas al movimiento ilustrado. El problema se plantea en cómo entender esa libertad de pensamiento en relación con la subordinación como límite de ella. Esta es una problemática que está de fondo en los planteamientos de los pensadores de la Ilustración entre los cuales podemos mencionar a Kant, Mendelssohn, Lessing y el propio Hamann. Está claro que en la propuesta de los ilustrados subyace una relación problemática que se da entre autonomía y subordinación, algo que cada uno comprende y soluciona a su manera.

Como mencionamos anteriormente, entre los críticos de la Ilustración alemana aparece Johann Georg Hamann, quien no solo se presenta como un crítico del movimiento, sino también como un pensador totalmente opuesto a los principales postulados de la Ilustración.

Hamann nació en Königsberg en 1730 y falleció en la ciudad de Münster en 1788. Era un apasionado por la lectura, estudiaba a los clásicos y a sus contemporáneos desde una perspectiva crítica. En la Universidad de Königsberg comenzó sus estudios en Derecho y Teología. Si bien no logró completar ninguna de las dos carreras, adquirió un conocimiento importante que se vio reflejado en sus escritos.

Uno de los hechos importantes de su vida que marcó profundamente su pensamiento fue su experiencia en Londres. Hamann viajó a esta ciudad en 1756 para llevar a cabo un proyecto empresarial que le encomendó su amigo Berens, con quien trabajaba. Allí, ante el fracaso de este proyecto y diversas situaciones problemáticas, tuvo una crisis personal que lo llevó a un replanteo de su vida y a una nueva experiencia de conversión al cristianismo de tradición pietista.

Luego, al volver a la ciudad prusiana comienza una etapa muy importante en su producción intelectual que se suma a sus escritos anteriores. Así, surge en 1759 la obra Memorabilia socratica donde presenta una crítica a la racionalidad. Este texto comienza con dos dedicatorias, una dirigida “Al público o al distinguido Nadie” y la otra “A los Dos”. Esta última es una clara alusión a sus amigos Berens y Kant.1

Es un libro que se refiere a la historia de la filosofía desde el intento de recuperar el espíritu socrático. Johann Hamann realiza un replanteo sobre la filosofía que se opone a la búsqueda de la erudición propia de su tiempo. Para ello, resalta la figura de Sócrates en sus tres secciones y separa a la razón del sentimiento y de la creencia. También, relaciona la
ignorancia socrática con el sentimiento, algo que nada tiene que ver con
la doctrina y señala que nuestra existencia y la del mundo debe ser aceptada como creencia sin pretensión de ningún tipo de demostración racional. De manera que las creencias no pueden ser demostradas puesto que no son obras de la razón y tampoco pueden estar expuestas a los ataques de la racionalidad.

La crítica de Hamann tiene de fondo el empirismo de Hume y el cristianismo luterano en su vertiente pietista. A partir de estas dos corrientes, entiende que la existencia de Dios y el mundo se revelan de manera similar ante los sentidos, desde el texto bíblico y desde la naturaleza. Asimismo, Hamann adhiere al pensamiento de Hume de que no hay manera de presentar pruebas acerca del mundo exterior y la conexión causal que observamos en la uniformidad del mundo. Si bien hay algo inteligible que concebimos como una noción de conexión o necesidad, no podemos explicarlo racionalmente. De igual manera ocurre con los asuntos de fe, donde hay creencias que se encuentran fuera del plano racional y que no necesitan ser demostradas para ser aceptadas.

Allí, lo que Hamann está criticando es la noción de verdad racional propia de su tiempo. Intenta mostrar que, en cuanto al conocimiento del mundo, no necesitamos recurrir a puros razonamiento lógicos y que tampoco podría haber algo así como una religión racional, ya que entiende que la creencia pertenece a un orden diferente al de la racionalidad:
“Lo que uno cree, por ende, no precisa ser demostrado, y una afirmación puede, incluso, estar irrefutablemente comprobada sin por eso ser creída”.2

Con este planteamiento, el pensador prusiano ataca directamente
a uno de los pilares fundamentales de la Ilustración, esto es, la supremacía de la razón. Además, señala la imposibilidad de la razón en la comprensión de las creencias religiosas. Esto lo enfrentó con los intelectuales de su época, a quienes consideraba lejos del modelo socrático. Más adelante, volveremos a las diferencias con sus contemporáneos.

Johann Georg Hamann es alguien que critica la Ilustración desde
adentro y su cuestionamiento radical lo posiciona como enemigo
de aquel movimiento. No solo ataca lo característico del pensamiento ilustrado, sino que también hay una intención de ridiculizar irónicamente aquellos puntos que no comparte. Esto se observa de manera clara
en su análisis a los escritos de Kant. Las críticas al pensamiento kantiano son extremadamente fuertes y aparecen en textos posteriores a Memorabilia socrática que mencionaremos a continuación.

Crítica a la razón pura

El texto que abordaremos ahora es la Metacrítica del purismo de la razón del año 1784. Allí, Hamann presenta una crítica contundente al pensamiento kantiano. No se refiere específicamente a la Ilustración, pero sí apunta a un cuestionamiento de la noción de “razón pura que plantea Kant en su Crítica a la razón, y que es el pilar fundamental del pensamiento de aquel movimiento. Al igual que el otro texto que mencionaremos más adelante, su estilo es muy particular y está lleno de comparaciones peyorativas con una gran carga de ironía

Hamann utiliza el término “purismo” para referirse a la noción kantiana de “razón pura”. En su Crítica a la razón, sostiene que en la historia de la filosofía la razón ha sido sometida a un proceso de purificación.
De tal manera, se refiere a la noción kantiana de razón como aquella que se encuentra en la base de todo objeto y de todo conocimiento que es, a la vez, independiente de todo eso. Esa razón que no requiere ningún concepto empírico o estético ni lógico o discursivo, sino que consiste solamente “… en las condiciones subjetivas mediante las cuales todo, algo y nada pueden ser pensados como objeto, fuente o tipo de conocimiento, que pueden ser dados, y en el mejor de los casos tomados, en una intuición”.3 Aquí, hace alusión a la noción de intuición como forma de conocimiento presentado en la Crítica de la razón pura.

Para Johann Georg Hamann, no es posible separar el conocimiento de las experiencias de la vida del sujeto. Ese proceso de purificación de la razón dio como resultado la noción de razón pura. En la noción kantiana no hay un cuestionamiento ni un examen crítico de la propia razón y de los elementos que hacen posible el conocimiento. Es por esto que, la propuesta kantiana, si bien es de gran importancia, es también insuficiente porque la concibe como absoluta y la independiza de aquello que le posibilita el conocimiento.

La primera purificación fue independizarla de las costumbres, de la tradición y de la fe. Esto es de gran importancia para Hamann, ya que la religión ocupaba un lugar central en su vida y en su pensamiento. La segunda es separarla de la experiencia y de su cotidiana intuición. Pero el purismo que considera más grave es el que concierne al lenguaje, esto es, la independencia del lenguaje. Estas tres independizaciones de la razón son el centro de la crítica de Hamann, porque piensa que Kant dio por hecho aspectos del conocimiento que no explicó y que simplemente simplificó con la idea de una razón absoluta. No obstante, la separación del lenguaje tiene una consideración especial. Canterla explica:

La tarea de delimitar un ámbito del conocimiento separado de la tradición y de la experiencia concreta del sujeto particular, individual, centrado en la vida cotidiana, le parecía imposible, una ficción. Pero, sobre todo, le parecía inviable separar el lenguaje del conocimiento. 4

Esta tercera purificación que ha independizado a la razón del lenguaje es inconcebible para Hamann, ya que hay un vínculo esencial que no permite separarlos, puesto que se encuentran ensamblados. Es como si entendiera que, en ese vínculo esencial, pensamiento y lenguaje son una y la misma cosa. Pero de manera más radical, entiende que no podemos hablar de razón o de la facultad de pensar sin considerar el lenguaje.
De esta forma, se aleja de la noción de lenguaje como instrumento cognitivo y lo concibe como el criterio de la razón. Así lo explica: “El tercer purismo, más alto y, en cierto modo, empírico, concierne también al lenguaje
—el único primer y último Órganon y criterio de la razón— sin más credenciales que la tradición y el uso”.5

Esto quiere decir que, de algún modo, el lenguaje es condición de posibilidad del pensar, es lo que hace posible razonar. Por esto, Johann Georg Hamann sostiene que el lenguaje tiene una prioridad genealógica al funcionamiento de la razón. En este aspecto, hay que reconocer que fue un adelantado en señalar algunas cuestiones sobre la relación entre pensamiento, lenguaje y mundo, así como también sobre ciertos problemas del lenguaje que fueron planteados posteriormente. De este modo, la pretensión de Kant de separar a la razón de las creencias, de la experiencia individual del sujeto y del lenguaje resulta imposible para Hamann.
Para él, la razón no podría estar desvinculada de las experiencias concretas y del lenguaje porque justamente las vivencias son el medio por el cual podemos tener un conocimiento del mundo.

Luego de observar la crítica a la noción de razón pura, nos referiremos específicamente a las críticas de Hamann a la noción kantiana de la Ilustración.

Críticas a la posición kantiana de la Ilustración
en la Carta a Christian Jacob Kraus

En esta carta, también escrita en 1784, Johann Georg Hamann hace referencia a los artículos de Mendelssohn y Kant sobre la Ilustración, que fueron publicados en la revista Berlinische Monatsschrift. Hamann presenta su postura frente a la posición kantiana y cuestiona varias nociones centrales del planteo de Kant. En principio, se refiere a la noción de minoría de edad y a la autoculpabilidad de permanecer en ella. Hamann critica esa idea de ser “autoculpable” por la incapacidad de salir por sus propios medios. Con esto, dirige su ataque a la propia noción de minoría de edad que Kant había definido como esa incapacidad de servirse de su propio entendimiento, sin necesidad de un otro como tutor. Johann Hamann señala que Kant no identifica a ese “otro” y se pregunta quién podría ser ese que sirve de guía a quien permanece en la minoría de edad.

Lo primero que dice Hamann es que la incapacidad no es realmente ninguna culpa y menciona lo siguiente: “… tal como lo reconoce nuestro propio Platón; y únicamente llega a ser una culpa mediante la voluntad y su falta de resolución y valor, o como una consecuencia de culpas fabricadas”.6 Con estas palabras, intenta mostrar el error de Kant al cargar la culpa en quien se encuentra bajo la tutela de “ese otro” que no se anima a nombrar. Ante la pregunta planteada, Johann Hamann señala que ese otro es el correlato necesario de la dependencia de la tutela, y él mismo
es el culpable de tal dependencia. Lo que quiere señalar es que, en esa relación, Kant concibe injustamente como culpable al que está siendo guiado por otro, cuando en realidad la culpa es del propio tutor. Es él, quien en su rol de guía tiene la pretensión de ver con claridad y, por lo tanto, tiene la responsabilidad. Sobre esto, Hamann expresa lo siguiente:

¿Dónde reside, entonces, la “incapacidad” o la “culpa” del falsamente acusado menor de edad? ¿En su propia pereza y cobardía? No, reside en la ceguera de sus tutores, que se hacen pasar por hombres capaces de ver y que, por eso mismo, deben asumir toda la responsabilidad de la culpa.7

El problema que observa Johann Georg Hamann es que sin esta clase de tutores no habría minoría de edad. Por tanto, no solo cargan la culpa a quienes están bajo su guía y no asumen su responsabilidad, sino que además son ellos la causa del problema que señalan, y el propio Kant pertenece a esta clase de tutores. Hamann considera una burla hacer culpables a los que están bajo tutela cuando los verdaderos cobardes son los tutores, que no salen de las comodidades de sus casas y desde allí acusan de cobardía a los menores de edad. Se entiende que esta crítica está dirigida a Kant, puesto que él es quien describe de esta manera el movimiento de la Ilustración. Para Hamann, la cobardía de Kant reside en que habla y
acusa desde esa comodidad que también incluye el respaldo del poder político de turno a quién él mismo responde.

¿Cómo entender entonces aquel ¡sapere aude! a la luz de las críticas de Hamann? ¿Cómo comprender la libertad de pensar por uno mismo?
Es evidente que, desde esta perspectiva crítica, la propuesta de Kant no puede sostenerse. La pretensión de una razón emancipadora y de una libertad para salir de la tutela de otro no es otra cosa que una ilusión encubierta por aquellos que promovieron la iluminación del movimiento. Hamann la compara con una fría e infructuosa luz de luna sin Ilustración para el entendimiento y una ciega iluminación para los que permanecen en la minoría de edad. Su interpretación de la posición kantiana es esta: “… que la verdadera Ilustración consiste en la salida del menor
de edad de una suprema tutela de la cual el tutor es culpable”.8 Aquellos que Kant considera menores de edad y culpables de permanecer en tal situación son en realidad esclavos sometidos a los tutores que son verdaderos explotadores.

Al final de la carta, Johann Hamann menciona los diferentes usos de la razón que Kant presenta en su artículo, es decir, los usos público y privado de la razón que representan dos esferas de nuestra libertad para pensar. Kant sostuvo que en el uso público de la razón uno expresa en primera persona sus propias ideas y tiene plena libertad para hablar en tanto especialista de un área en particular, mientras que, en el uso privado, la libertad se encuentra restringida porque quien se expresa bajo este uso lo hace desde un determinado puesto o cargo civil que se le ha encomendado.

Para Hamann, esta distinción de usos de la razón es cómica porque intenta unificar dos naturalezas: la del menor de edad y la del tutor. Esto presenta una contradicción y es el eje del problema de la tarea política.
El autor crítico de la Ilustración se pregunta: “¿De qué me sirve el ‘vestido de fiesta’ de la libertad, si en casa llevo el atuendo de la esclavitud?”. Así, su pregunta hace alusión a que se otorga la plena libertad en el uso público y a la vez se la restringe en el uso privado. Al primero, lo compara con un suntuoso postre y al segundo, con el pan de cada día. De esta manera, el atuendo de esclavitud es con el que se vive día a día, y solo en ocasiones se puede usar el vestido de fiesta.9 Con estas palabras, nuestro autor intenta mostrar las inconsistencias de una teoría que propone una libertad para pensar solamente en determinadas ocasiones, mientras que la mayoría del tiempo los individuos se encuentran imposibilitados para ejercer tal libertad.

Algunas consideraciones de la crítica
de Johann Hamann

Sin duda, las críticas de Hamann a la concepción kantiana de la Ilustración atacan sus aspectos fundamentales. Al cuestionar la noción de razón, está también atacando las nociones de libertad y emancipación de la razón. Podemos decir que se aparta de la racionalidad ilustrada y se opone a los intelectuales de su época al centrarse más bien en las pasiones y los sentidos.

Indudablemente, la postura de Hamann debe ser entendida desde los propios problemas que subyacen en el discurso del pensamiento ilustrado, es decir, las contradicciones que surgen a partir del problema de cómo entender esa razón liberadora y el propio ejercicio de tal libertad con sus alcances y límites.

A este problema también se había referido Gotthold Lessing, otro importante pensador de la Ilustración, aunque lo hizo desde una perspectiva diferente. Para Lessing, el problema puntual era el de los límites de la libertad de expresión en los pensadores ilustrados. Él pensaba que tal
libertad se reducía solamente a ataques contra la religión, pero que no se atrevían a hablar en contra de la opresión y a favor de los derechos de los súbditos. Está claro que Lessing apunta al problema que surge de la tensión entre la libertad y sus limitaciones en favor de la conservación del orden político y social, en otras palabras, que el libre ejercicio de la razón solo es posible bajo ciertas condiciones y debe ajustarse a la obediencia al Estado.10

Claramente, había aspectos contradictorios en el planteo de la Ilustración y estos pensadores intentan mostrar que esa pretensión de la autonomía de la razón había dejado de lado una dimensión fundamental del hombre que no podía comprenderse desde una razón especulativa.

Retomemos a Hamann. Este pensador sin dudas pudo percibir algo oculto en los principios de la Ilustración. En un interesante artículo sobre la experiencia de Johann Hamann y su pensamiento, encontramos lo siguiente: “Evidentemente, la crítica hamanniana está centrada en las deficiencias, paradojas y contradicciones que el modelo de pensamiento ilustrado esconde…”.11 Estas palabras muestran que Hamann pudo ver los problemas en las ideas sostenidas por sus coetáneos y que los enfrentó intelectualmente. El autor del artículo citado destaca, en las líneas que siguen, que Hamann fue un adelantado en su tiempo que criticó el pensamiento ilustrado en pleno surgimiento y que su crítica es equivalente a la realizada en el siglo xx por Adorno y Horkheimer.

Otro aspecto que se conecta con su crítica es su propia experiencia de vida que, de alguna manera, se reflejó en sus escritos y lo diferenció de los ilustrados. Una distinción fundamental es que el pensamiento de Hamann enfatiza en aquellos aspectos de la experiencia de vida y no en lo abstracto. Su manera de razonar no se quedó en la mera teoría, sino que fue capaz de vislumbrar los propios problemas que surgían de las teorías de sus contemporáneos. Sin duda, era un pensador diferente. Hernández Pérez señala: “Hamann era realmente distinto a todo; complejo y desordenado, sus textos están llenos de alusiones y juegos de palabras, referencias bíblicas, analogías y metáforas; reaccionó al ‘corsé teórico’ que, según él, imponía el pensamiento ilustrado…”.12

Esta cita evidencia las muchas diferencias que separaban a Hamann de
sus compañeros, pues era realmente diferente y no solo en la manera
de pensar. Entre esas distinciones, estaba su concepción de la religión, de las creencias y de la vida religiosa. Cabe señalar que la cuestión de la religión en relación con la racionalidad fue, con seguridad, de gran importancia para él. Su perspectiva sobre la creencia religiosa y su experiencia de vida marcaron su manera de ver la realidad, y esto claramente se reflejó en sus escritos. Es posible pensar que su manera de sobrellevar los momentos de crisis, su modo de concebir la religión y su profundo acercamiento a las Sagradas Escrituras no le permitían aceptar el pensamiento ilustrado que fomentaba una fe racionalizada y dejaba de lado los sentimientos y las pasiones. Johann Hamann no solo señaló los errores de sus contemporáneos, sino que mostró una cosmovisión distinta con un estilo de escritura que también lo separaba de quienes eran foco de sus críticas.

Conclusión

De esta manera, hemos observado las críticas de Johann Georg
Hamann al pensamiento de la Ilustración y, particularmente, a la concepción kantiana. Pudimos ver, en un principio, sus cuestionamientos generales a la racionalidad ilustrada para luego ver puntualmente sus críticas a Kant, a su noción de razón pura y a su planteo en el artículo sobre la Ilustración. Seguidamente, mencionaremos algunas características del pensamiento de Hamann, de su vida y de su planteamiento antiilustrado.

Hay que reconocer la importancia de las críticas de Johann Hamann considerando que fue un pensador a contracorriente de un movimiento de su tiempo del cual formaba parte. Asimismo, al enfrentarse a las posturas de Kant y los ilustrados, no solo mostró los rasgos problemáticos del pensamiento dominante de la época, sino que también sus críticas fueron la base del movimiento del Sturm und Drang, que fue un antecedente del romanticismo alemán.

En efecto, son varias las razones para pensar en la importancia del pensamiento de Hamann, pues fue un crítico del pensamiento hegemónico en su tiempo. Ciertamente, se anticipó de algún modo a los cuestionamientos posteriores acerca de la soberanía de la razón y a la mención de un aspecto de la realidad que se encuentra en un orden diferente al de la racionalidad.13 Además, como mencionamos antes, lo hizo con un estilo de escritura muy particular que lo diferenciaba de los otros intelectuales. Así, cuestionó los postulados de la Ilustración desde una escritura
que también reaccionaba contra sus coetáneos, puesto que no se expresaba como ellos. Su estilo era fiel a lo que él mismo quería señalar y estaba vinculado con su propia experiencia de vida, en la que el sentimiento y las pasiones podían conciliarse con la razón. De este modo, podemos pensar que Hamann aceptaba las limitaciones de la razón, pero que a diferencia de Kant, entendía que el error era absolutizar la razón abstracta y concebirla como única guía del ser humano para la comprensión del mundo. De esta manera, se abre el camino para comprender la realidad desde otra perspectiva que no sea la sola razón analítica, ya que este pensador crítico pudo ver más allá de lo que podían observar sus contemporáneos.

Asimismo, considerar que Hamann era un hombre religioso y con formación teológica nos permite también reflexionar sobre la teología y la creencia religiosa. Mencionamos esto porque dentro del discurso teológico hay aspectos que no pueden explicarse desde la razón y la demostración, por lo cual, se hace necesario creer desde otro ámbito más allá de la racionalidad. Pero esto no es una contradicción, sino algo característico de la creencia religiosa que, aunque no pueda explicarlo todo, no anula nuestra fe como convicción. Cabe mencionar que, sobre este asunto en particular, Gómez Caffarena sostiene que la fe racional en Kant es también convicción.14 Y agrega que esa fe, aunque racional, termina convalidando la más fundamental de las actitudes de la religiosidad sin haber tenido la intención de hacerlo. Para él, la fe racional kantiana no excluye necesariamente la fe revelada o histórica, puesto que lo que da sentido a la religión está relacionado también con elementos históricos.15

No obstante, está claro que Hamann tomó un camino diferente para la comprensión de la fe y la creencia religiosa, pues no parte de la necesidad de postular la existencia de Dios para fundamentar el bien supremo, sino que cree que Dios se revela en las Escrituras, en la naturaleza y en la experiencia del creyente. Además, cuando sostiene que los asuntos de fe no dependen de comprobaciones racionales, no está entendiendo que el fundamento de la religión es parte del nóumeno y que está fuera de los límites del conocimiento. Por el contrario, parece sugerir que la fe no necesita razones para creer, porque justamente se trata de una fe que siempre es “certeza de lo que se espera y convicción de lo que no se ve”.16 Es decir, la fe es la garantía cuando llegamos al límite de la racionalidad. Giorgio Agamben se refiere a este pasaje de la Biblia desde una perspectiva filosófica y señala que el término ὑπόστασις también se refiere al concepto de ser o sustancia. Es así una formulación ontológica.17 De esta manera, no sería solo certeza, sino también una realidad que existe en las cosas esperadas.

En conclusión, podemos afirmar que el pensamiento de Hamann que cuestionó la razón ilustrada y, fundamentalmente, a Kant, nos dirige
hacia aquello que ella misma no puede explicar, pero que a la vez es posible conocer a partir de las situaciones de la vida, debido a que Hamann, desde allí, cuestionó los postulados de la filosofía kantiana. Sus razonamientos estaban arraigados a las experiencias vividas que se encontraban alejadas de los conceptos abstractos planteados por su famoso conciudadano. Así entendió también la religión, aspecto que él mismo experimentó en su vida en su reconversión al cristianismo en aquel viaje mencionado anteriormente.


  1. 1 Cf. J. G. Hamann, Memorabilia socrática/Nubes, trad. por Miguel Alberti y Florencia Sannders (Buenos Aires: Ediciones UNGS, 2018), 15.

  2. 2 Hamann, Memorabilia socrática/Nubes, 77.

  3. 3 J. G. Hamann. “Metacrítica del purismo de la razón, en María Jimena Solé, ¿Qué es ilustración?: el debate en Alemania a finales del siglo xviii (Bernal: Editorial de la Universidad Nacional de Quilmes, 2018), 252.

  4. 4 C. Canterla, “La metacrítica de la razón ilustrada en Hamann”, Daimon Revista Internacional de Filosofía (2008), 340.

  5. 5 Hamann, “Metacrítica”, 253.

  6. 6 J. G. Hamann, “Carta a Christian Jacob Kraus”, en Solé, ¿Qué es Ilustración?, 263.

  7. 7 Ibid., 265.

  8. 8 Ibid., 267.

  9. 9 Ibid.

  10. 10 Cf. Gotthold Ephraim Lessing, “La educación del género humano (1780)”, en Solé, ¿Qué es ilustración?, 111-113.

  11. 11 Abraham Hernández Pérez, “Johann Georg Hamann: un foco de resistencia en épocas de absolutismo de la razón ilustrada”, Logos: Anales del Seminario De Metafísica 51 (Madrid: Ediciones Complutense, 2018), 222.

  12. 12 Hernández Pérez, “Hamann: un foco de resistencia”.

  13. 13 Entre los autores posteriores críticos de Immanuel Kant o que cuestionaron ciertos aspectos de la racionalidad ilustrada, mencionamos a Friedrich Nietzsche, quien critica al filósofo de Königsberg en varios de sus textos. F. Nietzsche, La ciencia jovial, trad. por José Jara (Caracas: Monte Ávila Editores, 1985), §335; Más allá del bien y del mal, trad. por Andrés Sánchez Pascual (Madrid: Alianza Editorial, 1972), 126; El anticristo, trad. por Andrés Sánchez Pascual (Madrid: Alianza Editorial, 1974), 40-41. También, Søren Kierkegaard, su concepción de la fe separada de la lógica y de la razón, y entendida como un acto de la individualidad y como “salto al vacío” en Temor y temblor (Madrid: Editora Nacional, 1975). Otro autor, Ludwig Wittgenstein, en su primera etapa, ubica la religión, la ética y la estética fuera de los límites del lenguaje y de la razón. Es decir que la experiencia religiosa no puede ser puesta en palabras y tampoco puede ser entendida desde la razón, porque forma parte de lo indecible. Esta característica la observamos en
    su primera obra: L. Wittgenstein, Tractatus Lógico-philosophicus (Madrid: Alianza Editorial, 1973) 6.41,6.42, 6.423, 6.432; Conferencia sobre ética (Barcelona: Paidós, 1995), dictada el 17 de noviembre de 1929 en Cambridge y publicada póstumamente en 1965.

  14. 14 José Gómez Caffarena, El teísmo moral de Kant (Madrid: Cristiandad, 1983), 131.

  15. 15 Gómez Caffarena, El teísmo moral de Kant, 230.

  16. 16 Hebreos 11,1, Reina-Valera Revisada 1960. “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”.

  17. 17 Giogio Agamben, Teología y lenguaje, trad. por Matías Raia (Buenos Aires: Las Cuarenta Editorial, 2012), 61.

Texto

Descripción generada automáticamente

Boidi, Rubén José. Remuneración, carrera docente e incentivos en la universidad privada. Una tríada poderosa para alinear preferencias entre la universidad y sus docentes. Buenos Aires: Editorial Consejo Profesional de Ciencias Económicas de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 2022. 214 pp. ISBN 978-987-741-147-8.

El sistema de educación superior en Argentina se divide en dos subsistemas: estatal y de gestión privada, este último en crecimiento. Rubén José Boidi investiga el “capital humano” centrado en la importancia de los docentes para el prestigio institucional. Su estudio examina el impacto de las políticas de remuneración, carrera docente e incentivos en la educación privada, un área con escasa información, buscando resaltar temas inexplorados y ofrecer aportes útiles. Destaca la necesidad de alinear estos elementos con los objetivos estratégicos de las universidades.

Boidi es contador público por la Universidad Nacional del Litoral (Santa Fe, Argentina) y posee un máster en Educación Superior por la Universidad de Palermo. Su experiencia abarca cuatro décadas en administración, asesoría y docencia universitaria, incluyendo roles como gerente financiero en el Sanatorio Adventista del Plata y vicerrector en la Universidad Adventista del Plata. También ha ejercido la docencia
en Ética y Deontología Profesional, formando en valores a futuros profesionales en ciencias económicas.

La universidad es crucial para el desarrollo de los países, ya que brinda experiencias educativas a los estudiantes, ofrece un espacio profesional para docentes e investigadores, forma a los profesionales en diversas áreas económicas y contribuye al crecimiento económico. Además, transmite saberes, valores y experiencias que enriquecen la convivencia social y preservan la cultura. A pesar de la clara relación entre el desarrollo de un país y la calidad de su sistema universitario, en Argentina hay escasez de estudios rigurosos, especialmente sobre las instituciones de gestión privada, lo que se debe a su independencia presupuestaria y al escaso interés del Estado en investigar sus actividades. En este contexto, investigaciones como la de Rubén José Boidi son valiosas, pues iluminan un sector poco explorado y son importantes para la comunidad académica.

El trabajo del magíster Boidi se destaca por su objetivo de investigar no solo el funcionamiento de las universidades privadas, sino también los incentivos detrás de los comportamientos académicos. El libro analiza aspectos claves de la profesión académica, como selección docente, carrera, remuneraciones, evaluación, promociones y cese de trabajadores, y amplía el enfoque sobre las remuneraciones más allá del aspecto monetario. Además, examina el marco jurídico y el proceso de sindicalización, que impactan significativamente en la labor docente. Este texto no cierra el estudio de la academia en universidades privadas en Argentina, sino que ilumina temas poco explorados y abre nuevas líneas de investigación.
En un contexto de cambios tecnológicos y globalización, su aporte es valioso para quienes se interesan por la educación superior universitaria.

La obra comienza explorando la profesión académica en Argentina, centrándose en la estructura ocupacional de los docentes, que se define por cargos, categoría, dedicación horaria y tipo de contrato, lo que refleja la operatoria universitaria y las decisiones de los actores académicos. Aunque se enfoca en los docentes de universidades privadas, también considera el ámbito público (cap. 2). Posteriormente, el autor aborda tres temas centrales: (a) la remuneración y los sistemas de determinación salarial (cap. 3), (b) los sistemas de incentivos laborales en la educación superior privada (cap. 4) y (c) el Régimen de Carrera Docente como sistema de incentivo (cap. 5). Se enfatiza la relevancia de la carrera docente dentro del sistema de recompensas de la universidad como un mecanismo para alinear intereses. Finalmente, se analiza la interacción de remuneración, carrera académica e incentivos docentes, destacando su función como herramienta poderosa para la alta dirección universitaria (cap. 6) con un enfoque principal en las universidades privadas. Este capítulo sintetiza las ideas previas y establece comparaciones con las universidades públicas.

En el capítulo 7, se analizan los salarios docentes mediante estudios comparativos, utilizando estadísticas del proyecto The Changing Academic
Profession (CAP) que reflejan la situación en Argentina. Esto proporciona datos relevantes y plantea desafíos en el contexto de las universidades privadas. En el capítulo 8, se examinan aspectos económicos y legales del vínculo entre docentes y universidades privadas, resaltando sus características únicas en el sistema de educación superior. Se identifican similitudes y diferencias claves entre universidades nacionales y privadas. En el capítulo 9, se presenta un estudio de caso de una universidad privada, que aporta datos estadísticos y análisis sobre la motivación intrínseca y extrínseca de los docentes, destacando la diversidad de opiniones generacionales. Finalmente, el capítulo 10 ofrece propuestas y desafíos para las universidades privadas en Argentina, que buscan contribuir al sistema universitario y a la toma de decisiones. Se incluyen anexos que cruzan datos sobre subvenciones y la relación laboral de los docentes en universidades estadounidenses y privadas.

Las universidades privadas en Argentina tienen condiciones favorables para alcanzar la excelencia académica gracias a su flexibilidad política y administrativa, respaldada por la autonomía universitaria y la Ley de Contratos de Trabajo, que protege los derechos de los trabajadores. Esta flexibilidad les permite recibir donaciones y subvenciones, lo que facilita el desarrollo de infraestructura moderna, la oferta de becas y la implementación de incentivos para docentes, alineados con su misión y sus valores. Al no estar sujetas a un convenio colectivo, pueden establecer sistemas de recompensas basados en el mérito y los resultados, lo que favorece la excelencia académica y el prestigio institucional. No obstante, los docentes ordinarios son considerados trabajadores dependientes bajo la legislación laboral, lo que implica que tienen derecho a beneficios laborales y no se puede remunerarlos como autónomos. Así, el pago de honorarios profesionales a estos docentes no es una práctica válida dentro del marco regulador vigente.

La investigación revela un sesgo negativo en el ámbito de las universidades privadas, debido a la escasez de información sobre la estructura ocupacional de los docentes, lo que limita el estudio en el sector. Las definiciones de dedicación docente en el régimen de carrera de la universidad analizada no coinciden con los parámetros de las universidades nacionales y la información requerida por la CONEAU. Se sugiere la necesidad de establecer criterios homogéneos para recopilar y procesar datos estadísticos sobre docentes privados, lo que permitiría su publicación en el Anuario de estadísticas universitarias de Argentina. Además, se observan diferencias generacionales entre los docentes: las nuevas generaciones valoran más la extensión y el servicio social, luego vienen la investigación y la enseñanza, mientras que las generaciones mayores se enfocan principalmente en la enseñanza. Esto plantea un desafío para las universidades, que deben considerar estas diferencias al diseñar incentivos y sistemas de recompensa para retener y motivar a sus docentes.

El “cuadro 19” del libro (p. 146) destaca la importancia de la interrelación entre la planificación estratégica, el Régimen de Carrera Docente, la remuneración y los incentivos en universidades privadas. Se enfatiza que debe existir un alineamiento entre los objetivos estratégicos institucionales y las políticas públicas, lo cual es esencial para la gestión educativa. También se subraya que el sistema de incentivos debe coincidir con los criterios de evaluación del régimen docente y que la remuneración debe considerar el mérito y los resultados obtenidos. La efectividad de estos componentes influye en la capacidad de la universidad para reclutar, retener y motivar a sus docentes, lo que presenta el desafío de integrarlos de manera coherente con los valores de la institución.

A todos aquellos interesados en la docencia universitaria, y de modo especial en los aspectos administrativos y remunerativos de la profesión, recomendamos fervientemente la lectura de esta muy valiosa obra que el magíster Rubén José Boidi pone a disposición del lector como producto conjunto de sus profundas investigaciones sobre el tema y, lo que es más importante aún, su rica y extensa experiencia práctica en el área.

Fernando Aranda Fraga

Texto, Carta

Descripción generada automáticamente

Ramos, Oscar A. Universidad emprendedora e ideologías. Estudio de caso de la carrera de Medicina de la Universidad Adventista del Plata. Buenos Aires: Recursos Editoriales, 2021. 429 pp. ISBN 978-987-3997-05-1.

El estudio destaca la importancia de la autoevaluación universitaria y examina la creación de una facultad de Medicina sin una estructura docente previa, lo que presenta un caso único de una universidad confesional. Emplea el marco teórico de Burton Clark sobre universidades emprendedoras. Esto enriquece el análisis y lo convierte en un trabajo sin precedentes en el país. El autor utiliza diversas fuentes documentales y testimoniales. Transforma su conocimiento en una herramienta metodológica que permite una investigación profunda, que refleja la experiencia y las emociones de los protagonistas y ofrece una perspectiva sobre las complejidades del mundo actual.

Oscar Ramos, quien ocupara varios cargos en la Universidad Adventista del Plata (administrador de la carrera de Medicina, secretario académico de facultad, vicerrector académico y rector de la Universidad durante el período 2005-2016), analiza cómo los valores ético-religiosos de
la comunidad adventista se integraron en la creación de una carrera
de Medicina que refleja su cosmovisión cristiana. La preocupación por una vida saludable se combina con la racionalización de la necesidad de establecer una nueva institución que vinculara la formación en Medicina con otros valores culturales y espirituales. La ideología adventista se convierte en el fundamento del desarrollo de una institución capaz de generar conocimiento y formar profesionales alineados con sus creencias, lo que impacta en el ámbito institucional y en sus participantes. Ramos también destaca que la religión es dinámica y puede modernizarse al adaptarse a las circunstancias contemporáneas, en contraste con la idea de desencantamiento del mundo propuesta por Max Weber. En el contexto de la carrera de Medicina adventista en Argentina, la religión y la herencia cultural se entrelazan con motivaciones educativas y administrativas en un proceso de cambio que mantiene su conexión espiritual sin perder el interés por lo sagrado en la vida cotidiana.

Ramos profundiza en la interacción entre ideas y lógica institucional, desafiando la tendencia a ver las ideas como meros instrumentos para cumplir objetivos. En lugar de ello, sugiere que las ideas facilitan la acción transformadora y que las instituciones, lejos de ser limitaciones, son estructuras moldeadas tanto por las acciones de los agentes como por sus propias normativas y discursos. Este enfoque permite examinar cómo emergen y se reformulan las ideas al enfrentar desafíos de viabilidad económica, administrativa y política. Destaca la capacidad de los fundadores de la comunidad educativa adventista para recuperar su memoria institucional y utilizar una narrativa discursiva que legitima sus acciones y propuestas, a la vez que mantiene comunicación tanto interna como externa.

El autor, comprometido con el proyecto institucional y sus protagonistas, accedió a una amplia variedad de fuentes documentales y testimoniales. Utiliza su conocimiento sobre educación superior de manera metódica, y permite que emerjan experiencias, saberes y emociones de los involucrados. Esto hace que se ofrezca una visión profunda del complejo y contradictorio mundo contemporáneo en el que vivimos.

La investigación fue realizada en el marco de una tesis doctoral en el área de la educación superior en la Universidad de Palermo, Argentina, partiendo de dos objetivos fundamentales: (a) que lo investigado resultara útil para poner en marcha proyectos académicos semejantes para el sistema de educación superior adventista y demás proyectos universitarios, y (b) que fuera de utilidad en el dictado de clases universitarias en cuanto al abordaje del estudio de casos como método de aprendizaje en el análisis de instituciones de educación superior.

El autor investiga cómo se armonizan la ideología y la sustentabilidad en un proyecto académico, específicamente en la carrera de Medicina de la Universidad Adventista del Plata en Argentina, establecida entre 1991 y 2010. Se plantea si estos proyectos pueden cumplir con los estándares de calidad exigidos por las agencias acreditadoras. Utilizando un estudio de caso y el marco teórico de Burton Clark sobre “universidades emprendedoras”, el objetivo no es reconstruir la historia completa, sino abordar aspectos claves de la génesis y la gestión del proyecto, centrándose en la influencia de su ideología religiosa y en cómo ha logrado consolidarse como un programa académico de calidad y sustentable.

La obra se estructura en nueve capítulos, una introducción, una conclusión, bibliografía y varios anexos documentales, de los cuales el último incluye fotos de la época descripta en la obra. A continuación, comentamos sobre lo tratado en cada capítulo.

El capítulo 1, “Aprendiendo de la experiencia propia”, se centra en el
desarrollo teórico y conceptual del estudio. Presenta los objetivos y
el marco teórico basado en las contribuciones de Burton Clark al institucionalismo, así como las metodologías empleadas en la investigación, destacando sus fortalezas y limitaciones. El capítulo 2, “Historia y antecedentes”, explora las raíces históricas de la comunidad adventista en Argentina y su relación con la educación y la salud, especialmente a través de la fundación de las instituciones Universidad Adventista del Plata y Sanatorio Adventista del Plata. Además, ofrece un panorama de la educación médica de la Iglesia adventista a nivel internacional y el contexto de la educación médica en Argentina, detallando el proceso que condujo al establecimiento de la carrera de Medicina en la Universidad Adventista del Plata en 1994, identificando a los actores clave y sus roles en este proyecto.

El capítulo 3, titulado “Ideología, cosmovisión y ethos institucional”, explora la ideología y la filosofía educativa que fundamentan el proyecto de la carrera de Medicina. Analiza su base en la teología, la antropología y el ethos médico adventista. Este análisis revela la influencia de la cosmovisión cristiana en la formación del perfil del graduado, guiado por el lema “Excelencia y servicio en Cristo”. El capítulo 4, “Estructura de gestión en el tiempo”, describe las estrategias y etapas de gestión del proyecto desde 1991 hasta 2010, que culmina con la obtención de la máxima acreditación por parte de la CONEAU, lo que refleja la madurez alcanzada por el programa.

El capítulo 5, titulado “Fuentes de financiamiento e infraestructura”, examina las estrategias de financiamiento del proyecto de la carrera de Medicina. Se enfatiza el papel de la matrícula y los aranceles, así como la exploración de diversas fuentes de financiación. Esto permitió asegurar una base sólida de fondos para el desarrollo de la carrera. Además, se detalla el crecimiento de la infraestructura específica, que ha sido reconocida como un modelo en la educación médica de Argentina y en la red adventista global.

El capítulo 6, “Docencia, investigación, extensión e internacionalización”, analiza en profundidad las funciones esenciales de la educación superior: docencia, investigación y extensión. Se presentan las acciones de distintos agentes involucrados en el desarrollo de estas áreas y se destaca la significativa internacionalización del programa, que ha contribuido a una mayor diversidad en la matrícula de estudiantes.

El capítulo 7, titulado “CONEAU y Asociación de Acreditación Adventista”, destaca el papel crucial de los agentes que coordinan los sistemas de educación superior en los que se inserta el programa de Medicina, tanto en Argentina como en el ámbito internacional de la Iglesia adventista. Esta doble afiliación se considera una característica única del programa, lo que lo convierte en un interesante objeto de investigación. Además, se propone una modificación al triángulo de coordinación tradicional de Clark, basado en estas particularidades.

El capítulo 8, titulado “Hechos posteriores al período de la investigación”, presenta una actualización sobre el programa de medicina adventista en Argentina, siete años después de su consolidación. Se analizan los cambios institucionales que han ocurrido y se verifican su sostenibilidad y su impacto en la transformación de la carrera. Finalmente, el capítulo “Conclusiones”, ofrece un análisis del caso de estudio en el contexto teórico de Clark, al revisar los hallazgos claves y su relación con los objetivos iniciales de la investigación.

La creación de la carrera de Medicina en la Universidad Adventista del Plata convirtió a la Facultad de Ciencias de la Salud en la principal unidad académica de la Universidad. En 1993, la facultad contaba con poco más de 40 alumnos en Enfermería, pero para 2010, la matrícula superaba los 1000 estudiantes en cuatro carreras, lo que representaba cerca del 50 % de la matrícula total. Este crecimiento transformó el perfil de la facultad y de la Universidad, que ahora es reconocida como especializada en ciencias de la salud. Actualmente, más de 600 alumnos de Medicina, provenientes de más de 40 países, destacan por su compromiso social y misional, lo que convierte a esta carrera en el motor de la Institución gracias a su innovación, solidez económica, excelencia académica y servicio a la comunidad.

El proyecto de la carrera de Medicina en la UAP es un ejemplo de gestión emprendedora que ha transformado significativamente a la Universidad, y se alinea con los postulados de Clark. La investigación ha confirmado la relevancia de sus aportes. Se destaca la influencia de la normativa estatal en Argentina y la importancia de la cosmovisión adventista. Esta ideología bíblica fundamenta y sostiene el proyecto desde su inicio hasta su sostenibilidad, y abarca tanto aspectos curriculares como extracurriculares, lo que es esencial para comprender la formación de médicos dentro de este contexto académico.

La investigación revela el caso destacado de una ideología fuerte que va más allá de la propuesta de Clark sobre creencias y cultura institucional. Esta ideología, junto con el ethos de la Institución en la formación de médicos, ofrece rasgos valiosos para otras carreras médicas confesionales, especialmente para las más de cien universidades adventistas que carecen de esta oferta. La confesionalidad del proyecto de Medicina insufla un sentido de trascendencia en la experiencia de los participantes con el objetivo de que la carrera sea reconocida por su excelencia y su compromiso con el servicio al prójimo.

La lectura de este valioso libro es muy recomendable no solo para quienes aprecian conocer el desarrollo histórico de las universidades, sino también las vicisitudes por las que fueron transitando sus procesos académicos, tanto en su génesis como en su gestión posterior y consolidación de tales procesos.

Fernando Aranda Fraga